Julián Cárdenas Correa
Columnista
El mundo se ha forjado y formado a punta de trabajo duro, de esfuerzo y de creatividad. En ese sentido recuerdo que hace unos quince años un comercial de un banco que apoyaba fundaciones que promovían la educación y que se transmitía en canales internacionales decía algo como esto: “¿Sabes qué está haciendo la persona que encontrará la cura contra el cáncer en este momento? Estudiando”.
La frase del comercial encierra un mensaje adicional y es el de que la investigación y la creatividad generan promesas de mejor futuro. El esfuerzo de unos pocos traerá muchísimos beneficios para millones de personas y así ha sido a través de siglos, principalmente en los últimos dos que vieron el surgimiento y el avance del capitalismo. Más allá de las críticas justificadas a este sistema económico, esa es una verdad innegable.
Ahora bien, debemos reconocer que, en las últimas dos décadas, el progresismo se ha ido abriendo camino en muchos países y se fue desplazando a esa derecha cerrada, a veces ignorante, clasista, ajena a la justicia social que fue agotando al electorado en muchos países.
El progresismo, izquierda o socialismo, como se le quiera llamar también ha ido cruzando unas líneas que cada vez van desgastándola más y es esa obsesión por revisarlo todo, principalmente el pasado.
Juzgar de patriarcado practicas culturales de hace siglos, o juzgar como machistas a autores de hace quinientos años, sin el contexto que demanda la historia de esas épocas va pasando factura. Y ni qué decir de la también obsesión con el lenguaje inclusivo y otros temas que, también por mucha razón que asista en la exigencia, está dejando de lado algo más importante que todo eso: Vender esperanza. Y la esperanza no puede “venderse” con discursos vacuos, la esperanza se ofrece con hechos concretos que nos permitan, no sólo inspirarnos, sino convencernos de que se puede obtener un futuro mejor.
Se le atribuye a Sócrates esta frase: “El secreto del cambio es centrar toda tu energía, no en luchar contra lo viejo, sino en construir lo nuevo”. Construir lo nuevo definitivamente marca la diferencia entre unos tipos de personas y otras (Aunque estemos agotados de las categorías de “tipos de personas”). Los que pretenden corregir el pasado explotador de hace siglos, pero no proponen nada nuevo, creo que se equivocan; al igual que quienes reclaman con odio y vehemencia a la sociedad en su conjunto “bienestar” sin habérselo ganado.
Me temo que, como lo dijo Unamuno: “los hombres buscan la paz en tiempo de guerra, y la guerra en tiempo de paz; buscan la libertad bajo la tiranía y buscan la tiranía bajo la libertad”. Y citar a este filósofo español, después de la enorme derrota que sufrió Podemos en España el fin de semana pasado, es pertinente… El PP y Vox ganan mucha presencia en ese país. ¿Empezaremos a buscar la tiranía en tiempos de libertad? De la izquierda y el progresismo está el que tomen el camino del consenso, de la sabiduría, del bienestar de todos, del progreso.
O, el progresismo hace lo del joven, se pone a estudiar, a crear, a innovar y materializa la esperanza; o sigue en su revisionismo de todo. Si elige esto último difícilmente podremos llegar a sentir que el camino es ese y los electores pasarán factura.

