Víctor Zuluaga Gómez
Columnista
Los desarrollos que se han producido en el campo de la comunicación, por sí solos no garantizan una eficacia en cuanto a logros positivos para un colectivo. Esto quiere decir que es necesario dar una amplia información en lo que tiene que ver con la tecnología, pero también, debe hacerse un análisis de las fuentes que se utilizan para la circulación de cierta información. Sin duda, tenemos que aceptar que poco a poco la lectura de archivos, de libros y otros medios orales y escritos se han ido reemplazando por un torrente de información que circula por medio del Twitter, muchas veces con grandes deformaciones.
Y frente a este fenómeno que nos ha llevado a una enorme desinformación, muchas veces con unos propósitos políticos, no podemos asumir la posición de abandonar estos medios de información sino, por el contrario, dar las herramientas necesarias para que se puedan utilizar de una manera correcta, es decir, tomando todas las precauciones para, insisto, revisar las fuentes que se utilizan.
La realidad es mucho más compleja que la que se puede describir por medio de una afirmación en Twitter. Por ejemplo, se dice que América Latina va rumbo a convertirse en una Venezuela y lo que vemos en Chile, es diferente, lo observado en el Perú, es distinto, los fenómenos políticos de Ecuador nos muestran una realidad también distinta y Colombia, ha ido tomando unos rumbos que nada tienen que ver con sus vecinos. El miedo, herramienta política, sigue haciendo su tarea, mientras no enfrentemos con seriedad nuestra realidad, que es bien diferente a la de otros países vecinos.
Por todo lo anterior, Humberto Eco ha planteado, con mucha razón, una descripción del Twitter, que bien vale la pena tener en cuenta:
“Twitter es como el bar Sport de cualquier pueblo o suburbio. Habla el tonto del pueblo, el pequeño terrateniente que cree que le persigue Hacienda, el médico amargado porque no le han dado la cátedra de anatomía comparada en la gran universidad, el que está de paso y se ha tomado ya muchas copitas de grapa, el camionero que habla de prostitutas fabulosas en la vía de circunvalación, y (a veces) el que expone opiniones sensatas. Sin embargo, todo se acaba aquí́, las charlas de bar nunca han cambiado la política internacional y solo preocupaban al fascismo, que prohibía hacer discursos de alta estrategia en el bar.”

