Gilberto Trujillo
Columnista
Las redes sociales están “encantadas” con los resultados de la elección pasada en que el Ingeniero superó a Fico, pero vamos con mañita. Es cierto: el fenómeno ha sido tremendo y es el peor escenario para Petro sobre todo si evaluamos a sus vicepresidentas. No hay punto de comparación. Adicionalmente, todo estaba fríamente calculado para argumentar un fraude y el edificio se cayó. Las grandes perdedoras siguen siendo las encuestadoras: no les han pegado a nada. Las opciones son minúsculas. El mejor candidato -Juan Carlos Echeverry- salió por la puerta de atrás, pero dijo algo cierto: “Mejor un Ingeniero que un Guerrillero” Y, al igual que nos pasó con Uribe, vamos a tener que estar atentos a sus hijitos. No es el padre sino a estos a los que el poder les nubla el cerebro. Claro que, al final, no pasará nada. Y si Petro gana, pues nos vamos a tener que acomodar a su propio equipo de corruptos, empezando con el famoso Bolívar que está metido en un enredo de varios miles de millones y aspira a recuperarlos. Todos, todos van detrás del billonario presupuesto de la Nación. El ansia de poder es paralela al del dinero. La una no tiene sentido sin el otro. La norma que no se cumple -la más cierta- es: “Si te comparas con los demás te volverás vano y amargado pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú” (Desiderata) Obvio que las pequeñas no tienen cabida cuando desde la Capital se habla de miles de millones en cada negocio y una cifra tan insignificante somo son cien millones -costo de una vivienda de interés prioritario- es desechable. El discurso del Ingeniero tiene sentido, pero es que habla más de lo necesario y sus asesores deberán controlarle ese aspecto. Lo de Petro es lo mismo: habla mucha paja y no concreta las ideas. Mucho tilín tilín, y nada de paletas. Grave, muy grave la decisión.
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Feliz fin de semana.

