Hace poco cité este libro en otra columna y en otro contexto: Teorías Cínicas, de Helen Pluckrose y James Lindsay.
Este es un libro absolutamente necesario de leer para poder entender a lo que nos enfrentamos cuando nos topamos con las posiciones de radicales que defienden desde el postmodernismo, las teorías queer, poscolonial, crítica de la raza e interseccionalidad, feminismo extremo y estudios de género y la llamada Justicia Social (diferente a la justicia social que todos conocemos) que los recoge y reúne.
El libro no se queda sólo en el desmonte paso a paso de cada una de estas teorías, sino que nos brinda, desde el liberalismo, herramientas y argumentos absolutamente suficientes para rebatirlas.
Un excelente y necesario libro.
Ahora bien, retomar el libro de Pluckrose y Lindsay lo vi conveniente porque al margen de las críticas que de manera poco profunda y casi reaccionaria nos arranquen comentarios e intervenciones como los de la congresista Susana Boreal cuando, la semana pasada en una intervención, afirmó que, para ella, “obligar a un niño a asistir al colegio es una forma de violencia y adoctrinamiento”.
Insisto, esa intervención es apenas obvio que a la mayoría de colombianos, y creería que a cualquier persona en el mundo, con un grado mínimo de sensatez, nos genere rechazo. Pero hay un trasfondo que el libro de Teorías Cínicas pone de manifiesto, una verdad de la que no hablamos nunca: Este tipo de opiniones, de intervenciones, de manifestaciones, terminan siendo “un reflejo directo de la disminución radical del número de injusticias sociales”.
Termina siendo bastante infortunado que de manera simplista caigamos en el error de generalizar expresiones y opiniones del tipo “hay mucha desigualdad”, “las cosas no están bien”, “hay demasiada pobreza”, entre otras que nos son cotidianas. Y digo error porque efectivamente la mejora en el nivel de vida de todos los colombianos es absolutamente innegable y cualquier estadística demográfica, económica o social nos permite afirmarlo. Pareciera que, dados los avances, se necesitara inventar y crear nuevos problemas, nuevas disputas.
Ahora bien. Lo lamentable del contexto es que, contrario a pretender seguir progresando, seguir mejorando, elevando nuestros estándares de vida, un grupúsculo de personas como Susana Boreal y la mayoría del partido Pacto Histórico, se han dedicado a atacar realidades que, en ningún contexto obvio, sensato, lógico, deberían serlo. Y eso pasa por el sistema de salud, el reconocimiento de terroristas del pasado como líderes admirables, y ahora por el hecho de simplemente enviar los hijos a estudiar. Y así, un reguero de situaciones que resultan inverosímiles, pero que tienen detrás unos intelectuales decididos a dar sustento discursivo a tales “principios”.
No es un tema menor, así la mayoría de nosotros no identifique esos patrones.
Nota positiva: En el cierre del Pereira Music Fest, su director artístico, Carlos Andrés Mejía, lanzo esta frase que debería retumbar en todos nosotros: “Además del obvio crecimiento demográfico de Pereira, su desarrollo en infraestructura, en economía, etc; Pereira también necesita crecer en espíritu” Y vaya si este espectacular festival, a cargo de Mejía, contribuyó a ello, con el decidido apoyo de la Cámara de Comercio de Pereira. Nuestra cultura es mucho más que lo que muchos de manera anecdótica o irónica relacionan con “el chupe”. Elevar el espíritu implica sacar lo mejor de nosotros, lo sublime… y con ello combatiremos también mucho de lo expuesto arriba.

