Víctor Zuluaga Gómez
Podríamos decir que es una paradoja, el hecho de que la humanidad haya logrado tantos desarrollos científicos, tecnológicos en el campo de la agronomía, electricidad, medicina y otros, pero al mismo tiempo una incapacidad de establecer unas relaciones de tolerancia y respecto, a nivel nacional e internacional, tal como lo muestran las cifras.
En el caso de Ucrania, según las cifras que da a conocer su presidente Volodymyr Zelenskiy, el número de ucranianos muertos en el campo de batalla como resultado de la guerra del país con Rusia, se estima en 55.000. ¿Cuántos son los palestinos y, desde luego, los israelíes que han muerto en los campos de batalla en la confrontación que por tantos años los tienen enfrentados? De acuerdo con el Ministerio de Sanidad palestino, la cifra es de 70.373, en la Franja de Gaza, desde el 7 de octubre de 2023.
Y para no ir tan lejos, tenemos el caso de Risaralda, que tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo, de acuerdo con el informe que presenta Víctor Quinchía en El Diario del Otún, el 24 de febrero.
Para completar, según el Ministerio de Educación, en Colombia, aproximadamente 473.000 estudiantes han abandonado sus estudios entre finales de 2022 y mediados de 2023. Las principales causas, son económicas, de bajo rendimiento y barreras de acceso.
Todo lo anterior nos lleva a pensar que es necesario un vuelco significativo en lo que tiene que ver con la educación a nivel planetario, tal como lo sostiene Edgar Morin, cuando afirma:
“La educación del futuro deberá ser una enseñanza, primero universal centrada en la condición humana. Estamos en la era planetaria; una aventura común se apodera de los humanos donde quiera que estén. Estos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo cuando es humano.”
Infortunadamente vemos cómo las guerras y los enfrentamientos políticos, por todo el planeta, constituyen el pan de cada día. Y quienes se encuentran militando en posiciones políticas extremas, levantan las banderas de la confrontación, de la desaparición de quienes piensan diferente a ellos. De allí que algunos políticos opten por tener como insignia, figuras de animales que se caracterizan por su agresividad, por ser violentos.
Por todo ello pienso que en el momento de elegir nuestros representantes, el concepto de respeto al diferente debe ser fundamental.

