“Una ideología intrínsecamente perversa”

Padre Pacho

Columnista

El modelo socialista reafirma su sistema económico en el control de los bienes de producción y su distribución por el Estado como única instancia colectiva y válida en la sociedad. Surge en la revolución industrial, donde la propiedad privada y la acumulación, eran considerados como los grandes males sociales. Las bases filosóficas de este modelo fueron dadas por Engels y Marx, quienes aseguraban que, solo el proletariado por medio del Estado, sería el único que daría solución a aquella lucha permanente de clases.

Este modelo fracasado viene siendo aplicado en América latina con una filosofía basada en un reforzamiento radical del poder estatal, permeando la educación y la cultura, con propuestas populistas y demagógicas, inspiradas en el elemento humanista.

Se tiene claro que, para acceder a estos sistemas democráticos solo es posible a través de las urnas, con propuestas como la ayuda a los pobres, destruyendo a los ricos, una prosperidad que se logra debilitando el ahorro y la inversión, eliminando las iniciativas e independencia de las personas, lo que les forjará su carácter, creando subsidios, llevando al pueblo no solo a depender, sino a terminar siendo, sanguijuelas del Estado.

Toda una agenda, que viene cumpliéndose en quienes caen bajo este sistema: la creación de una guardia militar, el sometimiento a un solo poder de la rama  legislativa y judicial, la modificación de la constituciones para manejar a discreción el dinero del presupuesto, el fortalecimiento de la equidad de género, una desmitificación de las religiones introduciendo elementos que confundan con grupos esotéricos, control de medios para impulsar el culto al líder, una agenda progresista y relativa en los valores tradicionales, la reforma de la educación para la igualdad, la expansión de un ejército de gente leal al partido por medio de apoyos, dadivas y cupones.

Todo esto lo logran con la manipulación de las redes sociales, con partidos satélites de apoyo, con una bandera “los pobres” y su lucha por la corrupción; con un mapeo de los empresarios para irlos marginando, y así poder tomar el control de bancos y divisas, para aplicar las expropiaciones masivas.

  Churchill solía decir: “No odio a los comunistas por su tonto sistema económico y su absurda doctrina de la igualdad imposible; los odios por el terrorismo sangriento y devastador que practican en cada tierra que arruinan, solo mediante el cual su régimen criminal puede mantenerse.

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