UNA LÁSTIMA

Reconociendo, sincera e imperativamente, sentirse bajo la influencia de la época, del momento, discurrimos a través de un calendario pletórico de circunstancias, de acontecimientos, dentro de los cuales aparecen como figuras, sombras, movimientos fantasmagóricos, ilusiones, eventos de la magnitud, el sobresalto, compaginados con méritos olvidados o desechados, cualidades innatas mutiladas o recortadas, todas llenas de nostalgia, descortesía, indiferencia. Luces, cánticos, reuniones, festejos, toda una serie de sucesos involucrados en una conmiseración temporal, desapercibidos,  a manera de un llamado de atención, de recapacitar acerca de actuaciones, de hábitos saturados de remordimientos, mea culpas incitando a las excusas, al perdón, dispensando por doquier, aceptando talentos, eficacias, en otrora ignoradas, desconocidas. Es entonces el resurgimiento de la cadena de comportamientos apenas explicable, en razón a la llegada de la memorable, curtida fecha de aconteceres plasmados en risas, abrazos, mensajes de expresivas manifestaciones, invitando a la paz, a la concordia. Este es un cuadro matizado de  historia común y corriente en el devenir del ser humano, en el conducirse de culturas milenarias o actuales, donde lo consuetudinario, el obrar ancestral, ocupan un lugar privilegiado, dando paso a la cordura, a la comprensión inusual, a la cordialidad espontánea, franca, atendible, entendible. Toques de aquellas renombradas, únicas ocasiones destinadas a tomar decisiones supuestamente equivocas e inconcebibles, inadvertidos, pero definitivamente leales, consecuentes a un proceder o estar del género.  Es, son exactamente las respuestas a un pregunta respecto del porqué de un hacer en tal sentido. Verbi gracia, congratulándose ante el Supremo  en virtud de los favores recibidos, asumiendo conducta determinante en cuanto a no tener de modelo esa costumbre, ni el  normal desenvolvimiento del autor; la condescendencia, el fervor, la capacidad de la indulgencia, del desapego, a la voluntad dirigida solo, exclusivamente a realizar actos de bondad, de caridad insospechables, siendo en general un dechado de distinciones, de determinaciones impregnadas de buenos, sanos propósitos. En esencia, un universo inusitado, un ambiente prefabricado, institucionalizado en aras de convertirse en el medio, en el adalid, el ejemplo a seguir. Y así, pasado el fantástico e increíble periodo de la existencia, todo retorna a la rutina, a la similar forma de convivir, arribándose a la conclusión de constituir  lástima la ocurrencia de unas festividades las causantes de un efímero cambio en el estilo de intervenir, de pensar. Triste el trasegar de nosotros, impulsados en el imaginario, masificados, consumistas, presionados en el alma, en el cuerpo, llevados de la mano, manejados, enajenados.

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