Víctor Zuluaga Gómez
Mario Alonso Puig, un médico, miembro de la Asociación Americana de para el Avance de la Ciencia, insiste en la necesidad de darle importancia al silencio interior, el manejo del estrés y del amor, como un gran movilizador social.
En un mundo en donde las comunicaciones han logrado convertir el Planeta tierra en un espacio cercano para todos los que lo habitamos, resulta paradójico que lejos de propiciar una cercanía, lo que estamos presenciando es un cada vez mayor enfrentamiento y con ello la imposibilidad de una convivencia armónica en donde la solidaridad sea un objetivo fundamental.
Se podría decir que los odios y motivos para hacer desaparecer a quienes piensen diferente, es un fenómeno que apenas está haciendo su aparición, pero buenos es recordar que hubo un pasado en el cual se llamaba de una manera abierta a enfrenar y desaparecer a quienes no pensaban como nosotros.
Recordemos, de acuerdo con la noticia aparecida en febrero del año 1949, en la revista Semana, cómo los católicos salieron a la calle cuando en Rusia fue llamado a juicio al Cardenal húngaro Josep Mundszenty.
Fue convocada entonces en Medellín, una manifestación, con gritos: “Cristo sí, Rusia no.”. Y sería José Quintero Salazar, abogado conservador, quien en su intervención decía: “La alternativa del mundo moderno es: comunismo o cristianismo. El dilema para la humanidad es escoger entre la Biblia o el Capital de Marx; entre el odio de clases preconizado por el comunismo o de la caridad cristiana y la justicia social, preconizados por los pontífices.”
Hoy en día, podríamos decir que seguimos repitiendo el mismo error de ver al diferente, como distante y como enemigo al que es necesario desaparecer. Ese, infortunadamente es uno de los trabajos de muchos “influenciadores” que perciben ingresos por construir conceptos e imágenes deplorables de grupos o personajes que se mueven en la política.
Ese fenómeno debería ser un punto de partida para entender que quien desconoce la historia, está condenado a repetirla. Repetir los mismos errores por ignorancia y por proceso creciente de deshumanización, que finalmente convierten el Planeta en un campo de batalla, buscando el lucro, el lujo, la acumulación, a costa de otros.
Pero, tal como lo dice Rita Levi Montalcini, neuróloga y premio nobel: a lo único que no podemos renunciar es a trabajar porque el mañana sea mejor que el hoy.

