Fabian Henao Ocampo
La Iglesia Católica, en su vasta tradición, ofrece un calendario litúrgico nutrido de celebraciones, de todas ellas la Navidad es quizás la más sentida y esperada en todo el mundo. Esta festividad, cuyo significado etimológico es el nacimiento de la vida, es mucho más que una fecha en el almanaque. Es una conmemoración que nos invita a detener el ritmo frenético de la cotidianidad para transmitir y recibir amor, alegría, esperanza y sobre todo, para fortalecer los lazos familiares que el trajín anual suele debilitar.
Pereira no es ajena a esta celebración. Nuestra ciudad es encantadora y el espíritu navideño se ve reflejado en sus calles adornadas, su gastronomía, su comercio, las celebraciones parroquiales, las comidas y la música. Somos en esencia, un pueblo alegre y emprendedor. Esa alegría nos transporta a recordar con afecto aquellas navidades en las que lo único que nos preocupaba era hacer los sonajeros con tapas de gaseosa, saborear la natilla casera de cualquier vecino que mandaba el plato y la llegada del niño Dios a media noche para madrugar a las cinco de la mañana a estrenar cualquier cosa. Era un tiempo más sencillo, más espiritual, más comunitario. Hoy la modernidad ha desplazado los templos, las novenas y la tradición a los centros comerciales, al comercio y a las deudas, reduciendo todo a transacciones monetarias.
Sin embargo el verdadero espíritu de esta celebración es la humildad y la sencillez: Cristo nació en medio de la pobreza y la escasez para traer un mensaje de salvación a la humanidad. Este origen modesto es el que debe guiar el sentido de esta época: compartir, perdonar, ayudar, y sembrar esperanzas en un mundo desesperado. En este espíritu, bienvenidas las novenas en las empresas, bienvenidos los aguinaldos y los regalos.
El encargo que perdura con la celebración anual de esta fecha es una invitación a la reflexión y a la acción desinteresada. Es un llamado a regresar a la sencillez, a contemplar el pesebre y a comprender el verdadero mensaje que conlleva. Esta es la oportunidad de renovar la esperanza del Divino Niño que viene a enseñarnos “la prudencia que hace verdaderos sabios”.
¡Feliz navidad para todos y un próspero año nuevo!

