Votar para continuar o para cambiar

Juan Guillermo Ángel Mejía

Colombia decide su futuro, se enfrentan, de un lado la alternativa de continuar con el cambio, con una modificación para radicalizarlo, lo que le haría convertirse en el continuismo, o si opta por abandonar al que hoy gobierna, en cuyo caso este adoptaría el apellido del cambio.

La contienda por la presidencia ha opacado la primera de las decisiones, la de elegir el congreso, el cual o será favorable al continuismo o el cambio al actual estado de cosas.

Las consultas se han convertido no solo en un instrumento para dirimir contiendas partidistas, sino también en fuente de enriquecimiento de candidatos y partidos, de esos que ahora pululan como las moscas alrededor de la miel.

Las consultas sobre la mesa, tienen ausencias que les restan electores. El partido Liberal, que está en el podio de los que tienen un respaldo electoral, no tiene candidatos en la palestra, tampoco los tiene el Pacto Histórico, situación que comparten con el independiente que lidera las encuestas; solo el Centro Democrático, la otra colectividad mayoritaria hace presencia, en una de las consultas, esta vez con la senadora Paloma Valencia.

Hay tres consultas, la una, la parodia de una pareja dispareja, la otra entre dos disidentes del petrismo, habilidosos componedores y armadores de entuertos, con apoyos que están por contarse, y finalmente la que es una consulta con votos, entre candidatos sin votos, pero con prestigio bien ganado y solo uno de ellos, Paloma quien cuenta con apoyos  cuantificables; esta última consulta elegirá una alternativa seria para la siguiente elección.

La circunscripción al senado ya no garantiza la presencia de congresistas de todas las regiones, y por lo tanto permite la concentración del poder en unos departamentos y desaparecen las representaciones de los menos poblados.

Quienes aspiren a conquistar una curul en el próximo senado, si lo hacen desde un departamento pequeño, como el nuestro, se toparán con una realidad que la historia ratifica, casi la mitad de los votos se entregan a candidatos foráneos, lo que obliga a los nuestro a buscar respaldo allende la frontera, así las cosas, tanto el liberal Diego Patiño, como la candidata por la U, María Irma, no la tienen fácil.

 Patiño, veterano congresista, tiene electores en Risaralda y goza de un privilegio, su hijo es el gobernador del departamento, funcionario quien ha tenido un comportamiento que no ha recibido ninguna crítica de parcialidad y ha hecho una gobernación de buen recibo, lo que, sin querer queriendo, le dará un impulso adicional, además cuenta con el aval del partido Liberal, por lo tanto, a mi juicio, tiene una buena opción.

María Irma, la otra candidata, ha hecho un despliegue publicitario que ha requerido muchísimo dinero, lo indica que la caja disponible es multimillonaria, dineros de procedencia por conocer, a este derroche se debe agregar que es esposa del alcalde de Pereira, a quien acusan de haber hecho uso del poder para pre-asegurar votos, mediante a prácticas que han sido denunciadas, a tal punto que se ha designado un alcalde provisional. Ella es candidata del partido de la U, colectividad que hoy, de sus 10 senadores en ejercicio, 9 de ellos aspiran a reelección con feudos de difícil sino imposible penetración y además debe competir con Representantes a la Cámara y diputados con muchos votos. El gasto nunca visto en una elección de congreso hace que le estén preguntando de dónde sale tanto dinero y cómo va a reponerlo. De nuestra parte lamentamos que un alcalde quien goza de simpatías e inició con paso firme, ahora esté encartado por contratos, por gastos desmesurado en pan y circo y ahora por tener a su familia y allegados como candidatos a las dos principales corporaciones públicas, eso definitivamente no es de buen recibo. 

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