Angel Gómez Giraldo
Hoy miércoles Pereira amaneció casi en el olvido del Covid-19, pandemia que en casi dos años ha causado muerte e incertidumbre en todo el mundo. ¿Quién no ha perdido parientes y amigos?, pregunto.
Este amanecer aquí en la Perla del Otún tiene una causa, es miércoles primero de diciembre del año 2021 que trajo navidad que el año anterior fue triste por culpa del coronavirus.
Dicho día amaneció de brazos extendidos y el mango, la papaya y las naranjas mejoraron su color.
Las cafeterías y panaderías esparcieron sus buenos olores del “tinto” y del pan caliente.
Las fachadas de las casas maquilladas cual solterona en busca de conquistar hombre y adornadas con motivos navideños.
Pareciera como si hubiéramos olvidado que vivimos una peste que cambió nuestras vidas, comportamiento social, y hasta le quitó toda expresión al rostro, ocultándolo con la fea mascarilla protectora.
Pero por muy soleado el día y mucho calor navideño, puedo afirmar que todo no es más que una falsa normalidad que pudre piña y aguacate en las ventas de frutas de los supermercados, me comentó una supersticiosa amiga mía, y pensé, sin llegárselo a decir, que en esta época de pandemia hasta el alma la tenemos podrida a pesar de que estamos vacunados.

Peligrosa
Y es esta falsa normalidad muy peligrosa ya que se puede observar que la mayoría de las personas que caminan por la calle se acercan a otras como matador al toro de lidia.
La gente joven es la más “culipronta”, no lleva puesta la mascarilla, la llevan en la mano o en el brazo como un accesorio, algunos en el bolsillo de atrás, y ¿Quién dijo miedo?
Sostengo que esta navidad también llegó sin miedo porque trajo natilla y buñuelos.
Sí, miércoles este de falsa normalidad. Miércoles primero de diciembre, de prostitutas y travestis abrazados en la calle 14 de la trasnochadora y morena a la espera de un rato en el viejo motel.
Alborada
Mas, miremos el contraste, la noche del día anterior, martes, cuando empezaron a escucharse los primeros estallidos de los cohetes (voladores), y de la pólvora, los noticieros de televisión suministraban información que a los televidentes nos cayó como una pedrada en las orejas ya que nos amilanó. Mejor dicho acabó desanimándonos, tanto como cuando la persona a la que amamos desaparece sin decir adiós.
El presentador de las noticias dijo con tono sensacionalista, que la nueva variante se encuentra ya en Latinoamérica, que fue detectada en Brasil, que llegó con una pareja de esposos provenientes de Sudáfrica.
Posteriormente desmechó la misma noticia con esta dura perla: “La ómicron se encuentra en 20 países del mundo”.
Peor para las personas mayores porque según el lector de noticias, las máximas autoridades de la salud, recomiendan a los mayores de 60 años no viajar. Les sonó a nuevo confinamiento. El tal ómicron tiene nombre de microbio, y que me perdone Pasteur, padre de la microbiología.

Un ambiente decembrino con iluminación se vive en la ciudad.
Paradoja
Luego que recibimos esta noticia a las siete de la noche del martes 30 de noviembre, se empezó a escuchar la pólvora, anuncio de que estaba entrando navidad, la segunda de la pandemia.
Al amanecer del nuevo día, miércoles primero del mes de diciembre, lo que se sintió en toda la ciudad fue una alborada con pólvora prohibida por las autoridades locales y desfile de vehículos haciendo sonar las bocinas.
Y el gobierno lavándose las manos con pocas palabras: “Cuídense ustedes, yo reactivo la economía”. Una papaya verde de contradicciones. ¿No les parece?
Miedo al omicron pues todos ya sabemos que Pereira es una ciudad sin puertas.
Falsa y peligrosa normalidad se ve en cafeterías y sitios de reunión, si se tiene en cuenta que diciembre es mes de fiestas y reuniones familiares



