Batalla perdida

Aunque no lo crean, un supuesto delincuente derrotó a 4 soldados quienes caminaban desprevenidamente entre la Plaza de Bolívar y el Parque El Lago.

Ángel Gómez Giraldo

El martes 11 de noviembre no era como para sacarle arma blanca a nadie en el centro de la ciudad.
Con el cambio de las luminarias en el Lago y la Plaza de Bolívar por las modernas lámparas Led, las noches ya no son las mismas en estos sitios urbanos recreativos.
El busto del general Rafael Uribe Uribe en el primero, se ve ahora mejor, mostrando los dientes de liberal guerrero. El libertador en el segundo, parecía haberse apeado del caballo y estar atravesando la plaza con una sonrisa tan amplia como la de candidato de pueblo a la alcaldía.
Su actitud era como la de estar pidiendo aplausos, mas cubriendo con ambas manos lo que los varones más protegen de su anatomía, y que antes se llamaba pudor en las personas. Mejor todavía, las vitrinas y los escaparates del comercio formal tenían ya lujos para adornar la Navidad que se aproxima.

Calma
Eran las 2:00 de la tarde de ese día y calma hasta en las nubes, raro ya que a esa hora haya tempestad eléctrica en la capital de Risaralda.
Yo ahí en la carrera 7 entre calles 22 y 23 observando el paisaje humano y a los vendedores informales rezando para que el clima no les”aguara” las ventas vespertinas.

La acción
De un momento a otro alcanzo a ver 4 soldados muy jóvenes, seguramente apenas prestando el servicio militar obligatorio.
Por la actitud desprevenida de los cuatro representantes de la ley, uno podía suponer que no estaban patrullando. Iban en dirección a El Lago, tal vez a darle un saludo militar al mi General Rafael Uribe Uribe y estar a su disposición y ahora que no muestra ningún interés por dejar el sitio, ya que le mejoraron la iluminación nocturna, y la misma policía la arremetió contra los desagrables y peligrosos pajarracos, a los que quizás espantaron exlamando: “Ya la cagaron, entonces a volar.”

Peligroso
Resulta pues que los cuatro soldados se encontraron con un hombe entre los 25 y 30 años el cual mostraba una figura tan delincuencial que, “a metros”.
No qué digo, a kilometros para no caer en sus manos, mejor, en sus garras salvajes.
Por esto mismo la “ley” lo detuvo y los uniformados le pidieron una requisa de buenas maneras como lo hacen en estos tiempos para que se crea falsamente que Colombia es un país de ángeles.

La derrota
Pero verán que no es así. El sospechoso en vez de mostrase atemorizado, ya no pasa eso con los antisociales, no solo desafió la ley representada en ese momento por los cuatro soldados en este momento no tan glorioso sino tan sufrido ejército colombiano.
Para que vean que no hay enemigo pequeño el civil los enfrentó con puñal en mano. ¿Quién dijo miedo?
El público de la hora, como los vendedores de la calle y de los almacenes, en estado de alerta por lo que estaban viendo.
Entonces quien fuera solicitado para una requisa se convirtió en un demonio desterrado de los mismos infiernos por concierto para delinquir.
Y no lanzaba fuego por la boca como lo hacen todos los diablos sino que gritaba y brincaba haciendo cruz en el aire con el cuchillo.
¡Desconcierto total del público!
Como ya policías y soldados andan más desarmados que hombre de 90 años, vajaron la guardia y pusieron pies en polvorosa para otra derrota. Estaba vez en el centro de una ciudad capital.
Alguien afirmó con bastante facilidad verbal que los soldados parecían seminaristas a punto de ser ordenadaos sacerdotes.
No recuerdo si llovió o no llovió en Pereira mas por lo sucedido pudo haber llovido hasta estrellas y centellas.
La prensa dice que esto es lo que está ocuriendo en todo el país con la fuerza pública.

Y vaya póngale la queja al Bolívar de Pereira y verá lo qué le dice.
No le dice nada por temor a que lo tilden de opositor que no quiere la paz.

Piedra negra
Ese martes fue como para señalar con piedra negra como decían los romanos cuando las cosas no les salían bien.
Resulta oportuna aquella afirmación histórica de que no hemos sido un país de mansas palomas.
Finalmente vayamos al libro que habla sobre los orígenes de la violencia en Colombia:
(…) Seguramente la circunsstancia histórica de haber tenido que romper el coloniaje español en una guerra de más de 10 años predeterminó esa facilidad hacia la utilización de la violencia. La generación colombiana que hizo la guerra de independencia con el concurso de un buen número de soldados que las guerras napoleónicas arrojaron sobre América, empotrada en el poder desde entonces, continuó de manera persistente a lo largo del siglo XIX, esa práctica como método de gobierno o de oposición.
Este había sido el aprendizaje. No había posibilidad de soluciones intermedias.
Por ello, nada más pernicicoso en la escritura y en la enseñanza de la historia nacional que afirmar que hemos sido un país de instituciones, tierra estéril para las dictaduras, y argumentos parecidos con que se ha falseado toda interpretación de nuestro pasado. No somos un país de mansas palomas.
Finalmente, ojo al centro que luego del episodio ya narrado, señalan quienes fueron testigos de primera mano, que dos delicuentes también armados con cuchillo, dos días después atracaron un ciudadano en el mismo lugar de la escena de los cuatro soldados y el delincuente, sin importarles que era mediodía.
Estos son mejores resultados ya que la ciudadanía alertó al cuadrante del sector que frustró el hecho delictivo y aprehendió a los bandidos para un positivo que se le reconce. Felicitaciones.

 

 

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