Café, con sonrisa de mujer

Ángel Gómez Giraldo

!Ay cómo estás de rubia! Piel completamente dorada, redonda y rolliza, de baja estatura.
Mas esto que importa si brilla más que una estrella de cine.
Firme y segura como cantante en concierto sobre la tarima.
No le faltaría sino eso para conquistar el mundo.
Algunas personas extrañan que no se dejes ver las piernas pero el fabricante no se las puso.
Sobre su cabeza el águila con las alas abiertas, hágase de cuenta tocado de gran dama.
Las lancetas del vapor son ostentosas. Sus filtros también hacen parte de su organismo. La llave de agua es de pasta negra consistente y a la medida de la mano que la manipula, que la abre y la cierra suavemente.
Y qué decir de sus brazos tan musculosos. Son duros para ser de una rubia.

Cuando está a la vista del público es tan admirada que presume de ser una celebridad. La gente se le acerca con la intención de tocarla, mas se reprime por respeto a la demás gente.
Pero como a este país se lo come la envidia, hay quienes rumoran que es más vieja que la diva Amparo Grisales, a pesar de que no se le ve una arruga. Podría ser, pero solo más adelante les mostraré la verdadera edad de la rubia.
Atolondra tanto verla que se me he olvidado de dar a conocer su verdadera identidad. Por supuesto que no es una persona sino una máquina, Espresso que da “tinto”, café con leche y otras bebidas capuchinas.
Ella no presume de nada a pesar de que es más bien plantada que Sofía, la primera mujer robot.

Los consumidores de esta bebida, acostumbrados a beberla de la máquina Espresso, tal vez ignoren que los granos del café antes de sacar la bebida de ellos para despertar hombres dormidos, fueron masticados por las cabras. Estas se tornaron inquietas e iban de una a otra parte, hasta que un monje dormilón al observar el comportamiento de estos animales comprendió que se volvían ariscas y nerviosas por el consumo de dichas pepitas, que por proceder de Kaffa, antiguo reino de Africaen, terminó llamándose café.
Pero sigamos con la dama Espresso porque sobre la misma hay más que decir ya que mientras en Japón existe una máquina por cada 20 habitantes, en Estados Unidos hay una por cada 50 y en España una por cada 140, mientras que en Colombia hay una por cada 58 mil habitantes.
Claro que aquí en el país la vemos posando en clubes, bares, cantinas y en la calle en parques y plazas de pueblos y ciudades.
Las vemos hasta sobre los viejos yips Willyz, saludando al público como si fueran reinas de belleza.
Carros que terminaron como puestos de “tinto”gracias a la máquina Espresso.
La que se cree “finita” y a la vez muy galleta la encontramos en la calle 24 frente al Lago Uribe Uribe de Pereira.
Me toca decir que este campero donde se trepó la rubia, para los demás, máquina espresso, está más pinta que galán de telenovela.
Se da el lujo de mantener parado el automotor no por falta de gasolina sino por exceso de “tinto”. Su propietario John Elkin Osorio Botero, quien a pesar de ser tan joven, sabe que es lo que le gusta a la gente de la ciudad: Café.
A pesar de ser la rubia apenas una máquina es tan pulcra que se aplica día y noche el mejor perfume con fragancia de café.
Considerada además mujer burguesa se da el lujo de tener dama de compañía que le saca el líquido y lo sirve de la mejor manera.

Su nombre es Darly Dahiana Alzate Pulgarín, que tiene unos ojos brillantes como la máquina y mirada inquieta: mira y vuelve a mirar repetidamente. Confiesa que está “encaprichada”, pero no dice de quién.
Ella es la única que le pone la mano a la Espresso y juntas hacen lo que tienen que hacer, el tinto que calienta hasta los huesos en las mañanas y las noches frías.
La clientela gratifica a las dos saboreando con gusto el café que consumen allí.

El acordeón
Cuentan que antes de que se estacionara en el sector el campero del café, Jaime Duque se sentó sobre el andén e interpretó con su acordeón una canción de despecho, recordando un viejo amor que consiguió cuando apenas era un adolescente dando vueltas nocturnas en el Lago.
Duque es un pereirano considerado actualmente como maestro de este instrumento musical.
Darlyn Dahiana con su sonrisa echada a vuelo vende un promedio de 80 tintos diarios, el que puede aumentar según el día y las condiciones climatológicas.

Eso sí, ella por donde pasa deja un delicioso olor a café.
¡Ay el aroma del café que produce la máquina y el pan acabado de salir del horno!

Las flores
No me lo van a creer pero cuentan que el aroma de este café se esparce todos los días por el entorno del sector de El Lago llegando hasta el club nocturno tan conocido en la ciudad como lo es Flores Frescas, despertando y produciendo inquietud a sus muñecas a pesar de que fue más lo que jadearon en la noche que lo que durmieron, y después de una ducha ligera buscan el campero del café para tomar el primer tinto del día.
Este club nocturno ahora está siendo remodelado con verdadera pasión por tres jóvenes fortachones que saben que las flores de este jardín no se pueden dejar marchitar.
Tres pisos, una terraza, dos balcones adornados con láminas doradas para que los hombres coman flores donde no hay jardín.

¡Cómo nos gusta pues el café! Sin embargo, el diario El Espectador trajo en la página web del pasado martes un informe tan diurético que puso a orinar a sus lectores.
Sostiene este diario capitalino que según estudio liderado por el consultor e investigador Ricardo Avellaneda con otras entidades, Colombia pese a demandar anualmente un millones de sacos de café, es octavo en consumo por cápita entre países productores.
Esto quiere decir que naciones como Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Salvador, Haití y Honduras están por encima.
¿Será que la propaganda radial de Café Sello Rojo “tomemos un tinto, seamos amigos” no convence?

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