Casablanca se viste de café…

John Jairo Posada Castaño

El vetusto jeep Willis, está  ahora despintado de rojo, pero sirve para cargar seis pasajeros, entre ellos, dos niños quienes cantan casi durante todo el largo recorrido desde Armenia, melodías del campo aprendidas en la escuelita rural,  lleva  también plátanos, una gallina, un perro mal empacado en una bolsa de tela verde pero  viaja feliz, y sobre todo tres bultos de café.


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Juan Bautista Marín.

Apretujados  viajando desde el Quindío, sobrepasamos la frontera del Paisaje Cultural Cafetero , hasta llegar por fin a Sevilla, Valle del Cauca.

Recorremos cámara en mano el pintoresco pueblo, lleno de leyendas y de hechos, por ejemplo dos exalcaldes asesinados en los últimos veinte años, su crisis económica, el calor que se escurre por nuestras camisas y jeans y un paisano desprevenido nos suelta la siguiente frase : 

“Aquí los que somos ahora forasteros somos los nacidos aquí en Sevilla, paisas, rolos costeños y hasta venezolanos ocupan nuestras casa y negocios, el pueblo está perdiendo prácticamente su identidad.”.

Llegamos junto al historiador   y poeta pereirano Hugo Correa Londoño al parque “Heraclio Uribe “fundado en mayo de 1903, en una esquina  resalta una joya arquitectónica una casa de bahareque matizada con colores gris, amarillo, y blanco que luce imponente, pero adentro es más espectacular aún.

En una de las cinturas de las vistosas paredes sobre saltan los cuadros de Gardel, y de tantos tangueros y estrellas rutilantes de las melodías hechas poemas de nostalgia y desdén de amor…

Un olor a café recién molido y tostado viaja por todo su espacio, el ambiente es matizado por largas tertulias de hombre y mujeres quienes tienen de excusa la palabra precisa para tomarse un excelente tinto.

Por entre la cadencia de la música  de Edith Piaff hay un médico forense  Julián Osorio quien  es el genio creador de las figuras con las que están vestidas las mesas donde nos atienden, es quien ha decorado el famoso bar café y nos cuenta:

“Lo que queremos con estas ideas artísticas es contar cada historia en cada mesa, con una música particular y sus cantantes protagonistas, por ello sus rostros plasmados y por ahora escogimos dos temas el tango y bel canto, es decir la lírica, pero es a través de las voces femeninas porque este es este el siglo de la mujer, están aquí plasmadas las grandes figuras desde 1880 con ANDRE hasta la última que es Lina Avellanada.

Las grandes voces clásicas y hasta Libertad Lamarque salpican cada rincón del sitio emblemático y turístico de este municipio cafetero por excelencia en Colombia.

¿Y de quién es el sitio?

Hay que profanar unos permisos familiares y de viejas amistadas para llegar al segundo piso y encontrar en un rincón del alma en una poltrona a  Juan Bautista Marín Mejía quien narra:

“Yo fui doce años empleado del café Casablanca y me tocó quedarme con la mitad del negocio por una plata que me debían, porque eso era de dos socios, hicimos un arreglo auspiciado por el papa ‘del médico Julián quien me dijo échele mano a esa platica, porque es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Al quedar  con esa mitad el otro socio me la cedió para que la pagara como pudiera”.

¿Pero y la casa donde está el café qué?

Esta casa donde estamos es de uno de los proceres de Sevilla.

¿Y porque el nombre del establecimiento?

Precisamente  por la famosa película “Casablanca de 1942, protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Berman.

Un largo silencio recorre la conversación y le pregunto entonces:

¿Y su usted se muere quien queda con el negocio?

El letargo de la mana aun lluviosa deja conocer la respuesta:

“Me temo que al morir esto lo vendan”…

Una lágrima no hace ruido al caer.

Entonces bajamos de nuevo y la danza de dedos está concentrada en la preparación de un café, gente amable atiende el lugarcito, muchachas  sonrientes quienes se esfuerzan por traer, la cerveza, el café, un chocolate o una botella de ron.

Cuando un escoces resbala  luego, por nuestras gargantas y desde esta esquina del paraíso de Sevilla, miramos el horizonte…

“Casablanca es un poema hecho café…Con olor a vida, con gusto a tango…

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