Como matar un amor que no existe

Ángel Gómez Giraldo

¡Ay del amor! Un sentimiento que a veces es pastel de queso con guayaba para dos y otras autotorturas para uno solo que siempre es el amante.

Autocastigo con pringamosa como si fuéramos enfermos en tratamiento homeopático.

También amor verdolaga que se reproduce fácil pero que no alcanza a llegara al otro corazón

¡Ay amor! Atrapado en ese berenjenal del amor imposible porque no existe en la otra persona. Amor que no se realiza. Un siempre amar solo yo que saca lágrimas y mete miedo.

Amores que no existen pero que hay que acabar antes de que ellos le rompan a uno el corazón.

Amar sin correspondencia tan peligroso ya que es exponerse a sufrimiento eterno escuchando canciones de despecho o a terminar en suicidio. Ya se sabe que “hay quienes matan a su amor con un sollozo y otros lo matan con un mar de lágrimas”.

Sin embargo hay otras opciones para matar un amor que no existe sin hacerle daño a la otra persona ni a nosotros mismos.

Aconsejo hacer esta reflexión consumiendo bebida de yerbabuena.

 

Consultas

¿Saben qué? Solo consultando en la calle cómo los enamorados solitarios del siglo XXI matan ese amor que recibe mucho y no da nada.

“Valiente gracia dijo un enamorado y luego se disparó un revólver en la cabeza, sobreviviendo porque el arma estaba descargada”.

Pues sí, algunos ciudadanos me hablaron respecto a este tema. Revelaron cómo hacen ellos para matar el amor que es una peste cuando es sentimiento de uno solo. Sentimiento obsesivo que no es recíproco o ni siquiera recibe una lagaña de mirada.

Inicialmente abordé a una mujer milenia, nacida en el año de 1995, mostrando todos los rotos en el pantalón de yin.

A la pregunta ella respondió: “Muy sencillo, lo mato con un nuevo amor”. Seguidamente hizo un gesto de flor de orquídea, porque levantó la cabeza mirando hacia el cielo y luego la movió a lado y lado para un vaivén de su negra y abundante cabellera.

Claro que no se refería a cometer un crimen con la ayuda de otro sino a enamorarse de una persona distinta.

De verdad que este sistema para olvidar es efectivo si se tiene la oportunidad de enamorarse de una persona parecida física y espiritualmente a la que has tenido metida en el corazón, a sabiendas que está a punto de producirte un infarto.

Les cuento que la muchacha autora de esta respuesta tenía facha de matona pues al momento de empezar a hablar se encontraba en toda la esquina de la carrera 7a. con calle 14 pelando mango con una navaja.

Jenny Muñoz, otra mujer de más edad que la anterior pero maquillada con una sonrisa amplia y mirada de médico cirujano, incisiva, me respondió:

“Yo mato el amor con el pundonor que llevo aquí adentro”, y se llevó la mano al pecho como se la llevan los uribistas cada que escuchan el himno nacional.

Y no es de susto puesto que el pundonor no es otro cosa que amor por nosotros mismos.

Entre estas y las otras fue haciendo su aparición Santiago Ríos, hombre de Bolombolo (Antioquia) quien ha acumulado muchos años y como más sabe el diablo por viejo que por diablo, la soltó: “Huyendo. No ve que la ausencia es causa del olvido”.

 

Tempestad

La tarde iba avanzando con un sol amanerado, debilucho, pero sin amenazar lluvia, sin embargo luego Pereira fue bombardeada por una descarga de rayos y agua “ventiada” casi a las 5:00 de la tarde.

Así que el encuentro post tempestad fue en el horario extendido con una  dama de ojos grandes, azules, que no necesitaba más para embellecer su rostro.

¿Su nombre? La interrogué y me dijo: “Lo tengo tan bien guardado que si se lo doy pasaría por falta de pudor”, y se quedó muy lechuga. Después de una pequeña pausa gritó su identidad. “Lesbia”.

Jugaba ajedrez en la calle con un viejo como dispuesto ya a viajar porque cargaba un morral a la espalda.

Al escucharme, manifestó: “Yo no lo mato pero me hago a la idea de que es solo un cadáver en la sala de velación”.

Esto igualmente es tener amor propio porque solo las personas que no se quieren, se humillan.

El viejo que acompañaba a la mujer sacó fuerzas de donde no las tiene y se manifestó: “Caballero, yo he matado 20 amores con la indiferencia”.  Este señor tan rotundo vino de la ciudad de Ibagué y me dijo llamarse Edgar Chacón.

Me entusiasmé con la facilita, chica con tan pocos años como traje y le caí de una: ¿Cómo mata usted el amor que no tiene en sus sueños?

Fue tan categórica como indecente: “Lo llevo al motel y lo dejó allí abandonado para que muera de deseo y soledad”.

Y la muy descocada daba vueltas en un mismo sitio como silla de peluquero.

Cuando estuvo a punto de quedar “mariada”, se detuvo y me espetó con autoridad: “Es la mejor manera de matar un amor que en realidad no existe para una”.

Al entender que la iba a dejar tranquila me miró y explicó: “Es la mejor manera de matar un amor que por la simple razón de amarlo te hace daño”.

Muy cerca a esta, Abraham el venezolano que hoy por hoy se encuentra uno en todas partes, es el mismo joven que se lo pasa exponiendo sus ojos intensamente azules en el espacio público.

Me contó que mató un amor inexistente con el silencio: “Le bloquié el contacto del celular”.

 

LOTERA

Lo que me faltaba, encontrarme con Julieta Álvarez, la cieguita que vende lotería cantándola sin lamentarse que perdió la visión a causa de un glaucoma y catarata en ambos ojos. Que hace 16 años vende la lotería en el centro de la capital de Risaralda. Que ha vendido dos premios mayores y recibido propinas de más de cinco millones de pesos.

Pero respóndame Julieta: ¿Cómo mata ese amor que no la ama a usted? “Sencillo, no lo vuelvo a ver”.

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