Jaime Cortés Díaz
Hoy hace 50 años, el presidente de la República Misael Pastrana Borrero inauguraba con esplendor los Décimos Juegos Deportivos Nacionales, en lo que era la concreción de anhelos, desvelos, luchas, fatigas y pasión por el trabajo en equipo alrededor de responsabilidades inyectadas con el entusiasmo, el progreso y la connotación de Pereira en el marco patrio que la llevó a confirmar la cadena histórica de transformaciones y a recibir por ello el título de Capital Cívica de Colombia. Cuando se buscaba la sede de las justas, el eslogan ¡Pereira también puede!, se convirtió en el motor que movilizó a los estamentos al derecho a su preparación y ejecución, cumpliendo el término el 21 de julio de 1974. El punto de partida, después de la derrota en Cartagena en 1960 frente a Ibagué por un voto politiquero, (que con diez años de atraso verificó), fue la creación de la Corporación Deportiva Centenario de Pereira, institución del liderazgo de Francisco Polanco Ripoll, que estableció el estadio actual y la Villa Olímpica con miras a respaldar la pretensión buscada. La ciudad debe un reconocimiento a este personaje (Q.E.P.D), que, sin ser de esta comarca, la amo, como suya. El epílogo del compromiso se iluminó en la clausura el 4 de agosto de ese año con el mensaje escrito en pirotecnia PEREIRA CUMPLE, que emocionó a todos e hizo que la prensa nacional registrara el éxito con el titular “la medalla de oro es para la ciudadanía de Pereira”. En el proceso de acción para adquirir la sede, la dirección del entonces gobernador Gilberto Castaño Robledo, secundado por el alcalde Fabio Ángel Jaramillo, fue definitiva, mientras el padre Antonio José Valencia, llamaba a la comunidad desde el púlpito de la Catedral a rodear la iniciativa y a mostrar a la urbe como digna en este pretendido acontecimiento. El obispo Darío Castrillón Hoyos dispuso que desde todas las iglesias y capillas de la Diócesis se convocara a la feligresía. Es de resaltar los acompañamientos brindados desde la nueva aspiración por parte de Caldas en cabeza de su gobernador Gonzalo Jaramillo Jaramillo y el alcalde de Manizales Mario Vélez Escobar, mandatarios que hicieron propia la aspiración con una solidaridad digna de encomio. La ley 30 de 1971 determinó como partida de la nación cerca de cien millones de pesos para compra de terrenos, organización, obras y desarrollo del magno evento. Hubo un déficit de veinticinco millones, cubiertos en el gobierno de López Michelsen ¡Qué inmensa diferencia en cientos de miles de millones que se surten en otros certámenes sin utilización debida, obras inconclusas y corrupción!
Ya prevista la estructura y la responsabilidad juramentada con Pereira y el país, escribe el historiador Hugo Ángel Jaramillo: “En ese potro de tormentos estaba como director Jaime Cortés Díaz y como Junta de los X Juegos Deportivos Nacionales el Gobernador Mario Jiménez Correa y el alcalde Octavio Mejía Marulanda en los cargos de presidente y vicepresidente, respectivamente, Fabio Alonso López, como representante del Ministerio de Educación, Francisco Polanco y César Nader en representación de Coldeportes Nacional; William Montoya Zapata representante del Alcalde, Pedro Nel Mesa, representante del Gobernador, Guillermo Millán y Alberto Palau por los municipios del Risaralda, Hernando Ramírez Jaramillo y Hugo Ángel Jaramillo en representación de las ligas deportivas(…)” A la par que se laboraba día y noche en la construcción de escenarios y en el adecuamiento del estadio, y del Coliseo Mayor por iniciativa de la Sociedad de Mejoras presidida por Rafael Cuartas Gaviria, se planeaba la ciudad para catapultarla 20 años en la proyección de vías, el uso del suelo; redes de servicios públicos (alumbrado, alcantarillado, acueducto, telefonía), vivienda auspiciada por el Instituto de Crédito Territorial y el Banco Central Hipotecario. Los Juegos, pues, eran todo un pretexto no solo para hacer en fecha exacta la gran fiesta deportiva de la nación, sino también para un desarrollo que de otra manera no se hubiese manifestado con tal rapidez. De igual modo los pereiranos mejoraron su entorno y se acrecentó un sentido de pertenencia impulsado, y se alza una virtud nacida por un sempiterno abandono que es suplido con un civismo adquirido que hace parte del concepto integral de pereiranidad. De ahí los versos del maestro González: “que, otra vez juntos, / los altivos pereiranos cumplan, ufanos con su deber. /…/ sin fuerza extraña que agradecer”.
Quedan otros nombres para la recordación: el equipo de obras con Hernán Ramírez Villegas y Alfonso Hurtado Sarria; al principio Mario Jiménez Correa en lo Administrativo y después presidente de la Junta organizadora en su condición de Gobernador quien con su orientación y labor fue definitivo; Alfonso Restrepo Patiño, en la Tesorería; Luis Alberto Sánchez en lo Técnico-Deportivo; César Augusto López Arias en la coordinación del Centro de Prensa; y artífice del éxito comunicacional; William Ramírez, Daniel Alfonso Benítez, Otoniel Parra Arias, Consuelo Zuluaga, Guillermo Olano; Fernando Murillo en medicina deportiva; Carlos Ariel García en la Jefatura de Protocolo; Augusto Ramírez en Ceremonial de Premiación; Jorge Hernán Álvarez Jefe de Alimentos quien atendía cinco mil deportistas; Antonio Durango Villegas, Salomón Armel Presidente de la delegación de Risaralda; Pedro Nel Mesa Mejía, alcalde de la Villa Deportiva; María Teresa Rojas Secretaria General; Silvio González Mora en Servicio del Deporte Campesino; Hoover Sánchez, asistente. Transcendental resultó la revista gimnástica por parte de más de 3.000 estudiantes de Pereira y Dosquebradas al estilo magnificente de las espartaquiadas de Europa Oriental, que dirigieron profesores aportados por la entonces República de Checoeslovaquia, con la ayudantía de Mario Montoya, Julio César Zuleta e Isdaem Correa. Los constructores de las diversas obras fueron definitivos para tener los escenarios y vías concluidos a tiempo, siendo ellos también financiadores sin intereses cuando no se recibían a tiempo los recursos fiscales. En ese compromiso del civismo estaban Hernando Ángel Marulanda, Carlos Eduardo Ángel Mejía, Ciro Medina, Javier Uribe, Iván Osorio, Jaime García Giraldo, Alejandro Ángel, Gustavo Villegas Campo, Guillermo Báez. La mujer pereirana fue decisiva en todos los niveles para el extraordinario triunfo de esta gesta. El comité compuesto entre otras damas por Gilma Gómez de Marulanda, Magola Mejía de Arenas, Amalia Valenzuela de Osorio, Stella Mejía de Murillo, María Isabel Mejía, Edilma Escobar, fue un exitoso canalizador organizativo.
Han pasado cincuenta años y quedan supérstites de ese hito, de la junta directiva: Mario Jiménez Correa y Fabio Alfonso López Salazar. De los cuadros de dirección administrativa y operativa. Jaime Cortés Díaz quien fue el director general, Luis Alberto Sánchez, director técnico, Carlos Ariel García, jefe de protocolo y Jorge Hernán Álvarez en el sector de alimentos.
Paz y recordación para los demás ¡Honor a sus memorias!





recuerdos inoovidables,tuve la fortuna de participar en la inauguracion de estos juegos, fue la primera vez que los juegos se inauguraron en la fecha indicada, fue un total exito, cuando nuestros politicos eran orgullo de la region