POR HÉCTOR SANTANA
Especial para El Diario
Como hace 23 años en la ciudad y en general en todo el país no se hablaba de
algo diferente a la Copa América y especialmente la final. La capital risaraldense
vivió de especial manera ese capítulo del fútbol colombiano, por ser una de las
subsedes del torneo y por algunas situaciones extrafutbolísticas que aún se
mantienen en el recuerdo.
Colombia había sido designada como sede del evento con antelación, pero eran,
(como en la actualidad), momentos difíciles en temas de seguridad en varios
puntos geográficos del país y se empezaron a escuchar voces de preocupación.
Se tuvo que hacer un “lobbie” muy importante para que fuera ratificada la sede,
pero finalmente se logró y Pereira como una de las subsedes.
El miércoles 20 de junio la entonces Gobernadora de Risaralda, Elsa Gladys
Cifuentes, en un acto público dijo “A partir de este momento Colombia está de
fiesta”. Y en unión con la alcaldesa de Pereira, Martha Elena Bedoya, toda la
ciudad empezó a girar en torno al gran certamen futbolístico.
El estadio Hernán Ramírez fue sometido a reparaciones y adecuaciones para
cumplir con todas las exigencias para un partido de cuartos de final y una
semifinal. Pero además se construyó todo un dispositivo para no dejar ningún
detalle por fuera.

Todo era fiesta, pero la fiesta se agüó. A una semana del inicio el coordinador de
la Copa, miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Suramericana de
Fútbol y Vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol, el dirigente
pereirano Hernán Mejía Campuzano, fue secuestrado.
“Lo liberan o no hay Copa” sentenciaron los directivos de la Conmebol y don
Hernán recuperó su libertad en poco tiempo. Pero el daño ya estaba hecho. El
técnico Marcelo Bielsa que dirigía a Argentina dijo que no había garantías para su
equipo y anunció su no participación. Lo mismo hizo Canadá.
En medio de un clima de muchas dudas e incertidumbres y con el compromiso por
parte de todas las autoridades de garantizar la seguridad, se reconfirmó la sede y
el miércoles 11 de julio rodó el balón.
La fiesta en Pereira
No había un rincón de la ciudad que de una u otra manera se sintiera identificado
con el evento futbolero. El hermoso trofeo se paseó por los puntos más
representativos y todos querían la foto del recuerdo.
Las calles de la ciudad se engalanaban con banderas de los países participantes,
todos los puntos icónicos fueron vestidos con temas futboleros y el ambiente fue
creciendo a medida que Colombia fue ganando sus partidos en el terreno de
juego.
Debutó ganándole 2-0 a Venezuela, luego 1-0 a Ecuador y cerró la primera ronda
2-0 ante Chile.
Llegó la fase de cuartos de final y en Pereira se jugó el primer partido de esa serie
entre mexicanos y chilenos. Miles de hinchas en el Hernán y la victoria fue 2-0
para México. Y algunos días después la semifinal. De nuevo México como anfitrión
en un gran partido y esta vez le ganaron 2-1 a Uruguay. Otra vez fiesta completa
en el Hernán.
Colombia mientras tanto le ganó 3-0 a Perú en cuartos de final y en la semifinal 2-
0 a Honduras. Un equipo contundente en el ataque y muy seguro en defensa.

La gran final en Bogotá
Tuve la fortuna no solo de vivir de cerca todas las incidencias del torneo sino que
fui enviado especial a la gran final en Bogotá. Y como hoy, todo alrededor del
equipo era optimismo y fe, con jugadores de jerarquía y bajo la dirección de un
buen entrenador.
El estadio El Campín se engalanó de principio a fin, en las tribunas todo era
emoción, desde la salida del equipo solo se escuchaban voces de apoyo,
banderas por doquier y las ganas inmensas de cantar un gol. Ganas que se
disiparon cuando el zaguero central Iván Ramiro Córdoba se levantó para dejar el
balón en el fondo de la red y marcar el 1-0.
Y cuando el árbitro pitó el final del juego todo el estadio, toda la ciudad y todo el
país estalló en un júbilo de alegría, la misma que esperamos revivir hoy, 23 años
después.



