Ángel Gómez Giraldo
Flores, detalles y hasta bufé, el ambiente de la víspera de una celebración que rompe el corazón de los hijos.
Eran como las 6:00 de la tarde del viernes 10 de mayo y a pesar de que en los templos los más católicos oraban, se desató una tempestad eléctrica que hacía descargas como para quemar al mismo diablo.
Esto creó preocupación entre los habitantes y de quienes hacen el comercio tanto formal como informal del centro de la ciudad.
La fecha correspondía a la víspera de la celebración del Día de la Madre, 2 días despúes de este mismo mes.
Así las ventas parecían en total parálisis y un sentimiento de incertidumbre por una ciudad a oscuras y calles desiertas antes de acabar el día.
Hubo cortes de energía en varios sectores de Pereira.
Ante esta circunstancia climática muchas personas pensaron en el fenómeno de “La Niña”. Y hasta hubo alguno que implosionó y luego explotó diciendo: “Ya vino La Niña a mojar la mamá”.
Siguiente día
Mas al día siguiente, sábado 11, la gente se levantó con el pie derecho a la espera de un sol robusto para hacer con serenidad todo lo relacionado con la fiesta a la autora de nuestros días.
De verdad que no se sabía si este sábado iba a hacer para camisa guayabera o para abrigo. A ratos lloviznas y a ratos sol.
Tarde sabatina un poco difícil para quienes salieron de sus casas en actiud de compras para mamá.
Mayo, mes también de la Vírgen de Fátima, pues se vio un grupo de católicos tradicionalistas que rezaban el santo rosario frente a una imagen de la madre de Dios, en plena plaza de Bolívar.
Con un sol de buen carácter a ratos, ventas improvisadas sobre los andenes, portadas de las edificaciones y viviendas, se ofrecían flores rojas y globos en corazón para todas las madres, incluidas las que no lo son pero que si lo son porque fueron tías que levantaron a sus sobrinos.
Más las otras, las que adoptaron hijos porque no podían tenerlos y saben que la familia la hace son los hijos. Y además para no vivir solas.
Eso sí, el asfalto se calentó con los músicos callejeros que interpretaron esas canciones con las que los hijos lloran a la madre, sobre todo cuando la tienen muerta.
Hombres quienes iban y venían pensando en que todas las mujeres son madres y mujeres con la convicción de que hasta los que se consideran “desmadrados”son hijos.
La tempestad
Ya al caer la tarde el joven Jhon Smith con sonrisa de tres soles y voz alta de tenor que le dio el Lago Uribe Uribe para que le cante en las noches de luna o sin luna, rasgaba garganta con los temas a la madre.
Con qué fuerza cantaría esa vez John Smith que ese sol sórdido que nos tocó el sábado 11 de mayo, le mandó un abrazo y un beso antes de lanzarse por el precipicio del poniente.
Sin lugr a dudas el ambiente del Día de la Madre se percibía de buen aroma cada vez que cesaban las lluvias.
El autoservicio Grajales & Grajales de la cra. 8 con calle 22, tan acreditado en la capital de Risaralda, salió ofreciendo a la mamá un bufé consistente en pechuga a la abuela, arepa con queso, jamón y romero, planta que es para la cabeza y la comida en la mesa. Y no podía faltar el filete caribeño, el lomo de cerdo y el capón relleno. ¡Quién fuera madre!
También puse los ojos en esas mujeres madres de familia, cabeza de hogar que comercializan diversos poductos en la calle para sobrevivir ellas y la familia. Heroínas que no dan el brazo a torcer en la brega diaria.
Y entonces contaron con Fabiola Londoño González que vende relojes de pulso que dan las horas e imponen la moda masculina con su gran tamaño, con Maricely González, mujer de película ya que las vende en las cercanías de un bingo, y con Diana García de sonrisa al instante, vendedora de calcetines y medias pa’ ambos sexos, que trabajarán en el día en la calle y en la noche cenarán con sus hijos una comida de sobrebarriga sudada. porque todas los tienen en casa aún. Y son más de uno.
Y por ser un día tan celebrado, el de la madre, los hijos que no la tienen viva, por muy varones que sean llorarán.
Y hasta aparecerá el chiste del joven que le dijo al tío: “Has sido como mi segunda madre”. Este le contestó veloz : “Deja de ser mentiroso que madre no hay sino una”.
La tan esperada fiesta de la mdre llegó el domingo 12 de mayo. ¿Saben lo que pasó? El sol se reivindicó con los comerciantes y quienes pedían verano para el evento porque se quitó los velos y brilló en la Perla del Otún toda la tarde.



