Por: John Jairo Posada Castaño
Especial para El Diario
En la madrugada, casi siempre escribo. Mis crónicas se inspiran con partituras de la mejor música para el alma: Mozart, Beethoven, Schubert, Bach… adornan el amanecer en Pereira, Risaralda, con sus hermosos 58 años de creación como departamento de Colombia.
Los viernes son el mejor día para salir con un camarógrafo de nuestro valioso Canal Regional Telecafé y con el fotógrafo de turno de El Diario, y sorprender a hermosas divas con una simple pregunta:
¿Cuál es el piropo más hermoso que un “divo” le ha dicho a usted, bella y fina dama pereirana? Bueno, a algunas feas también se les pregunta… Alguien dijo una vez que no hay mujer fea, sino mal vestida.
Hace siglos, el piropo era una variedad de granate color rojo fuego, muy apreciada como “piedra fina”. Por eso, autores literarios que he “devorado” por años como Calderón, Quevedo y Gabo, entre muchos otros, han hablado en sus libros del arte de amar, de enamorar y de seducir…
No hay mejor herramienta inicial que el piropo. Estos clásicos autores usaron figurativamente y como metáfora las palabras bonitas, y con ese significado de piropo pasó al diccionario en 1843.
“¿A qué hora bajó usted del cielo, hermosa dama?”
“¿Los ángeles ya llegaron a la tierra?”
“No he visto unos ojos más hermosos en mi vida”.
“Si como camina baila salsa, usted, mujer divina, debe casarse conmigo”.
“Señorita Risaralda, usted es quizás el mejor bolero cuando baila conmigo”.
Profanar con poesía en la calle ardiente de un viernes, en nuestra amada capital de Risaralda, es arte… un arte que se ha ido perdiendo con el tiempo.
Los miserables que inventaron el género musical reguetón, que se originó en el Caribe, es decir, en Puerto Rico y Panamá, es casi seguro que no tuvieron una buena madre. Casi el noventa por ciento de esas canciones agreden a la mujer. Son, de manera textual, autores misóginos. La palabra misoginia proviene de dos voces griegas: miso y gyne, que significan “detestar a la mujer”. Se usa para referirse a creencias o expresiones emocionales, psicológicas e ideológicas de odio hacia las mujeres y lo femenino.
Este humilde y honesto cronista, con “C” mayúscula, como me bautizó un domingo reciente en estas mismas grandes páginas de El Diario el genio criollo del mejor cine, Germán Ossa, “el poeta del cine”, como lo llamo yo, supervisado por otro enorme poeta, Alberto Rivera, amigo entrañable, culto, periodista honesto, cuyos silencios profundos los convierte en el mejor verso. Su calidad humana y profesional es indiscutible. Y lo más difícil: es hacerlo reír. Pero lo hicimos reír tantas veces, entre libros y nostalgias, café y viendo los dos a esculturales mujeres desfilar por las pasarelas cotizadas de las callecitas pereiranas…
Pereira es cálida, amorosa, renovada, es cultura, pasión, arte, y la tierra donde nació nuestra Miss Universo, Luz Marina Zuluaga, aquí en Pereira, el 31 de octubre de 1938. Falleció el 2 de diciembre de 2015, y a quien entrevisté varias veces en varios de los tantos noticieros de TV de los que fui corresponsal en este Paisaje Cultural Cafetero en la década de los noventa.
El piropo, confieso, ha sido nuestra más valiosa herramienta en el difícil arte de la seducción. Cubrí nueve ferias de Manizales del alma, donde también amé y me amaron… “Un caballero no tiene memoria”.
La más grande diva de nuestra amada Colombia, y quien es además mi amor platónico: Amparo Grisales… “Mamacita”, cuántas veces he soñado viajar con ella a París o Praga, y con quien tuve el gusto de compartir micrófonos, noches de bohemia en el hotel Las Colinas de Manizales con el grande Pacheco, con Guillermo Rodríguez de Caracol Radio y, a mi humilde juicio, el mejor cronista de toros en Colombia. Con mi amigo y el mejor camarógrafo que tuvo la Plaza de Toros de Manizales, Mario González, tuve el honor de realizar las mejores crónicas de TV con el Noticiero de las 7, hoy desaparecido.
Mario se me murió sin despedirse. Amigo, desde esta tierra azotada hoy por “La Mafia”, elevo plegarias y lloro en silencio su muerte. Hermano del alma, tantas “chivas” vivimos y sufrimos juntos.
Por colocar dos ejemplos: él, con su cámara abierta, y yo, con el micrófono firme en mi temblorosa mano izquierda, en un coliseo de ferias en las afueras de nuestra Manizales del alma, logré entrevistar con mucho esfuerzo y rigor periodístico al amable señor papá del Clan Ochoa, don Fabio.
Solo a usted y a mí, Mario, él nos dio la “chiva del año” una vez en las afueras de Manizales… Nunca se me olvida que necesitaba entrevistar a ese personaje cuyos hijos estaban en líos serios con la justicia colombiana cuando era presidente de Colombia nuestro “hermano mayor”, como lo llamaba públicamente el excelente gobernador liberal de Risaralda y mi amigo personal, Roberto Gálvez, César Gaviria Trujillo. Fue un EXTRA a nivel nacional del Noticiero de las 7, y don Fabio me reveló solo a mí en esa entrevista la entrega a la justicia de uno de sus hijos…
Con Mario, el fino bohemio, nos fuimos a celebrar la “chiva” de entonces. Él tomaba solo aguardiente, y yo, whisky “del fino”, porque soy eso en realidad: un artesano de la televisión, quien siempre, con mi fábrica literaria —que es decir, mi cerebro—, piropo respetablemente y con altura a las más bellas y sublimes mujeres del Eje Cafetero.
En esta crónica reitero que “hay secretos que son eso: secretos”. Pero eso sí, lo juro por mi Milagroso de Buga, que ambos logramos entonces varios “objetivos finales” con prestantes damas de la sociedad de los “azucenos”…
Hago una pausa para reírme y recordar que el camarógrafo, Mario González, así les llamaba. También Amparo Grisales, de mi alma, quien, “entonada” a nuestro sublime lado, luego de devorar, entre varios —incluyendo artistas y toreros—, una botella del mejor y más costoso vino español de “remate de ferias”, que entonces cubrimos para la televisión nacional.
Entrevistamos a muchos célebres y famosos toreros españoles y colombianos, donde todos, con un cómplice secreto, contábamos anécdotas prohibidas de esa sociedad manizaleña.
Amparo Grisales, la única diosa que logró agotar una edición de la revista SOHO, quiero, con esta crónica del piropo, reiterarle que “soy una tumba”. Vuelvo y se lo juro: usted es mi más grande “amor imposible”.
Cada noche, cuando veo Yo me llamo de Caracol Televisión, la miro, y en su honor, le fabrico “clandestinos” y finos piropos…
Mamacita…



