“Cuántas veces siendo niño, te recé”

Ángel Gómez Giraldo

Jhon Harold Giraldo, un pereirano que nació con espíritu de rosa roja, por cosas de la vida como dicen las señoras de no poca experiencia y muchas faldas, creció en la trashumancia: Bogotá, Cali, Tuluá y otras ciudades de la región centro occidental del país.

A los diez años de edad ya tenía sueños de felicidad. “Me encontraba en las tierras del Quindío”, cuenta hoy Jhon Harold como si estuviera oteando su pasado de infancia.

No era un niño feliz y el dormir era una pesadilla, presa de la ansiedad que sufre la persona que busca un tesoro sin saber dónde está.

No tenía mamá a su lado pero sí una vieja foto de ella, y así entonces el corazón que es incompleto cuando el hijo sabiendo que existe la madre en algún lugar no la encuentra, sufre.

En el año 2012 a pesar de que ya era un hombre, se había lanzado a la conquista del mundo solamente con una sonrisa seguida de estruendosas carcajadas que no lo dejan.

Todavía quería mamá, y con esa foto antigua de su progenitora llegó a la sede de este diario pidiendo un aviso de búsqueda.

La solicitud del joven fue atendida ya que la prensa no solo informa sino que también orienta y cumple una función social.   

 

El aviso

El aviso apareció en la edición correspondiente al 11 de mayo de ese mismo año e hizo llorar a muchas madres de familia y puso en la boca de los hijos que vivían como él con todo pero sin mamá, un sabor amargo.

La nota periodística daba cuenta a los lectores que Jhon Harold Giraldo buscaba a la mamá que  cuando apenas era un bebé el papá se lo había arrebatado de los brazos para alejar al hijo de la madre.

Reveló Jhon Harold en el periódico que a los 13 años fue informado de que su mamá no lo había abandonado como lo llegó a pensar en los momentos de divagaciones y cruces de cementerio.

La nota periodística fue ilustrada con la vieja imagen, ya pálida de la mamá pero que correspondía a una joven con todos los encantos de la mujer colombiana.

¡Tan linda! Quizás murmuraron los suscriptores y lectores de El Diario. Después de esto nadie volvió a decir nada. Fue como si a la joven se la hubiera tragado la tierra al abrir la boca en uno de los tantos terremotos que ha sentido la ciudad.

Sin embargo el hijo continuó buscando a la madre porque un hijo sin madre come pero no engorda.

“La encuentro porque la encuentro”, dijo para sí mismo la tarde que el aguardiente le hizo ver lo atolondrado que tenía el corazón pero la “rasca” fue tan brutal que se quedó dormido sobre la mesa llena de licor.

Al día siguiente y recuperado de la resaca, acudió al Facebook, a las redes sociales y al buscapersonas y hasta la Fundación para el Reencuentro de la capital del país.

Llegó el momento en que Jhon Harold tenía casa, carro y beca pero le faltaba la mamá.

 

Ex  detective

Más ¡oh destino tan sorprendente! No se le apareció la virgen sino el santo de Pereira que encuentra los perdidos, José Luis Loaiza, ex detective del desaparecido DAS de Colombia quien por vocación y afición encuentra lo que buscan otros.

Y fue como con la mano, la mano de José Luis porque en tan solo 8 meses de averiguaciones supo dónde es encontraba la mamá de Jhon Harold,  en Bogotá, y constatando que su nombre verdadero no era  Marta Lucía sino María Elicenia Quintero.   

Ella se había  trasladado de Pereira ala capital del país  en el año de 1971, tal vez para olvidar la tragedia de haber perdido el hijo.

Así Jhon Harold fue otro hombre: “Vi que el mundo era lleno de colores y la vida un tango. Fue un sentimiento tan berraco que queriendo llorar no pude”. Se sintió lo que es, karateca cinturón negro.

 

Reencuentro

El reencuentro del hijo con la madre se programó en la Perla del Otún, precisamente en la fecha en que Pereira estaría celebrando 156 años de fundación, el pasado viernes 30 de agosto en las horas de la tarde.

A la hora señalada el ex detective José  Luis y esa luna con candongas y accesorios dorados que es la esposa de Jhon Harold de nombre Yamile Daza Tovar, recibieron a la mamá de éste en la Terminal de Transportes de Pereira.

Mientras tanto el hijo la esperaba en su casa vestida de blanco para la ocasión, allá en la vereda Mundo Nuevo, a un lado de la Parcelación Lagos del Paraíso.

Eran las 4:00 de la tarde cuando el ex funcionario del DAS y la iluminada esposa de Jhon Harold le dieron a este por ganado el cielo  haciéndole entrega de la mamá.

Y en verdad la casa fue un cielo abierto: la música del saxofón de Daniel Espinosa empezó a sonar con temas tales como “A la sombra de mi madre” y “Madre son 5 letras”.

Madre e hijo se recibieron con lágrimas, abrazos y besos hasta el alma.

Fue como un estallido de corazones que estuvo a punto de mover las amplias casas de Mundo Nuevo. Los vecinos salieron a la calle y desde la distancia les lanzaron besos.

 

La fiesta

Lo que siguió fue una entrega de flores, río de champaña francesa en el que se tuvo que nadar para no morir ahogados.

Al momento del brindis las copas de cristal se besaron unas con otras produciendo un sonido fino para otro concierto.

Los abrazos parecían no acabar pues llegó el momento en que hizo su aparición Gladys Arévalo, la amiga de juventud de la madre de Jhon Harold, llamada cariñosamente “La mona” ,y se volvieron a abrir todos los brazos.

El churrasco preparado de la mejor forma argentina por Jhon Harold tenía que llegar después de la luna, y corazón contento.

De un momento a otro el hijo se le volvió a acercar a la madre y acompañado con la música del joven blanco y del rubio saxofón, le cantó como pudo, esa bella canción religiosa: “Cuántas veces siendo niño, te recé”.

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