Ángel Gómez Giraldo
Desde su inauguración hasta hoy, nadie ha sabido de los ojos azules de la Calle de las Letras, ni siquiera el alcalde Juan Pablo Gallo que tiene tan buen ojo para semipeatonalizar, peatonalizar calles y abrir plazas y parques en el centro de Pereira, ciudad hecha ahora toda una señora de rostro de corazón y glúteos como manzana almibarada.
Yo los descubrí con la complicidad de los poetas nerudianos que ven en una hermosa mujer, fruta madura, boina azul, y se perfuman con el aroma de un “tinto” servido a mañana y tarde en uno de los bares del lugar.
Era martes de sol seduciendo gatas en los tejados. Sol mostrón que permitía verlo todo sobre un fondo azul.
Sol que llegó dando duro, maltratador de mujeres obligadas a la semidesnudez.
Sol echado con la petulancia del astro rey sobre una hamaca tejida con hilos de seda e ilusiones.
Con una tarde así, pude ver el reflejo de unos ojos azules de mujer en el tamarindo michelado y en la soda con limón, bebidas servidas por Johanny con las que hombres letrados y sin letras ahogan sus tedios en las tardes sofocantes de los veranos de la Perla del Otún.
Ciudadanos que ponen sus ojos y su voz a secar en la blanca fachada del centro cultural del Banco de la República.
Y ni siquiera se percatan de los pasos en zig-zag y la marcha sonora de adolescentes que van en busca de la identidad sexual.
Eso sí, ojos azules como los de la muchacha que sirve el tamarindo y la soda con limón, no se ven pasar.
Identidad
Su nombre, si quieren saberlo y es bueno que lo sepan, Johanna Duque, nuevecita como una memoria con música.
Nació en el año de 1993 en un sector calles después del Lago Uribe Uribe que en días de verano se pone azul.
Y nació Johanna con ojos azules. Cómo no iba a nacer con ojos azules si durante este mismo año (1993) Fernando Botero expone esculturas en los Campos Elíseos de París, en la Quinta Avenida de Nueva York y en el Palacio de los Papas de Avignon (Italia). Sergio Cabrera ganó premios internacionales por su película “La estrategia del caracol”. Carlos Vives sobresalía en el campo internacional con su álbum La Provincia. La Selección Colombiana de Fútbol derrota 5-0 a Argentina en Buenos Aires y Fabiola Rueda gana Maratón en Lyon (Francia).
Además muere como felino baleado sobre un tejado de Medellín el narcoterrorista Pablo Escobar que había desafiado al Estado con la ilegalidad del delito.
Va la madre que en un año de tantos triunfos, de ganar pódium y de tantas izadas del tricolor nacional en el extranjero, Johanna no hubiera nacido con esos ojos que están entre el color verde esmeralda y el azul turquesa.
Se rumora que los ojos de esta chica pereirana iluminan más que el sol cuando se las pica de galán en la Calle de las Letras que no ha alcanzado la peatonalización total y se quedó con el infernal ruido de las motos y de los “piques” de los parceros arrastrándose sobre sus tablas.
Estridencias que matan diálogos de poetas como Iván Meza, Leonardo Fabio Marín, “Matusalén” y otros que hacen de este lugar su olimpo.
La tarde dio para todo esta vez, hasta para llevar a Johanny bajo arcos de arreboles a la sede de El Diario, periódico en impreso que llega con la primera comida a la mesa del comedor de los pereiranos ya que sin él no hay desayuno completo.
Fotos
Una vez ingresamos a la edificación, la subí a la parte más alta y la dejé en manos de los reporteros gráficos para estas imágenes.
La vi posar cual diva rabiosa, actriz sensual. Hubo un momento en que se soltó el cabello y se llevó los dedos a la boca quizás para parecer más provocativa.
!Diantre! La vi sacarse los ojos azules y jugar con ellos como una chiquilla curiosa. Y no son cosméticos.
Buscando una nueva pose, busca apoyo sobre el pasamanos de la escalera, tira el tronco hacia atrás y sonríe como una diosa segura de su hermosura.
El sol que ya iba a lanzarse sobre los abismos del poniente se detuvo para dar más luz a las imágenes gráficas.
¡Johanna, ojos azules, qué dirán los ojos cafés de tu papá y de tu mamá cuando miran los tuyos tan azules!
Es que según las leyes de la genética, un hombre y una mujer de ojos café podrían tener una posibilidad de una a cuatro de tener un hijo con ojos azules.
¡Ay la genética! Es más fácil burlar nuestro destino que a esta muchacha tan caprichosa.
La tarde del pasado martes no murió hasta ver que regresamos los ojos azules a la Calle de las Letras y así seguir viéndolos reflejados en el tamarindo michelado y la soda con limón.



