Angel Gómez Giraldo
No hay queja. Hoy por hoy lo que hay es algo grato, una invasión del espacio público por el amor erótico.
La autoridad no podrá hacer nada porque para sus representantes el amor no existe.
Salió pues el amor apasionado a perfumar la calle, a aplicarle la fragancia del melón maduro.
A que lo perciban, lo toquen y de esta manera todos vivan la paz total.
Platón que era todo un “plato”, por ser hombre gracioso, quebró la vajilla con la siguiente enseñanza:
“Eros es el que da paz a los hombres, calma los mares, silencia los vientos, da lecho y sueño a la inquietud”.
Vida urbana
Entonces tenemos que la cotidianidad de la vida urbana y la polarización política del país apalancada por los medios, impide percibir este fenómeno. Más ahí está el amor seco de la risa en plena calle, en la plaza y el parque.
Se ríe de los que dicen, mostrando los colmillos de vampiro rapero, que el amor no existe. ¡Ay tantos frustrados en el amor!
Mas no lo crean ya que el amor mueve el mundo según un señor cuyo nombre se pronuncia como soplando un alimento caliente: Sigmund Freud.
Otra cosa que es necesario saber, es que el amor no se le esconde a nadie, permanece, más aún, vive ahí en el puesto fijo y en el del vendedor ambulante que estrechan la calle e impiden el paso rápido del peatón.
Veamos, Juan Alzate, persona mayor que no alcanzó a jubilarse, al llegar la tarde improvisa bajo las veraneras del parque El Lago una pequeña venta de “chaza”, pequeño cajón de madera.
Aunque viejo y pobre es feliz porque a las 4:00 de la tarde le llega el amor representado en una mujer mayor como él y le hace dulce compañía hasta entrada la noche cuando cada uno regresa a casa a soñar fantasías sexuales que seguramente se las ingenian para hacerlas realidad.
En casos como éste, el amor es el combustible que la pareja de adultos mayores necesitan para continuar vivos.
“Se aman los cuchos”, comentan en voz alta las “mariposas” que revoletean en El Lago día y noche.
Amor vanidoso que le gustan las artesanías de abalorios y pulseras que se adquieren en los tenderetes de la carrera 8a con calles 23 y 24, centro de Pereira. Allí se ve al parcero, que ofrece y vende acompañado de la parcera joven también, que aunque desaliñada y descuidada en su presentación, tiene el rostro de una diosa.
A estos, si se les pregunta por la medida del amor lo saben: “La media del amor es amar sin medida”.
Tal vez por esto los parceros tienen la piel del rostro tan pálida. ¿O será por lo otro?
¡Ay amor! Tan marrullero el de las personas más jóvenes!
Pura pasión
En los puestos fijos y a todo lo ancho y lo largo de la informalidad de las ventas en la calle vemos que el amor apasionado está sentado sobre las piernas de él o ella.
Sin embargo de la pareja aparentemente feliz, siempre hay uno que ama más, es el dueño del puesto.
Continuando por la carrera 8a., río Otún arriba, el amor erótico está presente hasta llegar a la plaza de Bolívar y sigue derecho para no toparse con la pornografía de frente al Bolívar Desnudo.
Ojo vivo
Uno observando al dueño o dueña del puesto que casi siempre es la persona que ama y a la otra, la amada, encuentra que mantienen el orden en el surtido y en el amor que se tienen.Investigando, investigando, encontré que paradójicamente es un santo de la Iglesia Católica quien sabe cuál es el orden del amor.
Se llama San Agustín, y sostiene sin pensar en el pecado del amor libre y , que el orden del amor es, no amar más lo que debemos amar menos, ni amar menos lo que debemos amar más.
Y entre más amamos más invasión del espacio público y más aumenten las ventas en la calle.
Amor erótico, “tan vivo”, sabiendo que es susceptible a la traición, y exigiendo que la fidelidad sea la recompensa a la entrega del amor.
Amores de vendedores de mercancía en la calle que en el día trabajan hombro a hombro esperando que haya gratificación al llegar pro la noche a casa, “Así sea un “ñerbito” como decía mi abuela que fue mujer carnicera.
Amor prolífico con dos o tres hijos jugando y creciendo en el puesto de los padres. Amor erótico que implica un número de actitudes: sólicito, responsabilidad, respeto y conocimiento.
Si amo soy solícito, es decir me intereso activamente por el desarrollo y la felicidad de la otra persona. No soy espectador pasivo, soy responsable, es decir respondo a sus necesidades, según el mismo señor Freud.
Ayer vine a saber que ya existe una orden de la autoridad mayor de la ciudad para no aplicar la ley cuando el amor erótico invade el espacio público. Finalmente, ojo al “parche”, que hay un patrón de relación que hace daño, es el maltrato.



