El cielo solo es para dos

Ángel Gómez Giraldo

La felicidad es un estado del alma pero el cielo solo es para dos cuando existe el verdadero amor.

Ambas cosas se ven reflejadas en el rostro de las personas. Y en todo aquello que los rodea, y es así:

El sábado 17 de agosto a las 4:00 de la tarde el sol entró por la cúpula del templo del Claret de Pereira, sector del lago Uribe Uribe.

Ingresó sin hacer destrozos pues ese día el astro rey estaba de buenas maneras.

Iluminó el altar mayor y los arcos semigóticos de la nave central de la iglesia, toda ella hecha una nube blanca.

Todo lucía impoluto. Hasta los santos tenían sus mejores galas.

Oficio de ángeles podría haber exclamado alguno, al ver la casa de Dios tan bien arreglada.

En el altar principal cuatro presbíteros de ornamentos blancos, concelebrando misa de matrimonio. Celebrante el párroco, Sigifredo López y tres concelebrantes, sacerdotes de la Diócesis.

A poca distancia de ellos, frente al comulgatorio y con disposición de sendos reclinatorios mullidos en terciopelo rojo y adornados con flores naturales, los novios, que ya habían sido unidos en matrimonio católico puesto que al ingresar ya avanzaba la eucaristía.

Lo primero que observé fue al novio que había tomado a la novia, (ya esposos), por el talle. Tan juntos los cuerpos ahora, que nadie se podría imaginar luego una separación. Ella de estraple blanco muy ceñido en la parte superior pero amplio abajo con un bouquet de flores pequeñitas de variados colores cogido con ambas manos.

El novio cual marqués a punto de desfilar con la realeza, metido en un traje de buen corte, color claro. Camisa blanca con una corbata tan ajustada al cuello que se podría pensar que le comprimía el pescuezo en amenaza de ahorcamiento. Mas no daba muestras de sentirse molesto. Se encontraba feliz ya que nunca antes había estado tan cerca de la mujer amada. Cuerpo con otro cuerpo para crear vínculo.

 

Amistad

El sacerdote celebrante durante la homilía se refirió a los novios con familiaridad y gestos amistosos. Los concelebrantes también.

Daba la impresión que eran de la casa de los contrayentes.

Al momento de distribuir la sagrada comunión los oficiantes con alegría, dejaron el altar y llegaron hasta los novios que los levitas habían hecho acompañar de los padres de cada uno. Luego a los padrinos y acompañantes.

Lo hicieron más que con devoción con una alta dosis de afecto.

Al llegar el momento de darse el saludo de la paz, los sacerdotes bajaron nuevamente del altar para abrazar a los novios y fue el momento en que se presentó un desorden en el templo para dar rienda suelta a los afectos. Conté 80 personas incluidos los desposados a quienes les sobraron demostraciones de cariño.

Conmovía de verdad una actitud tan amorosa de todos ellos. La misma que tuvieron los primeros cristianos quienes al encontrarse se saludaban de abrazo y beso en la boca, costumbre que desapareció con las pestes que vinieron a diezmar la humanidad luego. Físico miedo al contagio.

 

Como estrellas

Rostros en la iglesia de gentes sencillas pero tan bien ataviadas que parecían participantes de un festival de cine.

Cómo sería que las imágenes de los santos enclaustrados en hornacinas y repisas de madera dejaron sus expresiones de cielo ganado, y por unos minutos sonrieron con regocijo solidario.

Se veía, esta es la palabra, tanto amor en todos ellos que había hasta para regalar y quedaban toneladas.

Les aseguro que ninguna de las personas que asistieron a esta boda se dieron el lujo de reprimir abrazos y besos.

Una señora que se encontraba a mi lado, igualmente en el papel de observadora, habló para que la oyera: “Cómo la alegría les ha sacado el corazón. Se les ve por fuera”.

Cuando la misa concluyó los cuatro celebrantes visiblemente emocionados le gritaron a los novios: “Sean felices. Y nada de evitar comer perdices”. Así con el mismo tono amistoso con que se tratan los mejores amigos.

Lo que siguió fue revuelo general con la mejor fragancia del perfume Chanel y Hugo Boss.

Los novios dieron media vuelta y presidieron el cortejo nupcial hacía la calle por la nave central del templo. Detrás los acompañantes apretujados pero con prisa de fiesta.

 

En el atrio

Al salir al atrio, los esposos se detuvieron justo en la puerta principal y fue para las sonrisas más amplias, las fotos, los videos y las filmaciones. Un recuerdo feliz.

La novia toda una muñeca, rostro simétrico, terso, para una sonrisa eterna y aperlada. Cabellos negros, ojos igualmente oscuros y abiertos como para ver hacer magia.

El novio continuaba aferrado a la novia sacando pecho y dicha por el pecho.

Ambos casi iguales con el promedio de nuestra población que no es mucho pero crecidos por un amor sincero.

Nuevamente abrazos, aplausos, correteos de los niños pajecitos y pompas de jabón sopladas con entusiasmo.

Nadie se quería mover a sabiendas de que seguía la fiesta.

El fotógrafo Jaider Cañas y Diego Aristizábal de la Productora Audiovisual y Cinematogáfica Rockstar, en una acción de disputa por las mejores tomas e imágenes.

La crónica social de este periódico podría haber registrado esta boda en la edición del día siguiente así: En ceremonia católica celebrada el pasado sábado 18 de agosto en el Templo del Claret de Pereira, unieron sus vidas el psicólogo Cristian Camilo Rocha y la administradora de empresas Paloma Saires. Fueron sus padrinos Andrea Tabares y Juan Diego Henao. Felicidades.

Concurrida pues esta boda pero el cielo del amor verdadero solo es para los esposos Cristian Camilo Rocha y Paloma Saires.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 

2 COMENTARIOS

  1. Que lindo articulo acerca de este hermoso matrimonio: muchas gracias

    El novio es mi sobrino, por lo tanto los veo con más amor en este dia, junto a su bella esposa.
    Les deseo las más ricas Bendiciones, y que Dios conceda los deseos de su corazón.
    Felicitaciones mi Cami y Palo

- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -