El coronavirus y el sexo

Solo el casero porque la promiscuidad es el mayor riesgo de contagio, advierte la Dirección Nacional de Salud.

Ángel Gómez Giraldo

Desde su llegada a Colombia el 6 de marzo del presente año, el covid-19 fue recibido por muchos hombres como un chiste y a sus celulares empezaron a llegar videos insinuando con la imagen de una mujer joven y atractiva, el haberla “coronavirus”, palabra capciosa y de doble sentido para los adultos.
Días después cuando el gobierno tomó precauciones sanitarias y ordenado la cuarentena y el uso de tapabocas, el chiste desapareció.

Entonces fue cuando el coronavirus, para demostrar que no era ningún cuento chimbo empezó a cerrar los establecimientos públicos lo mismo que la escarcela de las trabajadoras sociales lo que se convirtió en una amenaza de acabar con la profesión más antigua del mundo.

Lágrimas
Todos los hombres, hasta los más fieles a sus esposas, lloraron cual ternero huérfano el cierre de los moteles ya que para el marido es mejor el contenido de la vecina y por muy exquisito que cocine la de la casa, es bueno salir de vez en cuando comer en la calle.
Así que hubo líbido acumulada ya que muchos y muchas viendo que no era suficiente llevar tapabocas, usaron también taparrabos. Malicia indígena, no más.

Más quién lo iba a creer, fue el mismo gobierno el que aflojó el cuerpo y abrió las piernas para demostrar que tener o no tener el coronavirus “es responsabilidad de todos”.
Fue así como el comercio empezó a abrir las puertas y cada día salían más personas a la calle a pesar de que la mascarilla las hacía irreconocibles.

Otra cosa bastante curiosa… fueron las mismas autoridades de la salud quienes en una demostración de hipersexualidad y de rechazo al coitos interruptos y a continuar en la mera abstinencia, el 2 de este mes se levantaron, fueron a la cocina y como encontraron la olleta bien caliente autorizaron a los moteles a reanudar el servicio de pecaderos suburbanos. Sin embargo el virus ya había sicosiado a muchos por ser causa de muerte.

Y como me señalaron los de la administración del motel As de Amor:“Aquí la cosa no está aún ni tibia. Más bien pocón, pocón”.
Yo entendí la información coloquial como que entre los clientes había cierta anafrodisia, desgano sexual y poca demanda de cama alquilada por temor al contagio y en consecuencia demoraría en regularse.

Abierto
“Abierto”, es el aviso de gran formato que ubicó el motel Castillo en todas sus redes sociales y en sus contactos telefónicos. Letra mayúscula como para que lo viera hasta el coronavirus, facilitándole así las cosas porque como es tan pequeño se mete por cualquier hendija.

Floja
Como la cosa anda floja en los moteles se ha innovado para atraer clientes remisos y se les está ofreciendo horarios de acuerdo con la edad y la capacidad de resistencia.
De domingo a jueves horario extendido cual largo es, de 6 horas. De viernes a sábado, 4 horas y es para los que acostumbran hacer siesta después del sexo.

Eso sí, son rigurosos los moteles con las medidas de bioseguridad. Lo primero que hacen con la pareja es fumigarla con alcohol que no es tan bueno para el hombre que se dispone a ir a la cama con una mujer porque es sabido que el licor en exceso termina durmiéndolo.

Allí, el despelote no es lo último sino lo primero ya que comienza al llegar para dejar los zapatos, los guantes y el tapabocas porque hacer sexo con estas prendas es pegarle un susto a las buenas intenciones.

Lo prohibido
No se permiten los tríos ni los cuartetos. Mucho menos las “bandas o pandillas”, solo la pareja porque allí no se va a dar serenatas sino a hacer el amor. Y se ofrece de todo para todas las edades a partir de los 18 años.

De los 18 a los 20 años, juguetes sexuales porque a estas edades el hombre todavía es un niño.
De 20 a los 40, sexo extremo.
Para los de 40 a los 60, sexo de aventura.
Y de 60 a los 80 solo revista Playboy.

En los moteles lo tienen bien claro: el ser huma no puede vivir sin sexo. Sigmund Freud la tenía claro: “La sexualidad es el centro en torno al cual gira la vida social como interior del hombre”.

El médico
Juan Morales es un médico conocido en Pereira por el ejercicio continuo de la medicina domiciliaria o sea que llega a todos los hogares para conocer las patologías de la familia. Sabe de contagios y descontagios entre los esposos.

¿Doctor Morales, la práctica sexual transmite el coronavirus?
No si se hace con la pareja permanente o la esposa fiel. El riesgo de contagio está en la promiscuidad. El hombre que a estas horas esté en el rebusque del ambiente del sexo, es hombre muerto. ¡Qué miedo!

Remata el médico con una recomendación para la pareja dispuesta al sexo, cargada de buena voluntad y humor: “Antes de ir a la cama con otra persona, mídale la temperatura para que no se queme”.
Como acaba de prevenirnos la Dirección Nacional de Salud: “Si cada colombiano no toma en serio las medidas, habrá más contaminados y más muertes”.

Cuando me encontraba escribiendo este texto, mi tía que con 96 años de vida no sabe lo que es sexo ni saxofón porque se quedó soltera y no se preocupó por aprender a tocar ningún instrumento musical, me consultó inocentemente:

¿Mijo, por qué habían cerrado los moteles?
Tía, por una cosita así de pequeñita que para contagiarnos es el berraco.

¿Y por qué los volvieron a abrir?
Tía porque el sexo es necesario.

Oiga esto: El papa reunido con los obispos el 8 del mes de septiembre del año 2014 les hizo levantar la cabeza diciéndoles: “No debemos luchar contra el sexo”.

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -