El destino final de los libros

Hay casas donde estorban, librerías donde los compran, anaqueles en las calles desparramados en la ciudad donde se venden, y otros abandonados por la desidia de burócratas del Estado

John Jairo Posada Castaño

En la Radio, en la frecuencia de nuestra emisora “Onda Libre”, sonaba una bella canción del Dueto de Antaño:  para que los libros, para que Dios mío, este amargo libro de la vida enseña…”

Un intelectual y profesor universitario como Jaime Ochoa Ochoa vive hoy un drama parecido a una película surrealista:

Comencé una colección de libros inicialmente de autores de la región, digamos pluri-étnica; pero Pereira no está sola, es parte de un conglomerado en esa época Departamento de Caldas, luego Risaralda que hay unir al Quindío, Antioquia, el Estado Soberano del Cauca con mestizos que es los que somos, pero con un pensamiento diverso que hacen que nuestra región tenga una actividad literaria supremamente dinámica y de libre pensadores”.

Prosigue con esa pausa de maestro que siempre le asalta:

Esa biblioteca personal la inicié porque quería recuperar la memoria escrita, de lo que habían hecho los pereiranos y la gente que era experta me decía: Pereira no ha producido, pero que equivocados estaban y que pena decirlo, porque vemos que ahora nuestra ciudad tiene una cantidad de excelentes escritores y cronistas y periodistas quienes han hecho de esta ciudad un verdadero oasis cultural para el país. La colección fue creciendo tanto que se desbordó.

El pero…

En el año 2000 subraya Ochoa Ochoa: Tuve la posibilidad de que el gobernador de Risaralda Carlos Arturo López de colocar mi biblioteca al servicio público en lo que hoy denominan Palacio de la Cultura Alberto Meza Abadía.  Allí en la esquina de la Calle 16 con carrera 10, todo el mundo cultural y estudiantil lo disfrutó y consultó.

Pero ahora ni siquiera me dejan entrar a ver en qué estado están, nadie me da una respuesta he tocado las puertas de unos cuatro gobernadores, de secretarios de la cultura para recuperar lo que me pertenece y no hay sino un extraño silencio oficial… -hace una pausa y remata- ellos me lo devuelven con una sola condición: –Bótelos, quémelos, haga con ellos lo que le dé le gana, pero sáquelos de aquí, desocúpenos, pero yo soy un educador y muchas tesis de varias universidades se han hecho con base precisamente a esa mi biblioteca, sin embargo, lo que ellos pretenden es que yo me vaya con esa cantidad d libros, pero es que no tengo realmente un espacio físico, donde puedan tener cabida alrededor de unos 30 mil libros. Mientras yo tuve acceso a mi biblioteca yo los conservé, pero en más de seis años ya ha problemas de humedad, de bichos de hasta dos y cuatro patas…

200 mil libros en la quinta

En este espacio de ciudad, hay una universidad, un viejo teatro, un almacén de coleccionistas, salas de estética, lugarcitos de bohemia para el alcohol, y la Librería Roma, donde cada semana hay una tertulia literaria coordinada por el poeta Alan González.

Pero allí periodistas, médicos, escritores, abogados y artistas se dan cita para hablar de lo que más les gusta: los libros.

Pero Adrián Emilio Osorio Cardona un   corpulento hombre quien se hizo en las frías calles de Manizales vendiendo a domicilio libros de segunda, con ganancias de primera, ha recibido el patrimonio de por lo menos cuatro reconocidas de Pereira con sus saldos finales, bibliotecas de prestantes hombres de la sociedad Pereiranos, quienes al morir sus viudas rematan lo que quedaba de sus esforzadas bibliotecas personales.

Allí los estudiantes, los padres de familia, los educadores consiguen los libros de primera y de segunda a precios mucho más razonables que en reconocidas librerías.

Mis éxitos son las ferias populares del libro voy a los pueblos, ahora estoy enviando saldos a hoteles, restaurantes, casas de moda de todo el país cuya decoración principal son los libros, el libro nunca muere y quiere que le dé un dato, hoy se están vendiendo un dos por ciento más de libros en el mundo que hace dos años, la literatura nunca va a pasar de moda y es una necesidad espiritual del ser humano.

La biblioteca…

Un cuentero y creativo cultural como Carlos Vicente Sánchez – Cavisa, quien regenta hoy los destinos de la Biblioteca Pública Ramón Correa de Pereira, nos revela: –Que hoy por hoy, tenemos 40 mil en este momento y 40 mil digitales”.

De acuerdo al censo que ellos manejan nos indica además que –Las mayores consultas son las de ficción y literatura.

Pero ello, a raíz de una iniciativa que apoya el Alcalde de Pereira Carlos Maya tiene una serie de colecciones basadas en dos estrategias culturales:

Una que es La Chambrana, donde se editan alrededor de 30 mil libros de bolsillo para ser repartidos durante todo el año en instituciones educativas para promover la cultura al público en general y de forma gratuita. Y el otro, es la colección e escritores Pereiranos que se hace mediante convocatoria anual concurso literario donde un jurado externo fuera de la ciudad decide que obras de cuento, novela o poesía merecen ser publicadas y a esos escritores se les da también un premio económico con recursos de la Secretaría de Cultura.

El ocaso del puestico de entonces

Luz Marina León, nos recibe con nostalgia, hace unos diez años la entrevistamos para la tele y orgullosa me contaba que vendía unos cien libros al mes, esta tarde calurosa de mayo en la Plaza de Bolívar de Pereira, me indica con desconcierto que apenas logra vender un libro por semana.

Y es que Luz Marina, lleva allí sentada en su rincón aledaño a la calle de Él Tuvo, unos 30 años dice sin parpadear: –Actualmente lo que más compran son textos de psicología y superación personal, novelas y de autoayuda, -deja asomar la tristeza, pero solo sus lágrimas no hacen ruido al caer con su danza de dedos mientras repasa un texto me dice en forma lacónica:

Periodista esto ya no es como antes, pero no se hacer nada distinto que vender libros, lo nuevo es solo dejar que un cliente se lleve el quinto de la lotería de la ilusión efímera, a ver si ganamos algo distinto a las promesas de los políticos cada cuatro años.

No hay nada más que decir este domingo sin lluvia, pero sí, mucha crónica por leer y sobre todo por escribirlas.

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