Hernando Uribe Uribe
Julio César Uribe Acosta nació en Mistrató, municipio que para la época pertenecía al entonces Departamento de Caldas. Posteriormente su familia se radicó en Pereira y aquí pasó a ser estudiante de bachillerato del Colegio Deogracias Cardona. Siempre fue -y lo conservó a lo largo de su vida- una persona brillante: brillante como estudiante de bachillerato, brillante como estudiante universitario y brillante en sus estudios de Especialización. Gracias a esa dedicación al estudio obtuvo una beca para realizar su carrera en la Universidad Nacional de Colombia de la que egresó como abogado y también obtuvo otra para estudiar una Especialización en París, Francia.
Antes de que la memoria me traicione me parece muy importante destacar como fundamental en la vida de Julio César Uribe dos aportes: el primero su familia, sus padres y sus hermanos con los que siempre luchó hombro a hombro por sacarlos adelante, y en segundo lugar los libros, siempre fue un hombre enamorado de los libros y de la lectura y uno de los consejos que yo tuve la oportunidad de escucharle y que frecuentemente le daba a muchas personas era el de la espiritualidad. Les decía a las personas cuando entraba en confianza con ellas: espiritualicese que es lo único que nos queda en la vida.
Rápidamente contada su faena y sus actividades como bachiller, universitario y profesional especializado, el primer puesto que tuvo en la función pública fue el de Juez Civil en Riosucio (Caldas), seguramente por esa primera actividad le tomó un especial cariño a ese municipio, toda la vida amó profundamente a Riosucio y allí tuvo magníficos amigos y hasta ejerció un poco la política en esa parte del entonces también Departamento de Caldas.

El Palacio de Justicia fue tomado por la guerrilla del M-19 y retomado, a sangre y fuego, por el ejército colombiano en noviembre de 1985
Entre sus funciones públicas, además de Juez Municipial, están las de Secretario de Gobierno y Secretario de Hacienda del Departamento de Caldas en la época de los Gobernadores Ramón Marín Vargas y Álvaro Campo Posada. Además en Caldas (seguimos hablando del antiguo Caldas todavía), fue Gobernador encargado en distintas oportunidades, vendría luego su labor como Secretario General de la Flota Mercante Gran Colombiana, un organismo que pertenecía a la Federación Nacional de Cafeteros y al que le cogió especial cariño. Julio César amó esos años en los que estuvo en la Flota Mercante Gran Colombiana y ese puesto de la Secretaría General lo utilizó -entre otras cosas- para ayudarle a muchísima gente a vincularla a la Flota especialmente gente perteneciente al municipio de Riosucio. De la Secretaría General en la Flota Mercante Gran Colombiana llegaría la época de su actividad y de su labor como Magistrado del Consejo de Estado, específicamente en la Sección Tercera, y también sobra decir que ese paso por el Consejo de Estado fue bastante importante en su vida y en la de mucha gente porque fue una posición que ejerció con especial brillantez.
Otra característica, indudablemente, fue su facilidad de expresión. Uribe Acosta era un hombre de una gran facilidad de expresión, un excelente expositor, un excelente conferencista, un excelente orador, en el Consejo de Estado estaría en un paso prolongado y brillante hasta el momento de lograr su pensión en 1995 como Magistrado, de la que venía disfrutando en Bogotá donde residió la mayor parte del tiempo y luego en Santa Marta donde acaba de fallecer a la edad de 90 años. Pero insisto que las dos características fundamentales de Julio Uribe Acosta fueron su apego y su amor por la familia y su apego y su amor por los libros, a esos dos amores dedicó absolutamente toda su vida.
Fué, además, un enamorado de la docencia universitaria, la cual ejerció por muchos años en la Universidad La Gran Colombia en Bogotá y en otros centros de educación superior. Así como también fue un gran amigo y fiel seguidor de Álvaro Gómez Hurtado.
Un episodio que sin duda marcó su vida, como marcó la de todos los colombianos, fue la del famoso holocausto del Palacio de Justicia en noviembre de 1985. Ocurrió, dentro de los recuerdos que tengo sobre esa toma al Palacio de Justicia, que para un periodista como era en mi caso en Pereira, era francamente imposible o por lo menos muy difícil cualquier cubrimiento sobre lo que estaba aconteciendo en ese escenario. Pero recordé que en la toma del Palacio de Justicia, como Magistrado del Consejo de Estado estaba el doctor Julio Cesar Uribe Acosta y en las distintas entrevistas que amablemente me concedió sobre esos trágicos sucesos, me contaba -por ejemplo- como él buena parte del tiempo permaneció debajo del escritorio porque las balas eran toneladas, de manera impresionante, por los integrantes de la guerrilla. Sin embargo logró salir con vida del incendiado Palacio de Justicia cuando decidió echarse a rodar por las escalas desde un cuarto piso donde estaba su oficina hasta el sitio donde fue rescatado por el Ejército. Decía él, sobre los riesgos de haberse lanzado en esa forma para salir del Palacio de Justicia, que prefería morir con una bala y no incinerado en las llamas del mismo Palacio de Justicia.
Pero hay un episodio llamativo, para mí personalmente bonito, en la primera entrevista que yo logré hacerle cuando obtuve esa comunicación con él en plena toma y retoma del Palacio de Justicia, mi primera pregunta fue: “doctor Julio Cesar Uribe Acosta, ¿usted tiene miedo?”, y la respuesta de él que tampoco se me olvida fue citarme una frase de Martin Luther King y me decía: “Periodista, recuerdo la expresión de Martin Luther King “El miedo tocó a la puerta, la fe fue a abrir y no vio a nadie”, yo también tengo fe y confío en que de aquí vamos a salir bien librados”, expresión -le repito- de Julio Cesar Uribe Acosta cuando logró salir del Palacio de Justicia.
Realmente en ese momento cuando yo logré la entrevista era la única que se había obtenido con un Magistrado del Consejo de Estado porque hasta ese momento las únicas entrevistas eran con empleados y empleadas de la cafetería del mismo Palacio de Justicia, pero todavía ningún periodista había logrado conversar con uno de los Magistrados, bien fuera del Consejo de Estado o de la Corte Suprema de Justicia. Entonces quizá por eso la tomaron medios internacionales, como el periódico The Washingtong Post, como una entrevista por lo menos muy oportuna, porque era la primera con un Magistrado del Consejo de Estado en los precisos momentos en los que se producía la toma y el fatal incendio del Palacio de Justicia.
Julio CésarUribe vivió otro episodio llamativo, de verdad que sí. Transcurridas varias semanas de los incidentes del Palacio de Justicia, él tuvo que venir a Cartago a una diligencia X, se alojó en uno de los hoteles de la ciudad y estando allí tomó el ascensor desde un cuarto piso para bajar al primero de salida del hotel. Pues ese ascensor se vino abajo desde el cuarto piso y tampoco le ocurrió nada grave, salió totalmente indemne de ese episodio. Entonces decía jocosamente que para alguna cosa importante lo debía tener Dios cuando ni en el Palacio de Justicia ni en el ascensor del Municipio de Cartago había sucumbido.
Paz sobre el tumba de Julio César Uribe Acosta, de quien se puede decir con justicia que pasó por la vida haciendo el bien.



