El patio

Ángel Gómez Giraldo

Sí, el patio, ese espacio cerrado por paredes, también huerto en la parte posterior de las viviendas.
En algunas casas el patio fue compartido por dos edificaciones.
Cuando era el caso llevaba el nombre de almizcate, palabra de origen arabe que al ser pronunciada deja un sabor a tamal con carne de camello.
Estaba sobre todo en las casas de dos pisos y tejas de barro cocido que fueron levantadas durante la migración antioqueña.
Paisas del sur de este departamento, con más entusiasmo y ambición que la primera migración en el año de 1863.
Se dice que finalizando el siglo 18, el pueblo de la fundación ya contaba con 15 almacenes, 12 tiendas de abarrotes, 3 cacharrerías, 3 farmacias y 10 compras de café.
¿Y cómo se sentía la población que ya comenzaba a contar con ciertos lujos gracias al dinero que daba la venta de café y la actividad comercial?
Todo parece indicar que “sabroso”, pues muchos se enriquecieron para ser las primeras familias del pueblo y formar la alta clase social de guantes y sombrero.

La diversión
En cuanto a la diversión de los primeros habitantes estaba en la misma casa.
Se distinguían porque la gente rezaba y hablaba mucho de los demás.
Las fiestas igualmente se realizaban en la casa y no eran fiesta sino repichinga, otra palabra que llegó usando breeches, prenda de vestir femenina que consistía en pantalones para que la mujer montar a horcajadas y que cambió en ella la costumbre mojigata de ir en la bestia de lado y con falda ancha para no mostrar piernas.
El término horcajadas si lo pone a uno a mirar para el otro lado, pero según el diccionario no es más que la manera de montar a caballo echando las piernas por cada lado.
La pura verdad, la diversión de los periranos estaba donde permanecían las mujeres, en la casa.
Según los cronistas e historiadores del libro “Anotaciones del pasado pereirano”, el primer teatro aquí apareció en una casa grande, cuando aún las viviendas tenían techo de paja. Uno de estos historiadores dice que las casas eran “pajizas”. Y que Dios nos perdone el doble sentido.
La casa sede del teatro se encontraba en la cra. 8 entre calles 18 y 19, precisamente donde más adelante abrió sus puertas el Teatro Caldas que tuvo larga vida como sala de espectáculos y donde se proyectaban películas.
También fue teatro de mucha pluma y espuela ya que en ocasiones se convertía en gallera y a veces hasta en circo.
De lo más cierto, ya que se sabe que aquí se presentó la primera compañía de acróbatas de español e italiano, los mismos que trajeron cantantes y barítonos de Europa para que presumiera de mucha gala la espuma de la sociedad de un pequeño pueblo decidido a echar p’lante.
Hasta vino un circo con todas sus instalaciones, además de chimpancés, chivos y hasta burros que sorprendieron y escandalizaron a las señoritas de la época.
Como sería de chistoso ese desfile de animales y payasos en un pueblo aún de vida casi pastoril.
Pero la narración histórica continúa de la siguiente manera:
“El primer circo de toros, fue allí en el Teatro Caldas”, añadiendo que con anterioridad la casa había sido adaptada y acondicionada para ese acto con un balcón especial.

Lo nuestro
En el patio de la casa de la familia Marulanda de mucho respeto en la Perla del Otún, calle 19 carreras 6 7, se presentó la primera compañía dramática nacional.
Y el plúblico tan romántico y sensibilero de esos años debe de haber inundado la casa con suspiros y lágrimas.
Un recuerdo agrio fue que la casa del Teatro Caldas, “sirvió además de zoológico con una inmensa jaula donde hacía presencia una tigresa, hembra del tigre, con otra acepción de alto riesgo: mujer belicosa”.
Al terminar el show con el bello animal, era premiado con los gallos muertos en las celebradas riñas al que asistían solo hombres. ¡Vaya qué triste espectáculo!
Y la que hizo el ciudadano llamado Bonifacio, el Bad Bunny de antaño:
En el patio de su casa instaló el primer carrusel o tiovivo, que estaba ubicada donde hoy es el Soratama, hotel de bella lámpara que ilumina y adorna el hall del mismo.
Pues sepan que el carrusel en mención terminó siendo burla para los campesinos del municipio de Pereira los que llegaban el domingo al casco urbano para asistir a la santa misa y más adelante a disfrutar del carrusel o del novedoso entretenimiento.
Y era que su funcionamiento dizque dependía de una cuerda mecánica que al girarla le imprimía movimiento y a la par se escuchaban balses de Strauss.
“Era divertídisimo ir allí la mañana del día festivo pues los campesinos torpes e inexpertos en dar vueltas sobre este aparato terminaban siendo víctimas de caídas para cuadros muy chistosos que para los de la ciudad no era más que chacota”.
Finalmente, si los hermanos, Juan María, Valeriano y Javier Marulanda tuvieran la oportunidad de volver a este mundo y recorrer el centro de Pereira, se alegrarían de que muchas de las casas que no aceptaron la nueva arquitectura para ser reemplazadas por elevados edificios de apartamentos, se quedaron con el patio y el huerto interior siendo hoy restaurantes, bares y cafés para mantener el espiritu de los pereiranos bien alegre.
Sí ven, muchachos, nada cambia.

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