Alberto Rivera
ació en Quinchía pero su bautizo lo afincó en el occidente del Viejo Caldas. De ingeniero mecánico y docente universitario para ganarse la vida, terminó hilando fechas y acontecimientos, además rescatando nombres perdidos e historias para que la memoria de hoy no los olvide.
Y su reciente libro “Crónicas de Opirama. Sotanas, guapos y guarnieles” es ejemplo de ello, pues trae a colación 93 textos ricos en historia y literatura para que el lector se adentre en la picaresca, las leyendas, las historias contadas por los abuelos y recogidas además desde ajados periódicos de la región.
El libro recoge historias con pincelazos de ficción y leyendas entrelazadas; vienen de la cantera cultural de un pueblo mágico donde todo es posible y mucho de lo dicho sucedió o pudo suceder y plasma en sus páginas el pasado de una aldea enquistada en la historia.
Los textos de esta obra entregan la visión de un pueblo aferrado a la montaña, de una comunidad que ha sobrevivido a los españoles, a los caucanos, a los antioqueños y a los bandidos que han querido arrebatarles la tierra, el oro y la existencia.
¿De dónde viene Opirama?
En la colonia los cronistas hablaban de Opirama que significa dos cosas: Un cerro con muchas leyendas e historia y una aldea de donde sacaban sal. Cuando Robledo llegó a estos territorios había un montón de rancheríos al lado de las fuentes salinas y en un ojo de agua salada estaba Opirama que sobrevivió hasta el siglo XVIII y luego el pueblito lo pasaron para Quinchía, el conquistador mandó a quemar los ranchos para que la gente no volviera y hasta entonces existió la aldea de Opirama.
Pero quedó la leyenda…
Y es muy interesante. Según la mitología anserma y una parte quinchía, el dios de ellos era Xixaraca y vivía en la parte alta de cerro Batero, era el dios del bien. Pero la contraparte eran los tamaracas, que vivían en la base de Opirama. Xixaraca hizo un hueco, los metió allí y les puso el cerro encima, pero los tamaracas eran muy vivos y de vez en cuando salían y se mimetizaban en enfermedades y en todo lo malo que había y Xixaraca los volvía a encerrar. Es muy bueno recuperar todas esas leyendas y por eso el nombre del libro. Gran parte de las historias giran alrededor de Opirama, pero hay otras del occidente de Risaralda y de Caldas.
Hay tres frentes en la obra…
Sotanas cuenta las historias de curas y monjas, buenos y malos, los que hicieron mucho y los que hicieron poco, también están allí la Madre Laura y el curita Herrera que se opuso a la carretera de Quinchía para que no perdieran la virginidad las muchachas del pueblo.
Los guapos recoge las historias de todos aquellos que rastrillaban peinilla y crearon leyendas y guarnieles, como en los carrieles, donde cabe de todo un poco.
¿Esta investigación adobada de crónica cuánto tiempo le tomó?
Más de 30 años y hay muchas crónicas que se publicaron en El Diario, otras en La Patria, en periódicos de otras ciudades. Son historias de toda esta zona, muchas tienen que ver con los cerros Batero, Gobia, Puntelanza, Cantamonos, Yarumal y los pueblos alrededor y el río Cauca.
¿Cuáles fueron las fuentes de estas historias?
Es historia menuda, de palabra, de punto y cadeneta, de tinto con el viejito del pueblo para que cuente historias. Así que hay conversaciones, apuntes de bibliotecas particulares, archivo notariales, y parroquiales. Con apenas datos se arman las historias incompletas y la creación literaria nos da la oportunidad de generar lo que falta sin falsear la historia, así que con literatura se enriquecen los momentos narrados y eso no le quita veracidad al relato, pero si le pone sal y pimienta. Me divertí mucho recopilando este trabajo y encontré artículos publicados hace 20 años de los que no me acordaba, entonces los retomé y enriquecí.
¿En qué va su historia de Quinchía?
Hay avances importantes. Se ha escrito sobre Quinchía pero sobre una visión desde los autores en la zona urbana, pero falta la historia que incluya también a todos los corregimientos como Irra, Naranjal, Batero, Santa Elena. Ya tengo una visión general del territorio y estoy trabajando con mucho entusiasmo en ese libro.
Libros y distinciones
Alfredo Cardona Tobón tiene varios libros en remojo, La Princesa Maga que recoge sus cuentos, hay uno más de crónicas y trabaja con ahínco en la historia de Quinchía.
Es autor de Quinchía mestizo; Ruanas y bayonetas; Indios, curas y maiceros; Los caudillos del desastre; Historia y memoria e Historia rural de Pereira. Es coautor de La historia a través de los caminos, Risaralda siglo XXI y Al recio empuje de los titanes
Ha recibido distinciones como la Orden José María Restrepo Maya-Centro de Historia de Manizales, la Orden de San Andrés- Quinchía y es profesor honorario de la Universidad Autónoma de Manizales.
Es Miembro de Número de la Academia de Historia de Caldas, de la Academia Pereirana de Historia y del Centro de Historia de Manizales



