Angel Gómez Giraldo
El lunes 7 de febrero fue un día de Pereira chapolera, bien pintada, de buen cuerpo arquitectónico. Solo la inquietaba la persistencia de los contagios del Covid-19.
Los periodistas y comunicadores veían venir el miércoles 9 de febrero, su día clásico, para brindar con el pueblo y las autoridades la objetividad de la noticia. Preparaban sus mejores trajes pues saben que tienen una profesión elegante.
Pero había una nueva ola invernal como para remar. Había igualmente preocupación por los estruendos de las nubes.
Al amanecer del martes 8 de febrero, víspera del día del periodista, se le vino encima a la ciudad una noticia anunciada, la montaña-pared de la avenida del Río y del barrio La Esneda que estaba dormida despertó mal humorada y sepultó casas y habitantes aún en la cama y soñando con vivir la vida.
Fue entonces cuando la tragedia llegó de madrugada y no hubo tinto ni pan que supieran bueno para los hombres y mujeres de Pereira y Dosquebradas quienes escuchaban los gritos de pánico y el llanto de los vivos sacando de entre el lodo y los escombros a los muertos.
Los periodistas de los medios de la ciudad no despertaban, era la víspera de su fiesta y había que recuperar energías gastadas en el ajetreo de informar para disfrutar del evento del 9 de febrero que anualmente ofrecen las autoridades y empresarios periodísticos.

Las botas empantanadas y algunos de los periodistas y reporteros gráficos que cubrieron los trágicos hechos de la Avenida del Río y el barrio La Esneda.
A las botas
Efectivamente, no despertaron, los despertaron sus directores y jefes de redacción quienes duermen con un ojo abierto y un oído despierto: “Reporteros, afuera está la noticia, a ponerse las botas”.
Sí porque el periodista reportero es quien lleva a la sala de redacción la información para hacer la noticia.
Se dijo que desde hacía 40 años la montaña y el río tampoco despertaban para crear lo que muchos observadores de la capital de Risaralda veían venir, otra tragedia anunciada para 17 víctimas y más de una decena de heridos.
El 8 de febrero los periodistas tampoco desayunaron y al almuerzo tuvieron como entrada, un inicio pensado de la noticia o lead que es la fórmula inicial de la misma.
Los reporteros gráficos con los otros periodistas llegaron a capturar imágenes de la emergencia, porque una fotografía en el periódico muestra la noticia.
La ilustración en el diario es soporte fundamental del texto informativo.
Sentimiento
Jessica Ceballos Andrade, periodista de El Diario de Pereira, llegó al sitio con las botas bien puestas y al ver la muela en la montaña que produjo el desprendimiento de tierra, sintió fatiga y a la vez recordó lo que le había dicho sin tono de premonición, su querido amigo Carlos, ahora en el paraíso, mientras miraban abrazados de lejos la peligrosa montaña: “Dios quiera que no sea causa de una nueva tragedia”.
Tragedia que ella estaba viendo para una información de primera mano, y cuenta que quiso llorar pero no lo hizo porque los periodistas no lloran, informan.
Era la primera vez que hacía reportería judicial y, prácticamente, comió barro porque cayó sobre el lodo de la tragedia pero se levantó consciente de su deber.
Alexandra Moncada, de Q’Hubo, dejó su amplia sonrisa en la casa y al igual que Jessica, su colega y compañera en el oficio, comió barro de ese con que se hace la crónica judicial.
-Mi impresión fue de terror y deseo de huir, mas pude controlar mis sentimientos. Los periodistas sabemos cómo hacerlo- contó.
Como un soldado dispuesto a la batalla por una información verdadera estuvo el reportero gráfico, Carlos Andrés Otálvaro Rojas, enviado por El Diario de Pereira y el Q’Hubo.
Su impresión fue de tristeza: “Parecía llegado a un sitio donde se ve como algunas personas anochecen pero no amanecen”.
Después llegó Roberto Betancurt, reportero gráfico oficial de El Diario, con su corazón de gladiador y cámara digital que ama desde que la tuvo en sus manos por primera vez: “Y sí, sentí que estaba presenciando una escena del juicio final, desgracia y dolor humano, pero tenía que ser fuerte, como fuerte es la noticia judicial”.
Al periodista y abogado Jhonny Saavedra, corresponsal de RCN TV., le queda una anécdota:

La dirección del noticiero le había otorgado un descanso de cinco días y se encontraba ese martes de “locha” en una pequeña isla cerca de la ciudad de Cartagena.
Lo despertó desde Pereira a punta de celular su festiva esposa y lo enteró de la noticia trágica con que había amanecido la Ciudad sin Puertas.
Regresó el periodista a Pereira y se sintió disminuido como persona al verse obligado a cubrir la información de tanta muerte y dolor en La Esneda.
Para no derrumbarse como periodista, sacó fuerzas de flaqueza y siguió grabando imágenes y haciendo entrevistas a los sobrevivientes, con serenidad.
Fredy Gómez, de noticias Caracol televisión, hizo trabajo duro para una corresponsalía oportuna y veraz.
En la pantalla lo vimos impertérrito, nada de susto: “Claro está, Ángel, que uno es humano y siente dolor de muela en las emergencias donde se presenta pérdida de vidas y desapariciones de personas”.
Linda Rincón del , con ánimos de periodista nueva, sufrió de ahogos con el suceso pero llevó a su periódico “la noticia como es”.
El último
El viernes 11 de febrero hizo presencia Davison Tangarife, el otro reportero gráfico del Q’Hubo: “Sentí que el dolor ajeno me molía cuerpo y alma”.
No era para menos, le correspondió el rescate del cuerpo ya sin vida del joven Franklyn Estiven Velásquez el cual permanecía sepultado bajo una enorme piedra, lágrima de rabia de la montaña que dejó caer una parte suya antes de que saliera el sol en la trasnochadora y morena.
El fin
Al día siguiente, sábado, El Diario de Pereira tituló: “Finalizó la angustia”.
El hallazgo por fin del cadáver del joven reportado como desaparecido desde un comienzo correspondía de verdad a Franklyn.
Los lectores observando las imágenes y leyendo la noticia en El Diario, sintieron asimismo escalofrío, malestar que cualquier persona siente cuando repasa los muertos, las guerras y las catástrofes registradas directamente por una fotografía o video, al decir de Darío Jaramillo Agudelo, en la presentación de una revista sobre la obra de Rober Capa, reportero gráfico norteamericano.
Finalmente, Liliana Cardona Marín de El Diario, después del vendaval que causó destrucción y muerte en sectores pobres de Pereira y Dosquebradas, fue patética al escribir en su periódico: “La avalancha pasó, las víctimas fueron rescatadas, los damnificados están siendo censados, las ayudas en especie no paran, pero queda una sola petición por parte de la comunidad, que el lunes siguiente las autoridades y los pereiranos no empiecen a olvidar que esto pasó”.



