Génesis de una catástrofe

Julián Alberto García Lozano.
La ola invernal o en su defecto la seguía siempre nos genera dificultades, caos y aún costosas vidas humanas, pero lo que aún no terminamos de entender es que nosotros somos los directamente responsables de que esos cambios terminen por afectarnos dados los hábitos tan desordenados que hemos adoptado.

Un papelito arrojado al suelo por pereza, la quema de basura por estética, un árbol talado porque estorba, desperdicios arrojados al río por economía, bombillos encendidos sin necesidad por un olvido involuntario, desechos de servilletas por montones porque son baratas, montañas de pañales desechables por sentido práctico, fumamos y fumamos por elegancia, icopor y más icopor porque es la moda, bolsas plásticas porque finalmente algún día se desintegrarán, el vehículo con emisiones de gases porque la tecnomecánica es costosa, no plantamos árboles porque no es mi responsabilidad, malgastamos el agua en casa porque la factura la pago yo, reciclar es labor de otros, sobrecargamos el celular para que quede bien cargadito, prefiero mi carro al servicio público porque tengo afán, tres televisores en casa y bien grandes porque a los niños no les gusta lo que me gusta a mí, esperando el agua caliente de la ducha porque hace mucho frío, lavamos el auto en casa con agua tratada para entretenerme un poco, es mejor prender el aire acondicionado que abrir la ventana; estas y muchas prácticas mas se volvieron habituales en nosotros y juramos que ningún daño le están haciendo al planeta porque es de vez en cuando que lo hacemos, además no pretenderán cargar sobre mis espaldas la responsabilidad del calentamiento global cuando eso es competencia de las grandes potencias del mundo, no de los ciudadanos que en él habitamos.

Nuestro afán desmedido de riqueza y de poder, nuestra miopía crónica y la pésima administración de los recursos nos ha llevado a tener que soportar con la cabeza gacha los embates de una naturaleza desenfrenada que reclama sus derechos, grita de dolor y desborda su ira reprimida.

Los glaciales se están derritiendo paulatinamente, las abejas se están muriendo y con estas perdidas la vida se va despidiendo del planeta, muchas especies de plantas y aves se han marchado para jamás volver, la frontera verde del bosque se retuerce ante los embates del cemento, el hambre se hace mas frecuente, la sed más angustiosa y el agua que antes regalaban a montones hoy tenemos que comprarla y es artículo de lujo es muchas partes del mundo, pero seguimos pensando que lo que necesitamos son más pozos petroleros.

Este maravilloso planeta es un divino regalo del Altísimo, es una preciosa herencia que nos dejaron los abuelos, aun podemos gozar de la magia de un amanecer esperanzado, de una cálida tarde de verano y de una apacible noche de fulgurantes estrellas, aún disfrutamos de ríos limpios, del canto de las aves y del esplendor de un jardín en flor; ¿Qué le dejaremos a nuestro nietos por herencia? Solo fotos y videos de un bello pasado o un basurero maloliente y estéril por vivienda.

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