“Estamos hiperconectados pero nos encontramos solos”
Timanfaya Hernández es decana del Colegio de la Psicología de Madrid, es también especialista en maltrato, abusos sexuales, violencia de género y enfermedad mental grave.
El acceso a la atención psicológica, la sobreexposición digital, la soledad en una sociedad hiperconectada y la falta de tolerancia al sufrimiento son algunos de los grandes retos que enfrenta hoy la salud mental. Así lo advierte Timanfaya Hernández, nueva decana del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid. Con formación en psicología sanitaria y forense, defiende la necesidad de normalizar el cuidado emocional y reforzar los recursos públicos: “No todo lo que nos pasa es una patología, pero tampoco todo puede resolverse sin ayuda profesional”.
¿Cuáles son los principales problemas en salud mental y psicología?
Yo creo que no existe un único problema. Actualmente cada vez somos más conscientes de la importancia de la salud mental en la vida de las personas.
El ritmo de vida que imprime la sociedad en la que vivimos nos afecta a nuestra salud psicológica. Yo creo que uno de los retos que tenemos que seguir trasladando a la sociedad es visibilizar el acudir a la consulta psicológica y hacer que todas las personas tengan acceso de una forma garante.
Aun así, tampoco podemos psicopatologizar absolutamente todo lo que nos pasa en la vida. Hay muchas cosas a las que nos vamos enfrentando que son parte de la vida y tenemos que aprender a gestionar. Yo suelo decir que en el término medio está la virtud.
¿Crees que la sociedad tiene suficientes herramientas como para gestionar sus problemas?
Hay que defender desde la profesión que cuando estamos viviendo una problemática relacionada con nuestro bienestar psicológico, acudamos a los profesionales adecuados porque no todo sirve.
Tenemos que hablar de salud mental, de problemas emocionales y de cotidianidad, de qué es lo que nos pasa a las personas cuando sufrimos y cuándo es el momento en el que una persona debe decidir acudir a una consulta psicológica porque es incapaz de manejar situaciones con las herramientas que tiene.
Creo que somos una sociedad con muchos medios para seguir avanzando, pero no todo el mundo vive en las mismas condiciones y hay personas que evidentemente son más vulnerables.
La cuestión no es tratar a todo el mundo de la misma manera, sino detectar aquellos colectivos, aquellas personas que son más vulnerables.
Estoy convencida de que nuestra sociedad es fuerte y el avance del tiempo también nos va obligando a ir poniendo pilares diferentes a los que teníamos.
¿Hoy en día somos menos tolerantes al sufrimiento?
El sufrimiento no es que sea ni más ni menos, cada uno lo vive de una forma. Yo creo que la parte en la que entramos en la crítica, especialmente a nuestros y a nuestras jóvenes, es un error.
Las épocas cambian, las vidas cambian y también estamos viviendo situaciones que antes no vivíamos. Aunque estamos hiperconectados, en muchas ocasiones se aqueja una soledad muy importante. Esto tiene que ser escuchado. Nunca tiene que ser invisibilizado o minimizado, porque esa no es la forma de tratarlo.
También creo que llevamos un ritmo de vida acelerado gracias a todos los medios que se han puesto a nuestra disposición. El gran avance tecnológico que ha supuesto los últimos años nos hace ser menos tolerantes a cierta frustración. Cada vez estamos más acostumbrados a tener las cosas aquí y ya de forma inmediata, a no tener tiempos de espera.
Ya no esperamos lo mismo de nuestros entornos más cercanos, con nuestras amistades, con nuestras parejas, con nuestra familia. Yo creo que esos modelos están cambiando y es muy necesario poner el foco en ver cómo está afectando. No solo porque está cambiando, sino porque afecta a la persona y si se presenta una sintomatología que trasciende, tiene que ser tratada.
¿Cómo son los patrones relacionales entre los jóvenes?
Me preocupa que sigue habiendo indicadores de situaciones de violencia en parejas muy jóvenes. Ahora mismo nos es mucho más fácil identificar determinados tipos de violencia porque somos mucho más conscientes, lo que ha supuesto una evolución.
Ahora hay otras formas de violencia a través de las redes sociales, las formas en las que nos relacionamos… Hay muchas cosas de las que tenemos que ocuparnos y preocuparnos los psicólogos, pero sin alertar.
También hay que decir que tenemos una población también joven que es fantástica, porque si no siempre mandamos el mensaje de que parece que los jóvenes no saben. Gran parte de la población joven es estupenda.
¿Cómo se identifica una relación tóxica o dónde hay violencia?
Cuando una relación es sana, se percibe. Es un sentimiento muy claro. Ninguna de las formas de control, sea como sea, ninguna situación en la que una persona se está sintiendo mal por cómo es tratada, ni ninguna forma de humillación, es una relación sana.
No se trata solamente de la violencia física o la violencia psicológica que estamos acostumbrados a ver, sino en otros entornos, como los digitales, que suponen otras formas de control.
Se trata de darse cuenta, de que la sociedad evoluciona y que las problemáticas simplemente no es que sean ni más ni menos graves como digo, sino que son diferentes y que tenemos que poner el foco en aquello que ahora mismo es necesario.
¿Qué diferencias has observado en cuanto a cómo se vive la sexualidad hoy en día y en todas las edades?
Desde el Colegio se empezó a trabajar ya de manera temprana. Se ha detectado que las relaciones sexuales en jóvenes cada vez son más tempranas.
También se han distorsionado a través de medios que están muy alejados de la realidad, como puede ser el uso de la de la pornografía. Esto pone encima de la mesa el acceso a dispositivos móviles.
Cómo aprendemos a relacionarnos en la esfera sexual está muy alejado de lo que en verdad tiene que ver con lo humano, lo sensible, lo que realmente conllevan las relaciones sexuales.
Creo que estamos perdiendo de alguna forma la parte de lo emocional, del bienestar, de la relación, del relacionarse, del comprender… Tendemos a buscar las relaciones rápido y buscar otra cosa que nos satisfaga. Hay que aprender a comunicarse, generar otro tipo de emociones y no dejar en la superficie aspectos tan importantes como son los planos más íntimos.
Tu eres psicóloga forense de formación ¿en qué consiste la psicología forense?
Lo que hacemos los psicólogos y psicólogas forenses, a pesar de años de evolución, sigue siendo muy desconocido por la sociedad.
Está muy unida a todo lo que tiene que ver con el ámbito, se llama forense por el “foro”, es decir, todo lo que tiene que ver con el ámbito judicial. Lo que hacemos principalmente es asistencia a los actores jurídicos, lo que abarca distintos contextos, como los penales, familiares y sociales.
Ante un delito, la psicología forense evalúa psicológicamente con una metodología muy concreta y una estructura que tiene que ser muy estudiada, si esa persona está aquejada de cierta patología o no, además de las secuelas que va a sufrir la víctima.
Al final, como yo digo, estamos inmiscuidos de alguna forma en los procesos más escabrosos de la sociedad. Creo que es importante poner de manifiesto la necesidad de que profesiones como la psicología forense estén reguladas, es decir, que solamente puedan desarrollarse porque tengan una formación y una experiencia regladas.
¿Cómo se vive la muerte hoy en día?
Nuestra sociedad es una sociedad absolutamente tanatofóbica en el sentido de que no nos gusta pensar que esto se acaba, lo cual es una realidad absoluta. No solamente ocultamos la muerte, solemos ser bastante malos en todo lo que tiene que ver con mostrar la enfermedad porque nos causa miedo.
Esto Impacta directamente en una de las emociones que más hacen al ser humano sufrir, que es la incertidumbre por un lado y el miedo por otro.
Es un sistema cultural más basado en lo que es el estar bien, en la felicidad, en la satisfacción, en el estar casi felices todo el tiempo. No se puede estar en una felicidad constante. Yo creo que la felicidad tiene más que ver con un estado de calma y paz, alineado con lo que uno hace y siente en el día a día. El sufrimiento, la enfermedad y la muerte están ahí y necesitamos tiempos para afrontarlo.
Como todas las incertidumbres y todos los miedos, se superan abordándolos porque negarlo sirve de poco.
Hay muchos síntomas que vemos en consulta que en el trasfondo son una negación a situaciones que son evidentes.
La decana del Colegio de la Psicología de Madrid, Timanfaya Hernández.



