La ansiedad se pincha en la calle

Ojo al amor, es ciego, y sin embargo las puede emprender a pu?aladas? contra ti.? Esto cuando se convierte en un sentimiento obsesivo con? los celos? de por medio. Tambi?n te puede tirar a la calle en una reacci?n de venganza.

Juan no era de la calle sino un pulcro hombre de oficina, pero su amada lo abandon?.

 

El desamor lo atrap? y le hizo perder el empleo. Termin? como otro? habitante? de la calle. Sin más qu? hacer y aporreado por el desamor? cay? en el mundo de las drogas,? camin? con la mugre y la bandera de la indigencia de un costal a la espalda por varios meses.

 

Hasta que? pidi? ayuda y fue tratado en un centro de rehabilitaci?n olvid?ndose de? las sustancias psicoactivas. Otro se hubiera suicidado.

 

A pesar de todo no pudo recuperar el amor.? La mujer que tanto amaba? ya hab?a huido con otro.

El sexo te deja en el purgatorio? mientras que el amor te puede hundir en el infierno.

 

Y no crean? que las parejas que dicen amarse mutuamente? no son alcanzadas por las llamas del averno. Nuestro? Nobel Gabriel Garc?a M?rquez lleg? a sostener? que nada tan parecido al infierno como un matrimonio feliz.

 

Con sentido

La anterior historia tan pringamosa la estaba recordando la tarde del pasado lunes mientras pisaba esa alfombra? de baldosines grises? con que se ha tapizado la remodelada? Calle de las Letras, bautizada as? porque allí tradicionalmente,? sin ser intelectuales, hombres de buena redacci?n? e igual? ortograf?a? han escrito memoriales, derechos de petici?n, formularios para la Embajada Americana, contratos de arrendamiento? y otros documentos.

 

Los mismos, antes de la revoluci?n digital a partir de la internet escrib?an cartas de amor para corazones ajenos.

 

Recuerdo que alguien me lleg? a comentar? de la manera más graciosa: ?Hombre ?ngel, lo que pas? fue que el coraz?n se incomod? con tantas cartas escritas de pu?o y letra y en? m?quina de escribir.

 

Echando ojo

Aunque la historia? continuaba danzando sobre mi cabeza, le puse los ojos bien abiertos? a la calle ahora remodelada y embellecida, porque todo hay que decirlo,? y además porque quien no ve lo nuevo? est? ciego o es envidioso.

 

Hombres j?venes le estaban dando los ?ltimos retoques a la obra. Me lo hicieron saber con la angustia de quienes tienen bien claro que? la pr?xima semana ya estar?n? desempleados.

 

La situaci?n de saber que no se va a laborar más ? produce igualmente ansiedad.

 

L?mparas del alumbrado p?blico coronando mástiles bien erguidos apuntando al firmamento.

 

Pero esta calle, la 28 bis del centro de Pereira,? callej?n con entradas y salidas por las carreras 9 y 10, la ilumina más los vivos colores? de los murales que pintaron? ? ? sobre las paredes de las edificaciones? los artistas del grafiti, durante el evento? Pereira Querendona. Un total de 17 puf duros, fabricados en material de concreto esperan ya al p?blico que podrá hacer tertulia? sin preocuparse por la inseguridad,? ya que se tuvo en cuenta de ponerle? los ojos de la polic?a a las c?maras de seguridad.?

 

Las personas podrán llegar hasta allí en? moto ya que se han abierto cuatro parqueaderos para este r?pido y f?cil medio de transporte.

 

Y si los turistas que atraer? el sitio piensan en la carne tienen una carnicer?a que ofrece anca, lomo, entrepierna, morrillo? y ?muchacho?, entre otros cortes.

 

Mejor a?n, sin moverse de allí se podrá escuchar los recitales de másica y poes?a del Banco de la Rep?blica que es como el costado de mejor dise?o que ha tenido la Calle de las Letras. Igualmente templo de la cultura pereirana.?

 

Abr? que agregarle una aroma de caf? fresco que volver? cuando se inaugure la obra oficialmente y se abran de nuevo los salones para el consumo de la bebida nacional que ha sabido calentar el esp?ritu de los intelectuales y gestores culturales de la querendona y trasnochadora Pereira.

 

Quedar? faltando para ser más pintoresca la calle, que le hagan un implante de muela cordal en el hueco o? solar? que muestra el Palacio Nacional? cuando sonr?e.

 

Lo más ?spero

De un momento a otro se me presenta la lechuga de lo inesperado que trae? el desorden social,? y esto me da tres vueltas:

Dos j?venes, adolescentes ellos? agazapados sobre el dintel de la puerta de entrada a un local cerrado. Son apenas iniciados en el vicio pues muestran ? la salud de la edad, no tienen esa estampa de ??eros?, que caracteriza a? los habitantes de calle. Me les acerco, me les pongo de frente? y nada que se dan por enterados.

 

Est?n ansiosos y concentrados? en el oficio de preparar la jeringa con la fata hero?na.

 

Pinchan sus antebrazos? cuyas venas tienen buena sangre. Son apenas unos hombrecitos atrapados por el medio y dejados a su suerte por la sociedad.

 

Uno ?pincha? al otro con la jeringa. No hay mueca de dolor. La ansiedad lo impide.? Es tanta la ansiedad que les brota del cuerpo y corre como un r?o por la calle.

 

Terminado este ritual tan ?spero para el observador, llevan los insumos del vicio a los bolsillos? y desaparecen? volando como ?ngeles de paso por el infierno.

 

Luego caen como del cielo? y en forma misteriso un enjambre de palomas? pintadas con el color de la paz y? echan a caminar ostentosamente sobre la calle.

 

Quiz?s los muchachos regresar?n cuando les vuelva la ansiedad que producen las sustancias psicoactivas en el consumidor.

 

Yo hago lo mismo, desaparezco,? y al salir a la carrera 9a otra sorpresa: un hombre dedicado a las ventas callejeras, ofrece a todo pulm?n pomada de marihuna con coca?na dizque para curar? los dolores de la artritis, a sabiendas de que apenas los calma.? ?

 

Paso a la sede de la Administraci?n Municipal y? me encuentro frente a frente con el arquitecto? adscrito a la Secretar?a de Infraestructura,? Felipe Franco, el mismo? que hace la supervisi?n de la Alcald?a a la obra? en menci?n.-

-Arquitecto ?cu?nta fue la inversi?n del Municipio de Pereira en esta obra?

 

-Cerca de 400 millones de pesos y fue un trabajo? de 4 meses y medio.

 

-?Padece usted de ansiedad?

-De nada, ni de la del amor herido, ?acaso soy bobo? Acata a decir finalmente, y su? oficina se llena de risas.

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