Duberney Galvis C. **
La apicultura intenta abrirse camino en Colombia, todavía corto a pesar de la extensión territorial, los diversos climas y ecosistemas de la zona tropical. En los últimos cinco años creció al 5% anual. La cadena aún está limitada principalmente a la producción de miel. Y el servicio de la polinización a cultivos, de comprobados efectos en la productividad de las cosechas, no ha obtenido el rol de protagonista en el agro nacional. A pesar de sus bondades alimenticias, el consumo per cápita de miel apenas alcanza 87 g.
Mientras tanto en Risaralda, región cafetera, la apicultura es naciente. Se calcula hay alrededor de 300 familias de apicultores. Ocupa el puesto 15 en la producción nacional y hace parte de la región andina que aporta el 49% de la miel del país.
Por su parte el SENA, es quien más ha promovido la apicultura regional mediante diversas iniciativas, y han sido fundamentales en las alianzas productivas realizadas y las que están por venir desde la gobernación de Risaralda. Cuenta con un destacado equipo de conocedores y profesionales apícolas, algunos provenientes de la Universidad Nacional de Colombia, que se desperdigaron como semillas por diversas regiones del país para promover la apicultura y la meliponicultura.
Este enfoque de alta calidad, articulado a áreas como el emprendimiento, permite la vinculación de la institución no solo a la requerida asistencia técnica, también al campo de la formación, creación de PYMES e investigación apícola, factores que pronostican avances regionales.
No obstante, falta inversión y políticas públicas. El sector continúa sin una ley apícola para ampararse. Entre tanto FEDEABEJAS ha trazado la meta de 1 millón de Colmenas en el territorio nacional, para lograrlo, el gobierno central deberá respaldar con solidez económica a los gobiernos regionales y a los apicultores. Además, enfrentar el creciente caudal de mieles importadas, pues sin contar la contrabandeada, en el 2018 entraron más de 1100 ton. Algunas comercializadas en supermercados de gran superficie sin control sobre efectos a la salud, la publicidad engañosa y la competencia desleal a la producción nacional. También crece el problema de las fumigaciones indiscriminadas; casos como el reciente apicidio en Quindío, han estado advertidos, pero el ICA, además de carente de recursos, no ha dado a la apicultura la importancia que requiere.
Que florezca entonces la apicultura en la región. Incluso como actividad económica sostenible. Tal es el caso emprendido entre la fundación Neotropic y apicultores de Pereira, en zona de amortiguación del Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, en Pachacué, para proteger a los polinizadores y los ecosistemas, y además proyectarla como una alternativa de producción sostenible de las comunidades rurales que habitan las zonas aledañas a las áreas protegidas.
** Licenciado en Comunicación
Estudiante de especialización en gestión ambiental


