La Casa de las Alegrías

¿Dónde está situada? ¿Las personas que la habitan son tan festivas como el nombre que lleva? Adentro lectores.

Ángel Gómez Giraldo

¡Oh Dios! No existe otro sentimiento que mueva tanto el espíritu y el cuerpo a la vez. Volteretas y saltos sobre cintas de colores, alegrías incluidas las del amor.
Mejor alimento para el alma no hay. Ya hubo una época en que aquellas que sabían más de dichas que de desgracias eran señaladas como mujeres de la vida alegre, de rumba completa.

Y aquí viene mi cuento porque ojeando un viejo directorio comercial de Pereira, impreso, el que cogía uno y lo tenía todo entre las manos, más nada parecido al Google de ahora, me encontré con una dirección que lo predispone a uno a ir en búsqueda del cielo: “La Casa de las Alegrías”.

Desde ese día hasta hoy siento un sabor a pastel de La Lucerna en la boca que les aseguro la deja con mejor labia, ya que cuando el corazón rebosa de alegría nadie deja de hablar.

Y llegué
Entonces hice lo que tenía que hacer y llegué a La Casa de las Alegrías, y nunca antes había sentido a mi corazón más contento.
Está allí donde están los paisajes más bellos y el cielo abierto de la Perla del Otún, Cerritos, por el mismo sendero al colegio La Salle que instruye con amor y así no se siente sofoco.

La casa es una edificación con la pulcritud y la limpieza de ladrillo descubierto, fachada lavada. Construcción amplia de dos y tres niveles en uno de sus extremos. Verde arboleda, arrebol rojo en el cielo vespertino y fragancia de frutales, como para que el que llegue no vuelva a salir de ella.

No era mentira lo que me dijo el directorio comercial, impreso de Publicar. El solo hecho de saber que uno está en La Casa de las Alegrías le permite ver la edificación más grande de lo que realmente es el Taj Mahal y los jardines de Babilonia.
En el interior, color a cielo recién restaurado, pues posee oratorio de oro para el alma.

Veinte mujeres
La habitan 20 mujeres, sin embargo no son lo que vosotros pensáis: son monjas, jubiladas, adultas mayores, religiosas de la orden Compañía de María, vírgenes y santas, que se mueven en sillas de ruedas por fáciles ramplas, cual toboganes algunas, y otras apoyadas sobre bastones de fino cedro.

La Compañía de María fue fundada en Burdeos (Francia) en el año de 1607 por una ciudadana viuda pero humanista, tal vez con voz de soprano: Juana de Lestonnac.

A Pereira vino esta comunidad pocos años después de que la ciudad fue iluminada con la energía eléctrica y los chontaduros aún eran cosecha ajena: 1927.

En buen retiro
Las monjas que aquí permanecen gozando del buen retiro vivieron sus mejores años enseñando en colegios femeninos y en misión por el mundo. Recuerden que la Compañía de María fue la primera institución religiosa de carácter educativo para la mujer, con la lucididé o claridad del francés.

Aquí a través de colegios como La Enseñanza, Lestonnac y Santa Juana formaron mujeres de chalina de seda que han sido orgullo de la capital de Risaralda.

¡Ay La Enseñanza, blanco del sector de la Circunvalar; Lestonnac con patios perfumados en el barrio Kennedy y en Dosquebradas con Santa Juana!

En Cerritos
La Casa de las Alegrías fue abierta en Cerritos para las monjas jubiladas de la Compañía de María. Lleva una década funcionando como tal. Les juro que uno llega allí y suspira el alma.

Se siente un susurro de oración, con ilusión posterior y pan integral con chocolate dietético.
Las hoy despampanantes educadoras pereiranas, las hermanas Ángela y Érika Ramírez, quienes disfrutaron de las sabias mieses de las monjas del Colegio Lestonnac afirman que les tienen tanto cariño que todas las noches sueñan con ellas.

Ana Joaquina
Al frente y en calidad de Madre Superiora de La Casa de las Alegrías está la monja bogotana con un nombre que inspira confianza, tanta como la inspira el amor a Dios: Ana Joaquina.

Madre, el nombre de la casa, despierta curiosidad…
Cuando la comunidad adquirió el inmueble tenía este nombre y no se pensó en cambiarlo. Esto hace ya diez años.

¿Usted es pereirana?
Nacida en la capital del país pero hace 40 años estoy en la ciudad de Pereira, imagínese.

¿Todas las monjas que disfrutan de La Casa de las Alegrías se encuentran bien de salud?
Dios nos ha defendido de todos los demonios, incluido el Coronavirus.

¿Ustedes no sienten los apretones del confinamiento?
No mijo, nosotras somos más de adentro que de afuera.

¿Miedo a la muerte?
Aquí hay de todo, hay una administradora, ecónoma, que nos lo proporciona todo: médicos, enfermeras y capellán, el padre Alfredo del que usted hace poco dijo que era el embajador del cielo en la tierra. Lo ve, no carecemos de nada, ni de móviles, vivimos con el teléfono en la mano.

Le repito Madre: ¿Teme morir?
No, para qué morir si aquí en La Casa de las Alegrías vivimos como en el cielo.

-¿Aún tienen abiertos los colegios?
– La Enseñanza de la Circunvalar desapareció hace pocos años, el Lestonnac de Kennedy fue entregado en arriendo al municipio de Pereira y el Santa Juana a Dosquebradas.

… Seguramente ustedes pensarán como yo que razón tiene la Madre Ana Joaquina al decir que para qué morir si el cielo que merecemos está aquí, en La Casa de las Alegrías…

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