La historia de Quinchía: memoria viva de un pueblo de resistencia

Ramiro Tabares Idarraga*

A propósito del lanzamiento del libro “Entre cerros y montañas”
del sello editorial Desde Abajo.

La Feria del Libro del Eje Cafetero, fue el escenario ideal para el lanzamiento de este libro, cuya autoría está bajo la tutela de cuatro docentes-investigadores, pero sus verdaderos protagonistas, son los líderes comunales, la madre cabeza de hogar, el minero artesanal; y cualquier personaje de la picaresca local.
Para el profesor Alberto Beron Ospina, coautor y docente de historia de la UTP, se trata de una narrativa desde abajo; “son las voces de los anónimos, de los desplazados, de los líderes campesinos invisibilidades por el poder y la ambición de la clase dirigente regional que ve a Quinchía como un pueblo incómodo por sus concepciones política y culturales”, termina afirmando el académico.

El libro tiene la fuerza de la narrativa a través de los relatos de sus protagonistas, a quienes les ha tocado desde la época de la conquista estar a la defensiva. Primero el invasor español, luego los criollos republicanos, luego la hegemonía conservadora por ser un pueblo de pensamiento y voto liberal; y más tarde actores armados como la guerrilla, el propio estado y los paramilitares, han hecho de esta hermosa tierra un teatro de operaciones que ha costado muchas vidas.
Es un libro de relatos y leyendas que dan vida a crónicas vivas, como testimonio de un pueblo, una raza con sus identidades propias de noble ancestro indígena, tradición antioqueña y raíces caucanas.

La lucha de Chucho Agua
El segundo capítulo del libro, tiene este título y está dedicado al líder agrario Antonio de Jesús Guevara Betancur, más conocido como Chucho Agua por su vocación, tradición y compromiso con las causas sociales y especialmente la protección y defensa de los recursos naturales. A este líder se le encuentra en su tierra de la vereda Moreta, donde reside y trabaja como otro campesino de la zona. Recorre las veredas de Quinchía con su férrea defensa las aguas y demás recursos vitales: también son sus escenarios naturales el recinto del Concejo Municipal, la Asamblea de Risaralda y del Congreso en Bogotá, donde asiste en calidad de invitado experto. No hay movilización en la región que haya tenido el manto de chucho agua quien tiene magia en sus palabras para convocar protestas, cuando se trata de atajar atropellos.

Llama la atención que no haya accedido a la escuela formal
Cursé primero de primaria en la escuela de la vereda Moreta, me echó la maestra cuando se dio cuenta que estaba charlando con su hija, compañera de salón. No solo me corrió, sino que escribió a otras instituciones para que no me recibieran y me definió como un muchacho “perecoso”.

 

 

 

 

 

 

 

No asistió a la escuela pero tiene discurso y conoce la fundamentación teórica de ciencias como la historia, la economía y el derecho
Es por la lectura. Resulta que en unos episodios de mi vida juvenil viví en Rioblanco, sur del Tolima, allí aprendí a leer tardíamente, y al estar rodeado de intelectuales y líderes agrarios; ellos son muy disciplinados y cogí el gusto por la lectura, el análisis y el debate abierto, como tiene que ser una sociedad moderna. Mis amigos me regalan libros, cuando viajo visito bibliotecas; y hoy me toca salir de mi vereda hasta el corregimiento de Bonafont Caldas, para poderme conectar con el mundo y leer un poco.

¿Cuándo fue la primera movilización que convocó?
Fue en 1969, cuando pretendieron llevarse un acueducto comunitario para la vereda San Antonio de Bonafont. Luego a mediados de 1971 pretendieron colocar medidores para el acueducto, nos movilizamos y ganamos esa batalla. En 1977, el famoso paro cívico de Quinchia, le dimos golpe de estado al alcalde Ovidio Hernández Tapasco, quien estaba tomando malas decisiones para la comunidad. Los alcaldes están para servir a su comunidad y como tal deben hacer rendición de cuentas.

¿Cómo ejercer un liderazgo comunitario en una zona de presencia subversiva?
Es muy complejo y riesgoso. Por abandono del estado estos territorios son presa fácil de organizaciones como el EPL, ya que hay demanda ciudadanas incumplidas desde el Frente Nacional. De nuestra parte siempre trabajamos por las comunidades y asumimos la defensa de la tierra y los recursos, sin importar la ideología, la étnica o la riqueza.

El pequeño caficultor siempre ha sufrido los avatares de la economía del mercado, agravados ahora con los TLC
En Quinchía hay 3.494 hectáreas sembradas de café, repartidas entre 3.375 productores; es decir propiedades de 1 o 2 hectáreas. Con la llegada de la roya y la caída de los precios de sustentación de café, esa economía se quebró y con ella el sustento de miles de familias. No íbamos estar mirando el paramo frente a la crisis. Movilizamos varias regiones cafeteras del país, nos tomamos vías importantes y el gobierno reticente al principio, le toco salirle a la crisis, dialogar y negociar con el sector. Al final llegó la condonación de deudas con entidades como Caja Agraria y Banco Agrario. Otra movilización importante fue el paro Nacional Cafetero de 2013. Se paralizo el país en torno a las reclamaciones justas de un sector golpeado a arruinado por las políticas de la economía de mercado quienes a punta de TLC no garantizan la soberanía alimentaria de los pueblos. Al gobierno de turno se le demostró que no somos limosneros, somos cafeteros.

Y la batalla contra la gran minería y la defensa de la vida y el territorio..
Seguimos defendiendo el territorio y los recursos naturales. Con el boom minero, la conservación del agua se vuelve de la defensa por la vida. Cifras manejadas desde la Defensoría del Pueblo establecen que el 87% del territorio está concesionado para proyectos mineros, planteamos acciones claras detener esta locomotora minera. La gran minería destruye todo a su paso. La capa vegetal, las aguas superficiales y profundas y hasta se roba la identidad de los pueblos con dádivas vergonzantes hacia los políticos y otros mal llamados líderes. Al final hasta desplazan toda una comunidad.Somos defensores del agua, de nuestra soberanía territorial y de nuestra identidad como pueblo mestizo, que no abandona sino que resiste.

*Docente universitario/gestor cultural.

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