A propósito de la investigación literaria

Mauricio Ramírez Gómez

En los últimos años, los estudios literarios han experimentado un interesante viraje, ampliando el campo de investigación y planteando nuevas preguntas sobre la creación, la circulación y los mecanismos de legitimación de las obras literarias. Se está trascendiendo el estudio de la vida y la obra de los autores, como hechos aislados, para asumirlas como hechos sociales, sometidos a los efectos de acontecimientos históricos, económicos e incluso políticos. Es necesario destacar los estudios sobre la edición en Colombia, que ya se han dado a conocer en libro y que obligan a pensar la creación literaria a partir de las posibilidades que tiene un escritor de acceder a la publicación y cómo esta contribuye a posicionarlo en la memoria de las gentes.

Un primer aspecto sobre el que han llamado la atención autores como Renán Silva y Paula Andrea Marín Colorado, son los esfuerzos del gobierno colombiano y de los gobiernos locales por hacer del libro un objeto cotidiano entre las “masas populares”. Es cierto que en diferentes momentos históricos se han emprendido campañas para masificar el consumo de libros, de la mano con las iniciativas para universalizar la educación y combatir el analfabetismo. Sin embargo, ambos autores señalan como uno de los principales obstáculos para la conformación de una gran masa lectora la vigencia de concepciones estéticos o ideológicas que mantienen la división entre alta cultura y cultura popular, principio en el que se amparan los encargados de orientar las políticas editoriales e incluso en la academia, para justificar el desinterés por los fenómenos literarios en las regiones o incluso los producidos por grupos minoritarios. Esa concepción maniquea de la cultura ha llevado a que se desdeñe el estudio de autores, sucesos, obras y grupos literarios, solamente por su escaso impacto en las esferas de legitimación nacionales, sin indagar por las causas de esa omisión.

Un segundo aspecto sobre el cual llaman la atención los estudios de autores como los arriba mencionados, es la dependencia de la literatura de factores económicos. En dos sentidos: las posibilidades que tiene un escritor para dedicarse de lleno o parcialmente a la creación y las condiciones existentes para el desarrollo de una industria editorial, que le permita a los escritores reproducir y hacer circular sus obras. El ‘éxito’ literario de un autor no depende solo de su talento. Tomar conciencia de esta incidencia de lo económico en la creación literaria permite tanto a los escritores como a los editores, pensar cómo sortear estas dificultades para hacer llegar las obras a la gran masa de lectores. Pero sobre todo, qué acciones deben precipitarse para conseguir crear un ‘mercado’ para las obras, que permita a su vez ampliar los referentes literarios, más allá del canon impuesto por las grandes editoriales. La edición es un negocio en el que gana la editorial que consiga que sus autores sean los preferidos por los lectores. No está mal. Sin embargo, eso no puede hacernos olvidar que hay fenómenos literarios que no se circunscriben a esas lógicas o parámetros de calidad. No es posible clasificar la literatura entre buena y mala, a menos que dejemos de lado que estos criterios a menudo se refieren al éxito comercial.

Por último, vale la pena destacar en los estudios sobre sociología de la edición el interés por comprender la génesis de los derechos de autor y su práctica en países como el nuestro. Sigue siendo un campo poco explorado en la investigación. Estos y otros abordajes posibles nos amplían las perspectivas sobre el estudio de la literatura, concebida ya no solo como un hecho estético, sino como una práctica cultural, susceptible de estudiarse en un contexto histórico y político determinado. La clave la da Renán Silva: “La historia cultural no es el análisis escindido de un conjunto de discursos que a posteriori crearían –o no- tipos específicos de prácticas. Es más bien el análisis integrado y diferencial de prácticas y de representaciones en torno de objetos definidos de manera cuidadosa e inscritos en el campo de esa realidad de difícil definición llamada la “cultura”, o más bien el sistema de relaciones culturales en una sociedad dada”.

Quizá sea esta una línea de trabajo que debamos abordar, al mismo tiempo que nos preocupamos por la conformación de una legión de críticos literarios encargados de recomendarnos qué leer entre los libros de escritores pereiranos que conocemos. Es necesario revisar las lógicas internas de la creación literaria y determinar así los aportes de los hombres y mujeres del pasado –no todos conocidos- que como los de ahora, se abrazaron a los libros y se lanzaron a la creación con la ilusión de ser leídos por todo un país.

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