Alguien… desde la penumbra… nos acecha…

Claudio Anaya Lizarazo

Una cosa es lo que ven los escritores al escribir su obra, otro asunto es lo visto por los lectores al leerla… Cuando el escritor escribe y publica su obra, son los lectores quienes tomarán su experiencia de lectura; lo que el autor piense de su obra, lo que el autor nos cuente sobre su experiencia al escribir, cuenta como parte del testimonio de su proceso creativo, pero es el criterio de los lectores lo que señala el verdadero impacto social de esa obra; lo percibido por los lectores, con seguridad difiere o coincide, o es diametralmente opuesto a la visión del autor, pero esta coincidencia o diferencia de enfoques i criterios no invalida ninguna de las variadas concepciones que sobre una obra se formulen; todas ellas comparten su origen, asimismo, se diferencian en las experiencias i en los sesgos que han determinado la personalidad i la visión de cada uno de los lectores. Se puede decir también que, una obra que no sea unidimensional o plana, contiene cuantas interpretaciones o versiones de ella, en proporción al número de lectores que han accedido a su lectura.

Veo que en Tila se retoma el misterio, quizá como un intento de enriquecer un poco la plana realidad material en que nos han aprisionado. Personajes fantásticos i mágicos, cobran presencia a través de seres humanos, en este caso la niña Sarí; personajes golpeados i trastornados por las crudas condiciones de un desastre familiar apenas esbozado, i conformado por las circunstancias del día a día, bajo los ritmos despersonalizadores ocurrentes en ciudades i sociedades con fríos mecanismos de funcionamiento, i con los dictados políticos de la élite reptiliana que los esclaviza desde incontables generaciones.

Vías de escape

A lo largo de la historia, se han formulado varias vías de escape ante la esclavitud que ejerce el poder i ante nuestra fragilidad al enfrentar el peligro; alternativas propuestas desde la  política, la filosofía i otras disciplinas humanísticas, además de las presentadas por la literatura i la cultura. Pero quizá la alterada i singular psique de las víctimas, su huida defensiva hacia los planos primigenios, sea la manifestación de un instinto i al mismo tiempo el terreno propicio para que entidades también primigenias i por lo tanto perennes, se incuben en ellos desde este plano físico,  se manifiesten a la realidad, a esta cruda realidad en la cual se originó la noción del peligro encarnado en lo desconocido, en lo que se conocía sólo por sus desbastadoras consecuencias; quizá la incertidumbre en la espera del próximo ataque generó la sensación de suspenso el análisis sobre las estrategias i opciones del enemigo originó el misterio… el primer terror debió haber sido el terror de la muerte, el ataque que rompe el pacífico transcurrir de la aldea i deja una pesada carga de muertes i ausencias, provisiones robadas, muchachas raptadas, cuerpos de personas queridas i reconocidas a pesar de los destrozos, i después los fétidos olores emanando de los despojos de esos seres queridos que había que disputarlos a las fieras carroñeras i rescatarlos en una tumba, para no presenciar la aterradora transformación de sus rostros. La sorpresa, que siempre es instantánea i veloz, i que tal vez por ello, ante la mirada de los ingenuos se reviste de supremos poderes como el de la transformación, i se manifiesta en destrucción o en dones, quizá ayudó a crear el sentido de lo mágico, i posteriormente ayudó a la aparición de los dioses en una gama que iría de lo benéfico a lo dañino, generándose así los conceptos de “el bien i el mal”, matizados con todas las virtudes i todos los vicios humanos, derivando así, en un amplio cortejo ante el cual se siente el temor a lo sobrenatural. Dioses humanizados, protectores i castigadores, deidades menores, brujas i hechiceras, chamanes i magos, personajes amorfos, figuras antropomorfas, todos ellos constituyeron las mitologías i leyendas de las etnias alrededor del mundo i pervivieron durante varias decenas de milenios en la imaginación i en la tradición oral hasta los tiempos de la modernidad, para pasar a lo real visionario i a toda la gama de lo fantástico que a finales del Siglo XVIII  i en el Siglo XIX, fueron retomados por el Romanticismo, para  llegar décadas después a la literatura de lo fantástico i lo macabro, al terror sobrenatural i a la literatura del horror interestelar del Siglo XX.

Civilización material

Esta civilización material en la que estamos insertos, es la constante i denodada construcción de innumerables generaciones que han tenido como horizonte, la sobrevivencia de su clan i la reserva de provisiones, al coste de la depredación de su prójimo i la acumulación incesante de recursos para ejercer poder. A esta carrera “tecnocivilizatoria”  i atroz, han sido subyugados todos los logros humanos, desde la conservación i producción del fuego, las creaciones e inventos fundamentales como los idiomas, las religiones, la rueda, el papel, la pólvora, i todos los aportes de la ciencia hasta la energía nuclear, el sistema Windows, el desentrañamiento del mapa del Genoma humano i la inteligencia artificial, en fin, todos los logros, los nobles i los pérfidos, los descubrimientos e inventos de la ciencia i los aportes conceptuales i materiales de las humanidades i el arte; todos han sido inescrupulosamente incorporados a la política competitiva de esta civilización que entraña la hipnótica dominación de la materia i el terror de la muerte violenta; i lo que no ha podido ser asimilado, se ha desechado arrojándolo a las lejanías. Es así, como los creadores i artistas del Romanticismo reaccionaron ente ese intento globalista de los imperios europeos de los siglos XVIII i XIX; estos artistas e intelectuales dieron la espalda i se refugiaron en su terruño, en la pequeña patria, redescubriendo sus leyendas i mitologías en las voces de la tradición oral i en las religiones de la tierra, llamadas paganas por las grandes religiones doctrinarias que siempre han sostenido reinados i tiranías. Con la diáspora invertida de los románticos, con sus obras, se rescataron múltiples tradiciones orales que fueron vertidas al arte, instalándose nuevamente en la mentalidad popular de un público urbano más extenso, i que desde entonces se ha heredado a través de varias generaciones por medio de la literatura, la tradición oral, la pintura, la música, el teatro i la dramaturgia, apoyados en el Siglo XX por el cine, que hace su recorrido desde Mefisto i Drácula, entre otras obras literarias inspiradas en esas tradiciones orales, pasando por el misterio i el suspenso hasta el cine de terror interestelar, inspirado en los relatos de Howard Philip Lovecraft, entre otros autores.

Gracias a esto, i a pesar de que en los pueblos i culturas contemporáneas hay sumisión, hay también fantasía que desde cierto ángulo lógico se podría definir como liberadora, que se ha transmitido de generación en generación como un remanente cultural, i porque sobrevive a los tiempos como esas discretas manifestaciones de la perennidad de la prehistoria; las explicaciones mágicas, las deidades sobrenaturales, los rotundos mitos del eterno retorno que la ciencia (racional) aún no ha derrotado del todo en esa mentalidad popular que con su pensamiento mágico asume una actitud, oscilante entre el misterio i la irreverencia, que desplaza la lógica materialista del poder, para entender al mundo a través de ese pasado de mágicos perfiles. Pretendidamente desprestigiado por el mundo de los negocios i los ideales exitistas, que siempre están mirando hacia el futuro, el pasado i el remoto pasado siguen siendo ese suelo nutricio que soporta memoria, tradición, ancestralidad; ?qué sería de la ciencia si no se afirmara en el acumulado de conocimientos i comprobaciones sobre el que formula sus nuevas hipótesis, i que no es más que acumulación de pasado? Sólo la memoria, la tradición, la ancestralidad, en fin, nuestra pertenencia a una determinada cultura, nos puede dar esa identidad fundamental para que surja la chispa de la conciencia; i esta conciencia es la historia de nuestra memoria personal, tejida sobre los cabos sueltos de la ancestralidad, la vigencia de esa suerte de sincretismo en el cual conviven aún, la ciencia convertida en la nueva fe de estos tiempos, i el sentido de lo mágico.

La búsqueda de un sentido

No entiendo a la ancestralidad, como la búsqueda de un sentido purista de raza, lengua o cultura, sino como el restablecimiento i la paulatina aclaración, de un accidentado camino de circunstancias humanas que configura lo que actualmente somos. Disciplinas como el periodismo que con sus registros diarios sienta las bases para una cronología de la memoria social, la historia, la antropología, la sociología, el arte i la lingüística, i una amplia gama de ciencias que constituyen la base de la educación superior i la investigación científica, i que gracias a sus acumulados de investigación, de prueba i error o comprobación, sin lo cual no existirían, nos ubican ante el claro panorama de nuestra conformación histórica; somos nada sin nuestro pasado. En este sentido no sólo es posible sino necesario, la construcción del relato que en relativo índice diferencie a un grupo humano de otro, porque las circunstancias tanto históricas como presentes, conforman un amplio abanico de evidencias, que desde lo razonable i lo mágico, es imposible soslayar. Somos el producto de nuestra historia personal i colectiva, la sedimentación tectónica de innumerables experiencias que han dejado un rastro indeleble en nuestro ánimo i en nuestro físico; igual pasa, pero a escala macro, con la historia de los pueblos i sus idiosincrasias, entre lo cual se encuentran los relatos de la fantasía.

El relato Tila, se desplaza entre los meridianos del misterio. Su argumento apenas roza el terror de lo sobrenatural, en la tácita e inmaterial presencia de Tila por medio de sus conversaciones con la niña Sarí; sólo a través de ésta, tiene Tila sus contactos con este mundo de los vivos, sólo a través de Sarí i de sus futuras víctimas, ejerce el efecto desbastador de su posesión, pues Tila es la condensación del peligro, del peligro de lo desconocido, de lo incógnito; el arquetipo que los niños protagonistas del relato i casi todos los niños que en el mundo han sido, encontrarán i han encontrado en su paso por su época i su mundo. Los demonios, los endriagos i los trolls, todo lo que nos ofrece peligro, pueden ser primero un símbolo, un mito o una leyenda, pero en el fondo de nuestra psique parpadean en imágenes reveladoras i esclarecedores conceptos, las viejas enseñanzas de nuestros ancestros, experiencias innumerablemente sucedidas que nos advierten del incesante peligro que aflora continuamente en cualquiera de los niveles desde los cuales captemos nuestra realidad. Por esto podemos decir que en Tila encontramos el llamado de la especie, los mensajes inaudibles que viajan desde el pasado i que sólo pueden ser oídos o recibidos por la fantasía infantil, a la que el sistema aún no ha logrado encasillar. En los personajes infantiles de Tila, vemos la capacidad de la imaginación creadora, la mirada ingrávida que parte de la fantasía exploradora, que parafraseando a nuestro colega José María Vargas Vila, no cierra los ojos como los adultos, sino que los abre desmesuradamente ante el peligro.

(Serie: Desde mi vieja Remington, No.14; publicado en Suplementos La Eskina nro. 5, febrero de 2018. Bucaramanga)

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