Antonio María Flórez Poeta romántico y moderno

José Miguel Alzate

El día que leí el poema “Porque me estás doliendo”, de Antonio María Flórez, recordé las palabras que en el ensayo “Poesía y poema”, del libro “El arco y la lira”, escribió Octavio Paz: “El poema es un caracol en donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal”. En esta frase esta sintetizada la estética que debe tener un poema para que cautive al lector. Pienso que en este texto del médico colombo español, que empieza diciendo que le están doliendo las páginas de un libro que “sigue abierto y es azul”, el autor entendió la afirmación del premio nobel mexicano. El poema tiene una estructura circular, como un caracol, porque termina como empieza. Resuena en sus palabras la música, y hay armonía en su arquitectura.    

El sentimiento de un hombre que mientras recuerda cómo ojeaban un libro para leer algunos versos le dice a la amada que ella “se hace canción, plegaria y suspiro” en sus oídos, se expresa en el poema citado en el párrafo anterior. “Porque me estás doliendo” es uno de los poemas más hermosos en la obra de este poeta que, nacido en la población de Don Benito, en Badajoz, provincia de España, creció en un pueblo perdido entre las montañas del oriente caldense: Marquetalia. Este fue el espacio de su infancia. Punto geográfico que le inspiró “Marquetalia, tus hijos te decimos”, un libro que nace por la necesidad de expresar el amor hacia el pueblo donde, sin haber nacido, el poeta vivió la infancia y la juventud, esos años que marcan el destino de un hombre.

La obra poética de Antonio María Flórez tiene características que hacen que el lector lea sus versos con regocijo intelectual. Esas características son la brevedad de la mayoría de sus  poemas, su insistencia en hablar del mes de abril, los requiebros amorosos de muchos de sus versos, la preocupación por la realidad de un país que se estremece con el ruido de las balas, la obsesión por escribir renglones de una sola palabra al final o en mitad de la línea, el manejo sutil de un erotismo que en su pluma se hace belleza literaria, la alegría de exaltar la tauromaquia como expresión artística y el entender el dolor del desplazamiento como una herida en el alma de quien lo sufre. En este sentido, sus poemas son expresión de sus preocupaciones como hombre que tiene conciencia de su lugar en el mundo.   

Los poemas de amor de Antonio María Flórez enseñan a un autor de sensibilidad exquisita, que entiende los sufrimientos del alma y las alegrías del corazón. Aunque es un poeta moderno, que juega con la posición de las palabras sobre la hoja, innovador en las formas, conserva una fina manera de escribir poesía. Le da armonía a la expresión, no cae en figuras literarias superfluas, recurre a un lenguaje eficaz. En “Ella”, un poema corto, dice: “Ella tiene una mirada que aletea sobre el sueño. A veces duerme. Y cuando despierta, sus ojos tienen plumas y destilan mar”. Mírese cómo, en veinte palabras, el poeta logra expresar su asombro ante la mirada de una mujer. Hay en este verso economía de lenguaje. Flórez no necesitó escribir un largo poema para decir lo que quería. Y lo dijo con música en las palabras.

En “Desplazados del paraíso” y “Las fronteras del miedo”, dos de sus libros, llama la atención el tono dolorido de algunos de los poemas, el volver sobre el tema del desarraigo, los textos breves en prosa lirica sobre la muerte y, sobre todo, el cantar sobre esos seres que huyen de la violencia. Juan Manuel Roca y Piedad Bonnet encontraron en sus versos “una revaloración de la imagen bella como esencia de la poesía”. Es que un poeta que tiene la inspiración para decir: “En mi memoria tus ojos miraban a lo alto, no sé si a los míos o al sueño que anhelabas”, y que puede escribir un verso como este: “Entra, esta es mi casa, bebe de mi agua y reposa para siempre de la huida”, es un hombre que entiende el amor como una entrega, y comprende el dolor de quienes recorren en la noche “caminos marginales de niebla”.

Sorprende en Antonio María Flórez su poesía de tono romántico, esa donde aparece una voz que canta las excelsitudes del amor en un lenguaje diáfano. Cuando dice: “Busqué el día en el amanecer de tus ojos/ la sabiduría del beso en la hora que marcaban tus labios sedientos”, se descubre un poeta que desnuda su alma ante la amada para expresarle su emoción al contemplarla en la mañana. Esa veta romántica lo lleva a escribir: “Que tu sexo misericordioso bañe de pececillos escarchados mi boca”. Este es un verso cincelado con fino erotismo, donde con el fulgor de la palabra el amante expresa su pasión desaforada. Flórez es un poeta moderno. Sus versos tienen tejido artístico. Ha publicado diez libros de poemas. “El circulo cuadrado” fue el primero. Y el último “Desde entonces vivo para el dolor”.

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