Beethoven, músico y filósofo

Óscar Aguirre Gómez*

“La música es una revelación más alta que la filosofía”. Beethoven

La percepción de la música conlleva una comprensión de nuestra verdadera esencia. Creo que la música se relaciona con un contenido moral, que conlleva una realidad, una filosofía alta tras su aparente frivolidad, así como tras el hombre reluce el espíritu de su Hacedor. La música es una manifestación del espíritu en un lenguaje que pocas veces se capta en su verdadera esencia y que transmite realidades disímiles de otras esferas en tiempo y espacio que surgen a voluntad por la evocación mediante facultades aún desconocidas, pero que a veces empleamos de ordinario sin saberlo.

(…) Beethoven fue un idealista, pues su lenguaje musical enmarcó el mundo físico y lo sobrepasó, encumbrándose a la esferas perennes de que nos habla la filosofía pitagórica en su más puro significado. En ese sentido, el pensamiento de Beethoven como el de los grandes músicos, es filosófico —como matemático— en alto grado y tiene su expresión aparte y valedera en otra dimensión del espíritu. Su mente calculaba sin saberlo, parodiando a Leibnitz. Para él, la vida interior era decisiva, casi determinante, no sólo en su arte, sino en su concepción del mundo.

En cuanto a las relaciones de Beethoven con sus semejantes, consideraba él a la humanidad fraternalmente en grado elevado, pero cuando se trataba de un individuo, era un humano más. Su mundo interior desaparecía, para ser absorbido por el impulso, la agresión. No obstante, consideraba, por ejemplo, a La flauta mágica como la mejor ópera de Mozart, aun por encima de Don Juan, hasta el punto que, según un crítico, utilizó algunos compases de la Marcha de los sacerdotes, en su obertura de La Consagración de la casa, contemporánea de la Novena Sinfonía.

(…) Schopenhauer sitúa a la música, dentro de las categorías estéticas, en el plano más elevado, y dice que “es mucho más poderosa que la palabra”. La música no habla a la razón, sino a los sentimientos: “La música es la forma pura del sentimiento”, asevera.

Filosofía de los artistas
La filosofía de Schopenhauer ha sido consideraba como la filosofía de los artistas. “No hay ningún arte que obre más directa y hondamente que revela más directa y hondamente la verdadera naturaleza del mundo”, añade. Y continúa: “Cuando oigo música, mi imaginación juega a menudo con la idea de que la vida de todos los hombres y la mía propia no son más que sueños de un espíritu eterno, buenos o malos sueños, de que cada muerte es un despertar”. En cuanto a Beethoven, el filósofo expresa: “Una sinfonía de Beethoven nos descubre un orden maravilloso bajo un desorden aparente. Es como un combate encarnizado que un instante después se resuelve en un hermoso acorde. Es el rerum concordia discors, una imagen fiel y cabal de la esencia de este mundo, que rueda a través del espacio, sin premura y sin descanso, en un tumulto de formas sin número que se desvanecen sin cesar. Pero al mismo tiempo, a través de la sinfonía, hablan todas las pasiones y todas las emociones humanas: alegría, tristeza, amor, odio, espanto, esperanza, con matices infinitos y, sin embargo, enteramente abstractos, sin nada que los distinga unos de otros con claridad. Es una forma sin materia, como un mundo de espíritus aéreos”. Beethoven representaba para el filósofo la más alta cima del pensamiento musical (por encima de Bach y de Mozart). Schopenhauer elevó la música a un nivel que ningún otro intelectual había intentado.

(…) A Johann Andreas Stumpff, el mismo Beethoven le confiaría algunas de sus reflexiones filosóficas: “Cuando al anochecer contemplo con asombro el firmamento y el sinnúmero de cuerpos luminosos que llamamos mundos y soles, dando vueltas eternamente dentro de sus fronteras, mi espíritu vuela más allá de estas estrellas muchos millones de kilómetros hacia la fuente de donde brota toda obra creada y de la que todavía ha de fluir toda nueva creación… Lo que ha de llegar al corazón, tiene que proceder de arriba; si no proviene de allí, no será más que notas, cuerpo sin alma… El espíritu debe ascender de la Tierra”. Estas expresiones pueden parecer un tanto ingenuas al lector. Pero dicen mucho de la idea que tenía el músico del origen de su creación y de cómo encontraba su inspiración. En el espíritu de Beethoven hallaban eco el lenguaje de los árboles, de los pájaros y del viento, en una simbiosis de aquél con la eterna naturaleza.
El arte musical de Beethoven es un testimonio sonoro de su anhelo de abarcar lo Absoluto y manifestarlo a sus semejantes. A través de sus notas buscaba la esencia y no el reflejo del universo que vislumbraba. Quería romper la oscuridad para hallar la luz. “Para él, en efecto, el mundo exterior había desvanecido por completo —anota Wagner—, no porque la ceguera le privase de tal espectáculo, sino porque la falta de oído acabó por alejarlo de ese mundo exterior”. La sordera contribuyó a intensificar el inconmensurable universo interior de Beethoven y a arrebatar sus secretos para manifestarlo a los demás. “A medida que su edad avanzaba —complementa Wagner—, la mirada del músico se iluminaba con una luz interior. De este modo, cuando su vista se detenía una vez más en lo aparente, aquel maravilloso reflejo de luz interior lo coloreaba todo, mostrándolo a su alma bajo la luz de un nuevo día. La sola esencia de los seres le habló entonces, mostrándoselos a través del sereno prisma de la belleza”.

Simbolismo masónico
(…) Algunas obras de Beethoven, como la Quinta sinfonía y, sobre todo, la Novena —en donde el número tres se repite en incesante repercusión a través de sus cuatro movimientos—, son creaciones signadas por la tradición musical como impregnadas de un simbolismo masónico, que se halla inherente en su estructura. El ambiente mismo en que fueron escritos y la proyección que tuvieron, demuestra que esos trabajos intentaban complementar, a su manera, la expresión reinante en una época plena de un romanticismo apoteósico. Beethoven no era ajeno a las ideas de moda y en su pecho anidaban el clamor de Libertad, Igualdad y Fraternidad. Inmensa era su admiración por La flauta mágica, de Mozart.

En la Francia de principios del siglo XVIII la masonería influyó de modo notable en las relaciones sociales. En Alemania, con una fuerte tradición filosófica y cultural, se contempla la música como una imagen de la armonía que busca la masonería. La música es el lenguaje de la complejidad, que sólo lleva a regiones utópicas, sin embargo su asimilación vehemente conlleva así mismo hallar una dimensión que no carece de perspectivas reales.

(…) La libertad de expresión fue fundamental en el arte beethoveniano. Beethoven fue un hombre de espíritu revolucionario, guiado por el Iluminismo, de donde tomó muchas de sus ideas.
Se duda de si Beethoven fuera iniciado como masón. Lo más probable es que no lo fue por su carácter espontáneo y altanero. Quizá la sordera fuese un impedimento a entrar en la Orden de Hiram. Existieron fuertes vínculos suyos respecto de su admiración por los ideales masónicos. Su pensamiento y obra coincidían con las miras espirituales y fraternales de los movimientos iluministas o ilustrados alemanes de la época y particularmente con los ideales de la masonería.

(…) El Himno a la Alegría, de Schiller, es una clara alusión a la hermandad que pregona la masonería. “Durante las décadas anteriores Beethoven había estado en contacto con los ambientes masónicos de Bonn y Viena y ahora que la masonería adquiría un carácter clandestino en Viena, continuó sus contactos con la masónica Philharmonic Society de Londres, que le encargó (en 1817) precisamente la Sinfonía Nº 9”, reafirma Guido Salvetti.

Un espíritu libre
(…) Beethoven fue un espíritu libre, un pensador profundo; un ser que adivinaba al Creador en la naturaleza y en el corazón de sus semejantes. “La música —dijo— debe hacer resplandecer el fuego en el alma de los hombres”. Refiriéndose a su sinfonía Pastoral, decía: “Mi reino está en el aire; mi alma vibra con los murmullos del viento”. Y en una ocasión expresó: “Para mí el imperio mejor de todos es el del espíritu, primero de todos los reinos temporales y eternos”. La música se halla por encima del tiempo; su percepción eleva el espíritu a otra dimensión. Eso lo captó Beethoven. “La música es el arte más lejano respecto de la corporeidad, dado que nos presenta el puro movimiento como tal, prescindiendo de los objetos, y es transportada por alas invisibles”, señala el filósofo Schelling.

El músico filósofo, como lo define Mario Roso de Luna, tenía sobre su mesa de trabajo, una efigie de Neith, la Isis egipcia, con una inscripción de su puño y letra, que decía: “Yo soy la que ha sido, es y será, y ningún mortal ha levantado mi velo”. Estas palabras, —soy lo que es, lo que fue, lo que será—, reflejan la grandeza de la Eternidad que medita sobre sí misma: el eterno presente. Los egipcios las habían grabado sobre el santuario del templo de Sais.

(…) Beethoven descubrió una nueva dimensión espiritual cuya puerta de entrada es su música. Amplió los horizontes de ésta, como no lo había hecho antes ningún otro compositor, hacia un sentido más humano, más perceptible, en cuanto pretendió una hermandad universal nacida de la contemplación de un mundo del cual todos somos partícipes.

(…) En la obra de Beethoven se reflejan nuevos vientos: es un pionero. Su música, surgida de su interior, se multiplica en mil ecos que son escuchados con la intuición que suscita en nosotros lo superior. El músico comprendió que su arte era una voz poderosa. Transformó la música, cambiando su expresión en una vasta opinión personal que sabía sería escuchada. Quiso más bien expresarla en formas dramáticas: la forma entró entonces en conflicto con su tensión interior. Su música constituía el marco a su voz personal. La llama que arde en ella es original.

Beethoven se eleva cada vez más y brilla intensamente en nuevos cielos. Es el fundador de una religión perceptible claramente en sus últimas obras, de carácter íntimo y a la vez universal: arte salido del corazón para el corazón de los hombres. Su mensaje no es fácilmente entendible. Encierra contradicciones. Es un mensaje universal dirigido a todos nosotros: según su audición, debemos ver en nuestros semejantes a nuestros hermanos; renunciar a metas materiales y buscar la unidad espiritual.

Ser libres interiormente y captar nuevas energías cósmicas.
Poner en movimiento una energía vital que una a todos los seres en una búsqueda común que conlleve a la iluminación: a escuchar otra voz en una época de crisis espiritual y de inestabilidad material. Se trata de oír al Verbo que habita en el hombre.
(*De su libro Beethoven, perfiles 2017).

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -