Canómada aquí y ahora
Este texto ha de empezar con imágenes, no con palabras. Las fotografías desvanecen los límites temporales y espaciales del cuerpo, su poder de remembranza hacen que un proyecto pueda ampliar la capacidad de influencia sobre situaciones por venir dotando de una particular extensión a la vida. Por esto, ver fotografías de Canómada hoy, reaviva una experiencia que llega en este momento histórico como una poderosa reflexión sobre nuestra condición humana que se confunde entre lo presencial y lo virtual.
Pensar una Expedición Canómada sin el encuentro “real”, sin interacciones humanas directas, es un reto que estamos enfrentando ahora a nivel global, en un momento en el que lo doméstico abre camino entre la espesa selva del espacio público. Nos alcanzó de repente una prisa por valorar cosas esenciales que parecían difuminarse en las dinámicas normalizadas de la vida contemporánea y que hoy se confrontar por un algo invisible a nuestros ojos, un
virus. AQUÍ, en nuestros hogares y no navegando a contracorriente sobre el río Cauca y AHORA, más de diez años después, Canómada nos trae en su baúl nuevas preguntas ¿cómo seguir navegando y hacer posible el encuentro en un escenario en el que la diversidad nos desborda? ¿Cómo alcanzar el sentimiento particular de gratitud con quienes lo hicieron posible? ¿Cómo abordar y superar la extraña sensación de contradicción de propiciar el encuentro desde el confinamiento? y ¿cómo posibilitar nuevas experiencias para reabrir la bitácora, ya que el viaje aún no termina?
Punto de partida
Canómada es un proyecto que participó en el 41 Salón Nacional de Artistas (2008-2009) realizado en Cali, en el que durante dos meses se realizaron viajes entre varias poblaciones del río Cauca en el corregimiento El Hormiguero de la ciudad de Cali, navegando sobre una canoa y contracorriente, para identificar, promover y articular experiencias artísticas con las dinámicas sociales de las poblaciones visitadas. El baúl (una extensión en tierra de la canoa), fue bitácora de viaje, en el que se llevaron objetos y mensajes que propiciaron poéticas de
relación entre los diferentes lugares frecuentados. La presencia de diferentes artistas que acompañaron los viajes amplió las posibilidades de interacción y diálogo en las comunidades.
La aventura no terminó en el río Cauca, se extendió a la zona de eje cultural de la ciudad, con dos objetos de un alto poder simbólico, por un lado, una canoa de canalete dentro de una sala de exhibición que llevaba en su interior decenas de fotografías de las experiencias en los viajes, canoa que posteriormente en el devenir natural de la vida se convertiría en un pomposo árbol de mango; y por otra parte, una canoa de mayor tamaño que descansaba sobre el Puente España del rio Cali donde se generaban nuevas dinámicas de interacción en el espacio público para el contexto urbano.
Viaje, encuentro y movimiento
Si se pudiera encontrar un hilo que una los diferentes proyectos del Colectivo Descarrilados, seguramente se caracterizaría por su resistencia a establecerse y por su capacidad de fluir, Canómada representa por esencia esa condición que podemos definir simplemente como encuentro y movimiento. En Canómada el moverse es para encontrarse, justo ahora que nos empezamos a inventar nuevas formas de encontrarnos en la virtualidad, tanto es así, que se llegó a crear el concepto de canomadar como Acción de navegar- intercambiar-habitar-
indicar-relacionar- ir de viaje. La canoa fue bitácora de encuentros; el río, símbolo de movimiento y vida. El encuentro propició el diálogo de múltiples saberes que se compartieron y entrelazaron entre pobladores y visitantes. El viaje es una extensión de la vida frente a las limitaciones del cuerpo; el viajero atraviesa confines y supera la inmediatez de lo doméstico: Todo viaje lleva consigo una poética, de aquí, el carácter nómada del proyecto como metáfora que alude al tránsito, a la exploración y a la búsqueda.
Encontrarse, relacionarse es resistir
Entre las cosas más poderosas de Canómada está la promoción de diferentes relaciones humanas basadas en un sentido de horizontalidad. Y sucede que en el plano de las horizontalidades aparecen normas basadas en producciones propias que responden al ejercicio de existencias solidarias; las horizontalidades son lugares contiguos fundamentados en las relaciones sociales que se tejen entre colectividades e individuos; la verticalidad es el elemento perturbador que se encuentra con la fuerza colectiva de las horizontalidades.
Para Santos1, los cambios vendrán de abajo, desde el territorio, el trabajo y lo cotidiano, a partir de una toma de conciencia de los efectos excluyentes y la retoma de la solidaridad como fundamento de las relaciones sociales.
Michel de Certeau2 reflexiona sobre la creatividad silenciosa, fragmentaria y artesanal de la gente, que construye “maneras de hacer” o maneras de circular, habitar, leer, caminar, cocinar y relacionarse. No se trata entonces del ejercicio del poder, sino de la productividad de micro-resistencias que entran en acción a partir de las prácticas cotidianas. Certeau destaca la capacidad afirmativa y fundante de las resistencias.
Es en este sentido, creemos que potenciar horizontalidades y provocar el surgimiento de microresistencias, son propósitos que sustentan las acciones del colectivo desde su creación.
Sí corresponde a las denominaciones del arte contemporáneo para las prácticas que articulan procesos de simbolización, y apuntan a construir comunidad poniendo en escena costumbres, creencias, formas de vida, con las que se entretejen horizontalmente vínculos que se potencian y configuran como resistencias.
Espinosa explica que habría que pensar en la existencia de una estética de inserción social como enfoque que fundamenta las distintas formas a través de las cuales la práctica artística ahonda en el tejido social, y en cómo se encaja o brota desde lo social para constituirse en obra, considerando el acontecimiento y todo lo que éste implica de acción conjunta, devenir o suceso.
Creemos que en el imaginario colectivo, en la oralidad y costumbres, en las creencias y objetos, es donde confluyen el arte con la vida. Desde los recodos más íntimos de la cultura, aflora con fuerza la sensibilidad de la población que se mira a sí misma complacida y en complicidad con la mirada compartida de los artistas. Tal vez es esta la satisfacción referida en uno de los relatos, que cuenta del resbaladero de barro a orillas del río, en el que juegan a montonera muchos niños, como esculturas vivas que se deslizan. El arte como actitud opera como catapulta de energías socioculturales, susceptibles de ser acción política. En
este sentido, lo sensible no riñe con la esfera política que abarca el universo cultural de las comunidades; las fronteras del arte se entremezclan, lo político cobra nuevas dimensiones, y viceversa.
Navegar de nuevo
Acudiendo a la metáfora de navegar que trajo la denominada Era Digital, Expedición Canómada convertiría los dispositivos y herramientas digitales en objetos de navegación y bitácoras de viaje, con la creación de una estrategia de intercambio de fotografías de objetos personales y textos autobiográficos, en un tejido de intercambios donde los usuarios o navegantes se sostienen en una nueva forma de relación temporal y espacial que posibilita esa dimensión de la virtualidad. Expedición Canómada transitaría de las poblaciones a los hogares para seguir promoviendo el encuentro.
1 Santos, Milton. Por uma outra globalização: do pensamento único à consciência universal. Rio de Janeiro: Record, 174 p. En: Sobarzo, Oscar. Eure, Santiago. Brasil.
2 De Certau, Michel. La Invención de lo Cotidiano. Universidad Iberoamericana. México. 2007



