Detalles de las novelas Don Segundo Sombra y Risaralda

Jon Gallego Osorio

Entregado a la lectura, se van recorriendo dulces caminos de ensueño, bellos paisajes repletos de montes, mares y cielos, cientos de ciudades, ignotos continentes, inverosímiles personajes, vastas culturas, ubérrimas vivencias personales, inenarrables hechos históricos;  y nacen del corazón del sutil poeta y escritor, obras de bellísimas metáforas, que se deslizan por las vírgenes páginas como frescos riachuelos que invitan a saciar la sed sexual, literaria.

 

En una de esas tertulias casuales con un amigo y colega, Onofredo López, me regaló la novela “Risaralda”, de Bernardo Arias Trujillo, publicada en 1935.

 

No pensé en ese momento que sería de tanta importancia para mí. A lo sumo, un libro más para mis estanterías.

 

Pero no fue así, me cautivó inmediatamente por su belleza narrativa, por la riqueza de su estilo poético, que se podría decir no hay un renglón mal compuesto o escrito al azar. Es una novela, diría 100 por ciento escrita en prosa poética y una narrativa inimitable.

 

Valor histórico

Además de su valor histórico desconocido para muchos en Colombia, es una bandera enarbolada por todo el valle del Risaralda, Manizales y Pereira, mostrando las esbelteces de aquel viejo ”Sopinga” y sus inhóspitas selvas, desvirgadas para que naciera “La Virginia”.

 

Admiro sobre manera la forma tan sensible que nos hace ver de forma directa y sin soslayo alguno, la belleza de una piel morena como la de “la Canchelo”, de las canteras del África, piel charolada, o sus elogios al tiple, el torbellino,  al poncho,

 

al aguardiente, el machete, y tantos otros temas que hizo inmensos con sus ojos diáfanos y límpidos como la virilidad masculina.

 

Y entonces uno se pregunta… ¿de dónde le nació tan genial idea?

 

En Argentina

Pues fue enviado a Argentina como secretario de embajada y allí mientras se entretenía con las libertinas carnes de Roby Nelson, le llegó a sus manos, que para su época es muy seguro “Don Segundo Sombra” de Ricardo Guiraldes, publicada en 1926. Novela gaucha repleta de ternuras viriles inconfesables, viajes de reseros, “llaneros diríamos nosotros” el cual también leí seguido de Risaralda y encontré por “diosidencia” algunas cosas que son el motivo por el cual escribo estas líneas.

Leyendo a “Don Segundo Sombra”, encontré un cuentecillo llamado “Miseria”, excelente cuento de fábulas costumbristas, pero al poner a tras luz este cuento, me di cuenta inmediatamente que es el mismo, calcado, “A la diestra de Dios padre” de Tomás Carrasquilla publicado en 1897, tiempo suficiente para que pudiera viajar hasta Argentina y fuese leído por un ávido escritor como Guiraldes.

Y entonces, lo pudo amasar, maquillar con sus propios colores, tonos, voces y detalles, sin dejar de ser en el fondo la obra del insigne colombiano en mención.

Reconocer

Irreverente sería dejar de reconocer la belleza en la novela de Ricardo Guiraldes, que al igual que Bernardo Arias, son excelente baluartes de la literatura latinoamericana.

No queriendo ser injusto en mis apreciaciones, encontré también en la novela de Bernardo, al final, un versito que me pareció sacado de un corrido ranchero de Antonio Aguilar.

“Por si acaso me muero no me entierre en sagrao

Entiérreme en un llanito donde me pise el ganao”.Verso de la canción del “Hijo desobediente”.

Pero no es de origen mexicano el mentado verso, es una importación que hizo Bernardo Arias Trujillo de Argentina, poema “Santos Vega” de Rafael Obligado.

Pequeños detalles

Es así, como en pequeños detalles, alcanzamos a avizorar no un plagio ruin, mezquino, y descarado, sino un traslado involuntario que se mete como un gusanito en el cerebro del escritor, y que se queda dando vueltas por haber llamado la atención, por reconocer y admirar su belleza, y en algún momento salta a la luz y cae sobre las páginas inéditas, sin más intención que escribir algo genial, y mucho más hablando de una época en que era poco probable que un autor se diera cuenta si otro había utilizado un recurso que llegó a ser muy similar, sin dejar de ser por ello las libres letras que componen el vasto plantío del vocabulario y de la literatura mundial.

 

Sería adrede… no lo sé.

Importante es exaltar el trabajo bien hecho, la belleza contenida en aquellas obras, observar con ternura sus nacimientos, sus pasos en el mundo, su trayectoria hasta hoy o la inmerecida muerta por pérfido olvido.

 

Reeditada

No quiero que sea así con la novela “Risaralda” de Bernardo Arias Trujillo. Considero que debería ser reeditada y estudiada en los centros educativos como así lo hacen en la república hermana de Argentina con las novelas “Don Segundo Sombra” y “Martín Fierro”, obras de orgullo nacional y literario.

 

Así deber ser con Bernardo Arias Trujillo, un genio literario colombiano que al igual que el envigadeño Fernando González fueron publicados a sus tiernas edades de 21 años, tarea no muy fácil para esos días de tanta incredulidad editorial y dificultades económicas.

 

Eran titanes precoces de las letras, hercúleos gigantes de la poesía, del pensamiento, de la sensibilidad, de la filosofía, y no podemos permitir por ningún motivo dejar morir obras de tal peso en el absurdo olvido, desagradecido y traidor.

 

Que brillen de nuevo “Muchacha sentimental”, “Cuando cantan los cisnes”, que te vayas “Por los caminos de Sodoma”, y vadeando por “Risaralda” encuentres al fin tu “Luz”.

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