Dos poetas, dos maneras de sentir el mundo

ENTRE ÉL y ELLA

Anyeli Hernández Pérez

Jane, una mujer bella, en la flor de su juventud, cuando las primaveras aún no cuentan, cuando los ojos alcanzan grandes distancias y el abrazo del otoño está muy lejano, ella de piel tersa y delicada como pocas que haya conocido, sus mejillas rojas como flores carmesí y en sus cabellos unos cuantos hilos plateados la convierten en una dama digna de apreciar.

Se distingue por su entrega al hogar, su familia, su parroquia. Jane emana una fe inquebrantable que la Ileva todos los días sin falta a aquel recinto sagrado, donde se postra y con el corazón contrito y humillado a Dios le clama y le alaba.

¡Es un hecho… Exclamó alguien!… Jane tiene una pena porque últimamente casi siempre se le ve sollozar y derramar lágrimas que ruedan por sus mejillas mojando todo su bello rostro, lágrimas desprendidas desde lo más profundo de su ser. ¿Qué será, por qué tanto llanto? Quienes la observan se preguntan… ¿Qué sucede?

Aún así en medio de su estado ella no se deja perturbar con lo que pasa a su alrededor… ¿Quién va de buen traje, quién llegó tarde, a quién le suena el teléfono? No – ella permanece ahí, siempre ensimismada, hincada, en silencio ¡ella ahí con Dios y Dios con ella! Nada la abstrae.

Porque hay que decirlo, la mayoría de feligreses van solo de espectadores; muchos solo los domingos tal vez a expiar en algo sus culpas; van más, por cumplir con un deber, pero no movidos por el amor y “es que no se puede amar lo que no se conoce”… Ellos poco saben de los siete sacramentos (bautismo, eucaristía, confirmación, reconciliación, unción de los enfermos, orden sacerdotal y matrimonio).

De los cuatro misterios de la vida de Jesús de la mano de María (los gozosos, dolorosos, luminosos y gloriosos) de la estructura de la iglesia.

Jane en cambio conoce muy bien ese lugar y todo lo que el representa; sabe de ángeles, arcángeles, serafines, de santos. Sabe que su parroquia hace parte de las ocho vicarías que hay en la Diócesis de su ciudad, comprende que ella hace parte de los más de 45.3 millones de católicos de su país, que su religión se profesa hace más de dos mil años, cuyas enseñanzas se basan en la biblia y la tradición apostólica.

Para Jane no bastan los tantos años que lleva asistiendo a ese lugar en el que se encuentra con su amado, el que está allá en lo más silente donde una Iuz roja indica que ahí habita el cuerpo y sangre de quien dio la vida por ti, por mí y por todos; para ella solo basta que él no exceptúa a nadie y que está a la espera de quién disponga su corazón y lo reciba en infinita gracia.

Ahora está Jane, postrada ante el altísimo viviendo el gran milagro de la comunión con Dios ” la eucaristía”. Ahora está ella en ese Iugar maravilloso, Iugar que a pesar de su llanto le transmite paz, plenitud, una experiencia intangible, gozo.

Ahora iHoy! Jane tendrá que contarnos acerca de su profundo llanto.

-Quizás si llanto es por la felicidad de conocer a Dios plenamente.

  • Quizás llanto por los que sufren en el mundo.
  • Quizás llanto por los católicos no comprometidos.
  • Quizás llanto por alguna pena propia.

¡No sabemos, tendremos que esperar!

 

ORACIÓN

Juan José González

¡Una oración!

De norte a sur

¡Grande!

De mar a cielo

Más allá del eco

Antes del silencio

Al pisar la aurora

Al llegar la sombra

¡Infinita oración!

Del Jordán al Nilo

De Getsemaní a Lajas

¡Oración!

Por la paz

El amor

Por toda la gracia

 

DIOS Y YO

Juan José González

Codo a codo

Mano a mano

Abrazado

Sin darle tregua

Caminando junto a él

Sudor entre sudor

Palma sobre palma

Le respiro en el hombro

Colmo sus días

No le dejo descansar

¡Me mira y le miro!

Le buscó con afán

Amamantó de su néctar

Nutro de su gracia

¡Dios y yo! Yo

Alfa en devoción

Erguido en alabanza

¡Dios, Dios, Dios!

Plenitud, abrigo, oración

¡Dios!

Amor, fe, esperanza

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