James Llanos Gómez
Los seres humanos son proclives a la compra de productos y cosas que son de uso diario, doméstico y también de gustos muy particulares: un reloj, una pulsera, ropa, zapatos… o algo para la casa: muebles, lámparas, y también para la alcoba o el carro y la oficina; esto es normal en personas adultas que en su mayoría realizan esta clase de compras con frecuencia, regular y otras con compulsión; son muy pocas las personas que no compran cosas, que siendo de primera necesidad lo hacen por “principios”, negándose al consumo. Hay excepciones de personas que se salen de lo normal y les gusta comprar con frecuencia cosas exóticas, únicas y de colección, como arte preciado y otras personas que compran de manera compulsiva.
Para realizar una colección o comenzar a pertenecer al mundo del coleccionismo, se debe tener un punto muy definido y es el de la CURIOSIDAD. Esta característica es un acto que se aprende desde pequeño por lo regular a través de los padres, los abuelos o un amigo excepcional que compra, vende o cambalachea (forma o nombre para denominar algunos que intercambian y está dentro del coleccionismo). Las personas que coleccionan arte visual que es lo que se ha reactivado después de esta pandemia, tienen una curiosidad y asimismo un deseo, reactivado por la soledad y de creer si se quiere, que la belleza está en un lienzo, en un dibujo o en una escultura, elementos que sirvieron para poner a volar los sueños, el gusto y la felicidad en lo adquirido.
Los que compran cada mes, cada semestre o año tras año una buena pieza de arte, joya o artículos de colección para uso personal, son aquellas que sin tener mucho dinero tienen una forma de vida que se sale de lo corriente, transformándose fundamental para su vida; “empezar a coleccionar tiene que ver de alguna manera también con la educación o estructura cultural, desarrollada o provocada por sentido propio y que responde a la sensibilidad”, lo anterior también va ligado al poder adquisitivo: son millonarios, tienen solvencia o desde la precariedad económica y con dificultad compran o adquieren la pieza de arte es porque habita en esta persona una mirada desde lo afectivo y da un plus de espiritualidad. Hay quienes coleccionan solo porque lo comprado tiene un “no sé qué” bellísimo, y otras compran porque en esa obra hay algo que va con la personalidad del comprador y esto es muy legítimo.
En contra censo hay personas compulsivas para comprar que no tienen curiosidad, ni educación y menos estructura cultural, solo son acumuladores, o sufren del complejo del seudo-intelectual, o presumir de culto o posar de un ser sensible y universal, sin saber de lo que tiene; esta situación no tiene que ver con la estética, ni la beldad o la fealdad, sino por el contrario, con una patología de carencias, vacíos que le corresponde descifrarlo a un psicólogo o un sicoanalista; en este berenjenal no me detengo; pero que los hay, los hay.
Otro aspecto que juega un papel importante en este tema es que un coleccionista compra obra de arte porque en él observa lenguajes y símbolos, asimismo el coleccionista destaca la manufactura, lo auténtico, los materiales y en qué estado se encuentra la pieza, en este orden de ideas, lo anterior nos ilustra que para ser coleccionista se necesita capacidad y discernimiento, educación, conocimiento de la pieza a coleccionar, la disciplina e información del mercado del arte de época y también que lo que se compra, tenga vigencia en y con el tiempo.
En “Torre Central”, Pereira, el centro de negocios de la ciudad de Pereira, y más concretamente en la sede de “El Salón del Ciudadano”, he visto que se exhibe una clase de arte en su gran medida de artista, aquellos que venden para pintar y otro porcentaje que pintan para vender, las dos opciones son válidas.
Los primeros siendo pintores muy buenos, viven el día a día para resistir la vida, que siendo muy buenos han tenido que venirse a menos con los precios por la situación económica en los últimos 18 meses, pero que, sin embargo no pierden calidad y menos circulación y los segundos, son muy buenos, con recorrido, experiencia y que han transitado galerías, museos y están en colecciones de gran prestancia nacional e internacional que pintan para vender, en este contenedor no convencional da para cualquier comprador, coleccionista o comprador compulsivo y que en últimas los más beneficiados son los creadores que hacen y crean obras producto de su sufrimiento, sacrificios otros de su profesión de 8 horas diarias, que saben que el producto realizado es una pieza de arte que no importa dónde se exhiba o exponga, pues lo importante es que su propuesta visual alegre un ser humano, ponga a volar su espíritu, cumpla sus sueños o simplemente su cuadro o escultura le va a llevar color y alegría a su habitáculo; la obra termina siendo su propio espejo con el cual habla a diario y lo mira y admira, según su estado de ánimo.
Muchas formas son determinantes para comprar una obra de arte: la trayectoria del artista por ejemplo, que el artista esté de moda o haya tenido un buen recorrido, es suficiente para un adquirirle su hechura, otro aspecto para provocar a un coleccionista es que éste sepa –el coleccionista- a quién le ha vendido el artista, donde resida, donde ha expuesto o simplemente porque el artista tiene una línea muy original y extraña para que el comprador reactive su inversión.
Sea lo que sea, los invito a que visiten y frecuenten este sitio en mención, otras galerías o talleres de artista independientes, esto le viene bien al comprador, al artista, al galerista, al marquetero, el acarreador y los que visiten la casa donde viva la obra y esperar que los que venden en dólares o por encima de 8 dígitos a la derecha se bajen, como les ha ocurrido a muchos que en otras oportunidades, vivieron en el extranjero y vendieron costosísimo y hoy están en Pereira y están en esta galería en mención y otros espacios.
Lo anterior ocurre donde los seres del común y profesionales de distintas áreas, son de carne y hueso.












