El escritor José Adelnide Giraldo Herrera

Es novelista de trayectoria, Poeta y Músico, además de ser comerciante y hombre
de hogar. Vive en Dosquebradas.

María Ligia Acevedo
Presentar a José Adelnide Giraldo Herrera puede resultar innecesario para
quienes le conocen lo suficiente; y hacerlo bajo el contexto de cuanto abarca su
obra escrita y musicalizada sobrepasaría los límites de tiempo, por cuanto lleva
muchos años de su vida dedicado a las letras y a la música convirtiéndolas en su
prioridad.
Es novelista de trayectoria, Poeta y Músico, además de ser comerciante y hombre
de hogar. Su obra literaria abarca un número publicado de 14 volúmenes, 8
novelas y 6 poemarios. En lo musical, su producción no resulta ser menor a los
200 temas, en su mayoría aún inéditos; sin embargo, una tercera parte ya se
encuentra grabada en álbumes entregados al público, en los que se destacan con
gran sentido de pertenencia 5 producciones en honor al Municipio de
Dosquebradas, lo cual le convierte en uno de sus hijos adoptivos, sobresaliente y
valioso.
Sus escritos pendientes de publicación se aproximan al número de obras
registradas e impresas, agregando además que no se circunscribe a uno o dos
géneros literarios, sino que incluye diversas técnicas de narración, capaces de
atrapar al público lector que lo acoja y disfrute en el momento en que vean la luz.

Defínanos para entrar en contexto, qué es la angustia y cómo podría ser
admitida y reconocida por nosotros mismos, sin que sea confundida con
otros sentimientos o sensaciones…
Bueno, Ligia. Definir la angustia, considero que es muy difícil; pero sentirla, pienso
que es como un trastorno de ansiedad que experimenta el ser humano, cuando se
enfrenta a situaciones complejas y de difícil solución; ya sea: a) En el orden
psicológico: la perplejidad de alguien cuando se aboca a tomar decisiones para su

futuro inmediato y aún no ve claro el paso a seguir, b) En el orden material: al no
encontrar la forma de solucionar los problemas económicos para las demandas de
subsistencia suyas y las de su propia familia; c) En el orden de la salud, cuando se
enfrenta a una enfermedad incurable, o ante la escasez de los medios económicos
para comprar su salud o la de un ser querido. d) En el orden existencial: Su propia
perplejidad, cuando se enfrenta a la finitud, o cuando descubre la falta de sentido
de su propia vida.
Yo diría que la angustia es la respuesta al sentimiento de inanidad del ser
humano, quien, a pesar de su grandeza como criatura en este complejo universo,
se siente tan limitado ante el infinito, y tan frágil ante cualquier amenaza.

¿Pudiéramos decir que todo hombre, aun desde la primera edad, es abocado
a sufrir en determinados momentos el acoso de la angustia, que lo lleva a
sentir con mayor intensidad ese estado de zozobra interior que duele y
atormenta, impidiéndole vivir con placidez y gozo la existencia?
Por supuesto. Esa es la condición del ser humano a la que ha sido condenado
desde el mismo instante de su concepción, condición de la que ninguna criatura
racional puede sustraerse, sobre todo cuando se trata de enfrentar el misterio de
la existencia misma y los complejos más profundos del alma; pero que se hace
más dura entre los desposeídos de la fortuna y los que nos debatimos en estratos
sociales más populares, que en realidad constituimos la inmensa mayoría de la
humanidad.

Se reconoce
Usted como ministro de la iglesia en ejercicio, que lo fue, tuvo ocasión de conocer
por boca de feligreses, y de advertir en la mirada o en las actitudes humanas
aquellos estados emocionales donde tantas veces la lengua y la voz se estrujan
haciendo del silencio un dolor mucho más agudo.
En su obra escrita, y liberado ya de las ataduras clericales, usted alude a ese
estado de angustia que sufre el individuo común y corriente, y que usted mismo ha
llegado a padecer, como lo cuenta en su novela autobiográfica “Después de la
soledad”, donde expresa todo ello en fragmentos poéticos y literarios y muestra
además la forma en que usted llega a desahogarse, mirarse como ante un espejo,
reconocerse, aceptarse y aún más, dar ánimo a quienes lo leen, a fin de que
logren la fuerza suficiente para asumir los retos necesarios a su debido tiempo.

Además, en los personajes de sus novelas, usted se convierte en un testigo de
esa angustia que ellos padecen, y que en ocasiones los convierte en héroes de la
vida real, en la que algunos de ellos logran asumir con valentía y arrojo el reto de
vivir, no importa que al final, el absurdo del fracaso termine siendo su respuesta.
Sus textos transversalizan y ponen en evidencia la lucha diaria de cada personaje,
su narrativa y sus diálogos, llenos de profundos sentimientos que embargan al
hombre en cualquier contexto humano.
Citemos por ejemplo su Novela El Último Vuelo de las Pavas, donde perfila
desde su inicio un ambiente de angustiosa desolación y temor, personificado en
Luis Cornejo y Amelia, sus protagonistas, quienes, con sus dos hijos aún
pequeños, se ven obligados a abandonar el terruño de sus querencias para ir en
búsqueda de un lugar donde puedan escapar del guerrillero que quiere destruirlos,
por lo que a diario suman angustia tras angustia, hasta el final, que, para su
fortuna, es feliz. Pregunto entonces…

¿Cómo puede el hombre de hoy, enfrentar esa angustia que le persigue y le
acosa sin tregua por lo que vive, por lo que presiente, por lo incognito?
Ahí, sí me corchó, mi querida Ligia. Ojalá yo tuviera las respuestas; pero es que
son muy complejas las situaciones en que los distintos seres humanos enfrentan
el motivo de su angustia. Tanto en lo económico, en lo existencial: sus problemas
de orden sicológico, su perplejidad misma ante el panorama turbio de su finitud o
infinitud, los diferentes motivos con razón o sin razón que enredan su alma… en
fin. Yo lo único que puedo decirte es que existen demasiados motivos de angustia
en el hombre actual y que apenas lograré ser testigo de ello; aunque a veces mis
escritos puedan constituirse en una denuncia ante las dirigencias que en algo o en
mucho podrían dar alguna solución social o humana. Quizá haya momentos en
que yo pueda aportar algo en su favor, y en ese caso, lo hago y lo haré
gustosamente, como uno de mis retos de solidaridad. Por lo pronto podría decirte
de acuerdo a mis creencias que el hombre es hechura de un ser superior a quien
llamamos Dios, y que a él se debe acudir en algunos momentos, con la seguridad
de recibir de él, o la solución, o la fortaleza para afrontar la dura contingencia.

La angustia
Continuando con algunos de sus libros, veamos su novela “El absurdo de
Idalba”. Usted relata la infancia triste de la niña Isabel, el asomo de su juventud
en medio de la pobreza y el maltrato, de que es víctima permanentemente, hasta

sumirla en el entorpecimiento de su mente, la inanición y la muerte misma, en su
plena edad de oro, que constituye sus diez y siete años de edad y restriega
permanentemente el sentimiento de angustia reflejado en Carolina, su segunda
protagonista, una niña mimada por las comodidades de su hogar, quien se
escandaliza con la lectura de ese documento amarillento hallado en el ático de su
casa y que relata tan tremendo drama, llevándola a un estado permanente de
inquietud y dolor esta vez ante la enfermedad y la muerte absurda de la pobre
Isabel.
En este libro su protagonista principal, una mujer-niña, Isabel, o Idalba, es quien
carga su dolor más inaudito hasta la muerte y en medio del silencio cómplice de
una sociedad que la rodea y que ignora tristemente todo su dolor y pesadumbre.
Ya lo hemos dicho, que, en todos los momentos de la existencia humana perviven
estados emocionales de angustia.

¿Considera que es beneficioso o saludable que el hombre viva en silencio
aquellos estados emocionales que le abaten y menguan en todo su
integridad física y psicológica por temor a exponerse a la crítica, a oponerse
ante el mandato que va contra su propio sentir y deseo, o por carecer de los
medios económicos, de educación, o preparación adecuada para afrontar
nuevos retos?
Yo pienso que no es bueno sufrir en silencio los estados emocionales, o cualquier
situación de depresión, sin correr en busca de solución. La consejería y la terapia
están muy avanzadas y hay que aprovecharse en lo mejor que se pueda de ellas;
y si el problema de angustia obedece a situaciones económicas, también debe
acudirse a la ayuda de quien corresponda. Hoy día los medios de comunicación
social prestan muy buena ayuda para denunciar las injusticias y suscitar la
solidaridad humana.

¿Qué representa para usted el mundo de hoy y ése que nos dicen tendremos
mañana? Y cuáles son las posibilidades que tendrán esos ángeles sin
paraíso, que somos todos, cuando la existencia humana ya no lo sea tanto,
pero que aún nos lleve a considerar, como lo hace el narrador en su novela,
que ve y siente al mundo como una bóveda que encarcela pero que le hace
feliz el ver que a sus ojos “exhibe un caleidoscopio de información de un
universo en convulsión”.

El mundo de hoy es un escenario de luchas a las que debemos enfrentarnos todos
los que por fortuna o no, llegamos como actores de nuestra propia historia.
Nuestra lucha es personal y comunitaria y nuestro destino es destrabar lo que está
trabado, para alcanzar las metas que consisten en procurarnos un bienestar y una
felicidad, que por supuesto no podrá ser eterna en este mundo; así que los
motivos de angustia del hombre se convierten en un reto a superar
permanentemente. Esa es nuestra condición, y este es el mensaje que yo tengo
finalmente para dejar a todos mis amigos y conocidos: No se puede estar
cruzados de brazos ante el surgimiento de nuestras carencias; y mucho menos
pensar que ya todo lo hemos logrado. Nuestra condición de seres incompletos nos
debe llevar a una lucha interminable, como infinita es nuestra búsqueda de
eternidad, hasta el final de nuestros días.

¿Podrá el amor derrotar finalmente la angustia de las almas de los hombres?
Bueno, Ligia. Esta es una pregunta demasiado importante y realmente diría yo que
en gran forma sería un antídoto a la angustia generalizada de la humanidad; pero,
considerándolo en su fondo, pienso que la respuesta a la angustia que se da en
situaciones tan diversas y complejas del hombre, el amor no sería suficiente
panacea, ya que el solo término “amor” es, para mí, algo muy genérico y en el
fondo muy difícil de aplicar, sobre todo ante un colectivo humano tan disperso y
heterogéneo. No obstante, en algunas situaciones, seguramente podría ser un
instrumento eficaz de ayuda. La angustia se encuentra más en el terreno de lo
psicológico, en la afección del alma frente a situaciones traumáticas; y en ese
campo, las respuestas podrían ser mucho más complejas y exigentes.
Dosquebradas, miércoles 27 de noviembre 2024

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