“Escribo por insatisfacción”: Andrés Ballesteros

John Harold Giraldo Herrera

Silicona es el trabajo ganador del segundo premio de novela, entregado por Klepsidra editores. Su autor, Jaime Andrés Ballesteros, con quien conversamos, nos cuenta, sobre sus obras, nos deja saber de su trabajo como escritor, la relación con la noche, sus actividades como la docencia, su pasión por el cine (es uno de los fundadores del emblemático Cine club Borges), su profesión de Ingeniero, sus ideas sobre lo que hemos estado viviendo y una serie de hechos más.

La novela es un ejercicio experimental, sus temas nada pudorosos, su fuerza narrativa de enganche. Jaime Andrés, ha crecido en medio de las cavernas modernas, entre aulas, en una ciudad que crece en habitantes y se expande en lo cultural. Ha cultivado su tenor, publicando ensayos, novelas como la de El guionista, cuentos como el de Mis películas favoritas y también ha incursionado en el séptimo arte. Ha ganado premios, ha hecho una trayectoria que lo convierte en escritor.

Participando cerca de 30 novelas que llegaron al concurso, la novela Silicona, será publicada. Recordamos al maestro William Marín, quien fue el galardonado el año pasado en esta misma convocatoria, que le permite a los literatos, obtener reconocimiento y que sus obras salgan a la luz. Jhon Jairo Carvajal, quien preside la editorial, se ha abierto caminos con nuevos libros y escritores y ha permitido fortalecer una industria aún naciente, en la que la literatura llega a más públicos.

De principio felicitarte. Un hecho en mi salta como premonitorio. Silicona llega en un confinamiento para toda la humanidad, y lo que narras es a un ser humano quien decide tener una propia manera de aislarse, en este caso con sus gustos, conflictos, placeres más particulares. Silicona es un artefacto que nos hace pensar que, ¿necesitamos prótesis los seres humanos para vivir?

Sí, definitivamente, la novela la escribí en el 2013. En esa época tenía unos intereses, podría decir que parte de la receta que dio el inicio de la novela, fue un interés social: la tecnologización de la intimidad. Una frase me hizo mucho ruido, alguien dijo: “Si los mataderos tuvieran paredes de cristal en lugar de paredes de ladrillo, dejaríamos de comer carne”.

Me pregunté, bueno y si las cárceles también fueran de vidrio, las estaciones de policía, y si las casas, las iglesias y todo fuera de vidrio, dejaríamos de comportarnos como ahora. Entonces me hacía ruido lo de los límites. Con el tiempo deseo enfocar la idea de asentar un límite: es nuestro interés propio y puede ser el mundo muy grande, si nuestro interés es pequeño el mundo será así. Con el confinamiento queda muy comprobado esa tesis. Nos vendieron la idea de que el mundo era nuestro, amplio, de que tenemos la internet y no que no nos va a pasar nada.

El tamaño de las redes, de nuestro interés y ahí es donde viene lo que tú dices: la necesidad de prótesis, sin ellas quedamos solos, encerrados; solos con nuestros deseos, penurias, deficiencias y esa es una película de terror completa. Entonces sí, es una casualidad lo que tú dices. Me parece llamativo lo del confinamiento dentro de la novela y claro para uno confinarse con uno mismo se necesitan prótesis.

Jaime Andrés la escritura de este texto, lo asumo como un ejercicio experimental, fuerte, vigoroso y que no tiene ningún tipo de ruborizaciones para hablar, los personajes son sueltos en sus pretensiones y quiero saber, ¿con quién dialogas?, ¿cuál es el público?

En el 2013, esa fue una de mis grandes dudas, la tecnologización de la intimidad. Esa frase dándome vueltas, la de las paredes de vidrio y no encontraba cómo, entonces aquí viene el otro ingrediente: el literario, en esa época me leí un libro que pasó a ser parte de mis libros preferidos y fue una novela negra que se llama Tarántula (1984) de Thierry Jonquet. La novela en la que Pedro Almodóvar se basó para hacer la película, La piel que habito (2011), entonces cuando la leí, encontré el tono, la forma y esa posibilidad de poner paredes de vidrio a los sucesos de la historia. Tarántula me dio esa fuerza y el ánimo para tratar de escribir con una presencialidad diferente, no desde un narrador muy común, como si los personajes estuvieran siendo vistos en su fábrica, en sus casas siendo vistos a través de una pared de vidrio.

Ese podría ser el otro ingrediente en que terminó siendo escrita la novela, uno le da vueltas hasta que mueren al ser publicada. Esa novela en particular, la gran esencia, todo ha sido, no la he movido y la escribí en el 2013. Hoy por hoy no me llama la atención esos mismos temas, ese fue el escenario que explica esa forma de vivir. No continué escribiendo así, sigo en formación y buscando cosas, cuando pienso en lo que he escrito, son un poco separadas de los demás.

24Me genera un grado de sugestión, cómo una persona como tú, que es un hibrido, un ingeniero, un humanista, un escritor, un profesor de cine, un esteta; en el caso de ser Magister en estética y creación, has combinado disciplinas que podríamos llamar formativas, con aquellas cercanas técnicas. Además, eres silencioso, reservado, ¿cómo se forja una persona con todos esos matices como escritor?

He visto que hay una cierta tradición de escritores que vienen de un mundo a veces técnico: físicos, matemáticos, estadísticos y escriben. He dado vueltas, las permitidas en una ciudad tan pequeña como Pereira, porque ese ha sido mi mundo. Puedo decir que no me siento a gusto con el mundo, entonces creo que toda esa forma de dar vueltas y escribir es porque siempre estoy buscando salidas. Necesito salirme por ratos, irme. Lo que he hecho y las vueltas que he dado y no poder como tener una línea única formativa por decirlo, de alguna forma, se explica en eso.

No soy muy amigo a hablar en público, prefiero escribir. No me veo como escritor, más bien narrador. Quisiera llegar a un escenario donde las obras hablaran por sí solas, sin hablar del pequeño mundo del escritor, sino de otras cosas; es la ambición que uno tiene, todo se explica porque estoy insatisfecho con el mundo y uno busca sus formas de escaparse y sostenerse con la ansiedad.

Los diálogos nos permiten giros, dar vueltas… revélanos un poco el ejercicio de combinar oficios, quien te conoce sabe que eres ingeniero, un cinéfilo y te reconocen por Cineclub Borges y por ser el profesor de cine de la UTP y además también haces documentales…

Hay una especie de búsqueda de algo. Contar con varias versiones del asunto es mucho más que tener cada versión por separado. Detrás de eso, el ego de tratar de acercarse desde muchas versiones de uno mismo. Se une con mi especie de lío social, de no compartir mucho o de no tener una vida social fuerte. Queda uno solo en el mundo y tratando de buscar todas las versiones y da vueltas por aquí y por allá. Termina haciendo uno lo que vos dices, unir un poco de oficios y de caminos y de miradas, algo así como una cámara que tiene una óptica muy grande, con una gran cantidad de lentes y me permiten ver las cosas desde muchos puntos vista. Me ha servido en muchos ámbitos. A la hora de escribir porque si uno va a salir del mundo, pues al menos tratar de buscar las mejores salidas ¿no?

¿Alguna vez has sido ingeniero?

Sí, antes de estudiar ingeniería ya era ingeniero. Va muy de la mano a lo ingenieril y eso hay que pegarlo al ingenio. Lo que pasa es que el ingenio infortunadamente en nuestra sociedad occidental, la trasladaron a la palabra genio. El ingenio tiene que ver con las posibilidades de recolectar, de hacerse, de prever, de ser estratégicos, más que táctico, hay un poco de asuntos ahí que juego y claro, al principio lo decía, no me niego, pero con el tiempo me di cuenta de que soy ingeniero escribiendo, dictando las clases, acercándome a todo, o sea, la ingeniería es muy occidental, muy visto desde el punto de vista numérico, constructor, industrial. Lo ingenieril es una competencia que todos tenemos, todos lo hacemos, por ejemplo, cuando escuché la lectura que haces de dos fragmentos de los libros míos en #contagiopoesía, fue extraña la sensación de oír esas palabras en un tono que vos le pusiste. Sucede que leíste unas poesías, y después conservaste el tono y el ritmo y pasaste a mis textos con ese mismo aire, me sentí como, ¿perdón? Yo no escribí eso, acabo de escuchar algo de poesía en eso que escribí y eso lo da una decisión que tomaste vos, o sea, el ejercicio que hiciste: creaste un mundo narrativo, creaste literatura y eso es ingeniería, básicamente.

Hablemos un poco de cómo te has hecho escritor, hay muchas maneras de llegarlo a ser, tú eres de oficio, quiero decir cada que tengo la oportunidad de saber, te veo con libros, con autores, estás hablando de obras; me sorprende y tienes esa capacidad, no sé cuántos premios has acumulado, porque lo tuyo es con cuentos, con novelas, obras ensayísticas y ahora un premio de novela, cuéntame ¿cómo se ha hecho ese escritor Jaime Andrés Ballesteros?

Podría decir que la evolución de mi formula de escritor es como normal. Hubo un taller literario cuando estaba en primero de bachillerato, conocí a un personaje que nos explicó la ciudad desde otro punto de vista, eso me fue llamando la atención, estudié en un colegio donde se me incentivó a escribir. Se fue desarrollando una vocación durante el bachillerato, por allá gané un concurso en el colegio, fue sorpresivo. Es a veces contraproducente porque queda la marca, cuando marcan el ganado así es, entonces quedo marcado con un hierro fundido en la piel por el resto de la vida: tus compañeros de la escuela te marcan como el escritor del salón, eso va generando unas prácticas. Al principio era una clase de escritor ocasional, solo me sentaba a escribir cuando tenía cosas claras y escribía visceralmente, podía sentarme dos horas seguidas sin descansar. Con el tiempo uno va encontrando pausas, se va dando cuenta que es más importante escribir lento, si se escribe un pedacito cada día queda más a gusto uno. Luego como que la actividad intelectual siempre ha estado cerca y la lectura también, eso va dando también unas competencias de estar sólo, encerrado y no tener líos. Pasa tiempo y cuando uno menos se dio cuenta se entera de que es escritor de oficio, ¿por qué?, uno todos los días necesita escribir. No me iba a dedicar a escribir todos los días y iba a hacerlo cuando tuviera ganas, con el tiempo uno se da cuenta de que hay una fórmula, un modo de ser. Esa es mi historia, que puede ser una historia muy normal, así pasa. Por ejemplo, Silicona, fue escrita en un estado que combinó las dos: disciplina de escritor, y necesidad por verter todo eso. Silicona salió muy rápido en el texto y de pronto eso explica la forma de la prosa que quedó. Sigo buscando con muchos sustos, con muchas dudas todavía, sin una fórmula, más que escribir. Escribir es como cuando alguien se va a pensionar, cada semana la suman y al final se pensionan es porque tienen tantas miles de semanas. La única forma de decir que se es escritor, me imagino que será por allá a los setenta y cinco u ochenta años, acumulando esas semanas y pueda decir: listo, ahora soy escritor. Por ahora estoy haciendo el proceso.

Conociendo un poco tu intimidad y por la cercanía quizás me hace conocer detalles. Cada escritor tiene distintos modos de asumir su escritura, algunos se levantan temprano, otros lo hacen durante todo el día, conozco que lo haces en el territorio de la noche y hasta muy altas horas de la madrugada, ¿cómo entender esa relación tuya de la escritura a esas horas y esa manera de convocarte con la página en blanco, con tus experiencias para escribir en altas horas de la noche y de la madrugada?

Es complejo, soy vampiro, escribo a la madrugada. He intentado muchas veces cambiar y ser escritor de la mañana, he leído muchos escritores que dicen que la mañana es maravillosa para ellos, pero no he podido, desde que me conozco he sido una persona atraída por la soledad de la noche, muy diferente a la del día y ahí es donde me encuentro. Dejo las lecturas para horas del día.

El trabajo también permite eso, la docencia, se despliega en horarios. Es un asunto también de no tener opción, si uno no escribe no se encontraría y entra en crisis. Escribir es muy placentero, aunque, es mi manifestación de insatisfacción. Si no pudiera escribir en la madrugada, lo haría en cualquier momento del día; llevo muchos años escribiendo en la madrugada, de acuerdo en que eso matiza los temas de mi escritura. Escribir por la madrugada, escuchar el rumor de la ciudad durmiendo, por ejemplo, en esta época de cuarentena, se siente una pesadez diferente en el centro de la ciudad a las horas de la madrugada que antes. Lo pone a uno a pensar, y eso se traslada al papel. Soy un escritor de la madrugada.

Jaime, hay muchas inquietudes, pero para hacer de este diálogo algo que tenga un hilo de coherencia, quiero hacerte una última pregunta, y es: has navegado por varios géneros literarios y por varios géneros al mismo tiempo del pensamiento, porque escribes desde reseñas de cine, recuerdo mucho Las reseñas de cine para 3:00 pm, como también tus ensayos y cuentos y novelas, y esa producción ya te convierte en un escritor. Hay quizás un criterio que no cumples dentro de todo el ejercicio de escritura: tu poca relación con los círculos literarios, los escritores andan con otros escritores, como en una especie de horda, van a las ferias del libro, hablan por los medios y de hecho me siento un poco privilegiado poder conversar contigo, porque sé de periodistas que te han llamado, bueno, tú de pronto no dices nada o eres muy modesto en eso. Háblanos un poco de esos tejidos tuyos sociales con relación a los círculos literarios y demás.

Seguramente tiene que ver mi forma de ser, no soy una persona sociable, felizmente sociable y mi felicidad va incluso por el otro lado: estar sólo. Sin embargo, me alimento de las sociedades y de lo que pasa. También soy una persona, con unas prácticas como la lectura, la escritura, el trabajo que hago que demandan mi separación de alguna forma, de algunos estándares sociales, mi horario es completamente cruzado, a veces me piden participaciones académicas en horarios muy de la mañana, si lo hago pierdo la madrugada de la escritura. Eso me pone en crisis, a pensar, nada que ver con el asunto de no considerar el mundo de Pereira literario, me identifico…yo soy un limbo, a veces me ubico y digo: venga Andrés usted ¿dónde quedó en la historia de los narradores de por acá?, tenemos a Rigoberto, a Gustavo Colorado, a poetas importantes de una generación mayor a la mía. Soy la generación que le sigue, con unos contemporáneos que estimo mucho y que sigo bastante, y abajo está un nuevo movimiento pereirano que ha estado muy activo en los últimos años y quiere manifestarse. Siento que justo el periodo generacional en el que yo estoy, esa franja generacional mía no fue la que significó Rigoberto y Gustavo por encima ni los de ahorita que vienen por abajo que son más como, es decir esa generación del limbo también marca esa especie de sociabilidad entre escritores. Lo otro es que Pereira es muy cercana a unos lenguajes, se destaca en: dramaturgia, poesía, aquí hay unas prácticas de muchachos y señores que vienen haciendo poesía y lo mismo pasa en el teatro. A nivel de narración como la que yo practico, más enfocada desde una novela de hechos, de cosas que pasan en ella, más cercana a la tradición anglosajona que a la francesa y de pronto un tipo de historias que se aleja mucho del ser latinoamericano en primera estancia, yo a veces busco y no encuentro otros autores que manejen esa zona.

Eso podría explicar porque siento que no, como para compartir no, no, no lo haría; tengo algo muy claro: me estoy formando. Una cosa es escribir y otra es compartir y otra es tratar de promulgar lo que uno piensa o lo que uno dice. En ese orden de ideas a la hora de escoger prefiero que me lean a que me escuchen, eso también marca la relación social. Son un poco de ingredientes. Sumarle que a mí no me cuesta decir NO, a veces le digo a la persona “no lo voy a hacer” o “no puedo, tengo esto” a de pronto hacerlo simplemente por condescendencia o por algo. Prefiero que los momentos sean muy válidos y muy cálidos, prefiero un buen momento como en esta entrevista que estamos viviendo, a tener que hacerlos por obligación y no disfrutarlo. Lo que hay que hacer entre autores es leerse y eso es lo más bueno.

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