Mauricio Ramírez Gómez
El proyecto editorial pereirano Altodelnudo, que dirige el poeta Dufay Bustamante, publicó recientemente el libro “Some poems/algunos poemas”, traducciones de poemas del norteamericano William Carlos Williams (1883 – 1963), realizadas por Gustavo Acosta Vinasco. Al margen de la brevedad, que para muchos podría ser un defecto, la importancia de este libro radica en el llamado de atención que se nos hace a prestar atención al fenómeno de la traducción en Pereira.
Cada idioma expresa una manera de sentir y de pensar, de la sociedad que lo habla, pero este se nutre, como los seres humanos, de los intercambios. Todas las culturas se comunican con palabras traídas desde muy lejos por viajeros, poetas y bandidos. En ese sentido, la traducción es un testimonio del viaje de los escritores y poetas por otras lenguas. Sin duda en la traducción siempre se pierde algo de la cultura original, pero eso no atenta contra el objetivo primordial: poner en comercio a una sociedad con otra, a través de los ‘productos’ de su inteligencia. Traducir es, en cierto modo, una provocación.

Las traducciones de Gustavo Acosta nos recuerdan que esta es una actividad intelectual sobre la cual no hemos reparado suficientemente en Pereira. Además, deja claro que en esta época, ni en las anteriores, la ciudad ha estado tan aislada de los procesos culturales del país, como hemos querido hacernos creer nosotros mismos. No solo hemos tenido lectores en varias lenguas, sino que sus intereses, en materia de autores, son diversos.
Del médico Sixto Mejía, educado en Inglaterra, cómplice de aventuras literarias de Luis Tejada a finales de la década de 1910, se dice que tradujo a Rabindranath Tagore y no es descabellado pensar que a través suyo, Tejada leyó a Gilbert K. Chesterton. Lamentablemente, de sus archivos personales no se tiene noticia alguna ni de la publicación de esas traducciones, aun cuando poemas de Tagore sí se encuentran en periódicos de la época. Posteriormente, se puede presumir que autores como Alfonso Mejía Robledo y Benjamín Baena Hoyos, por su formación, pudieron haber incursionado en la traducción.
A mediados de la década de 1960, en la revista ‘Siglo Veinte’, publicada por José Chalarca en Manizales, aparecieron traducciones del entonces joven Eduardo López Jaramillo, de textos de Albert Camus, T.S. Elliot, entre otros. Y una década después, el mismo López Jaramillo publicó en los suplementos literarios ‘Lecturas Sabatinas’ y ‘A pleno sol’, del diario La Tarde, así como en la revista ‘Pereira Cultural’, traducciones de poetas y escritores poco conocidos en ese momento en Pereira, como Guillaume Apollinaire, Jacques Prevert, Ezra Pound, Sade y Stig Dagerman. De ese empeño quedaron dos libros que hacen parte de nuestro acervo literario, por su resonancia local y nacional: los ‘Poemas canónicos’, del poeta griego Constantin Cavafys y ‘Poemas de amor del antiguo Egipto’, de Ezra Pound. Inéditas, se mantienen las traducciones que Eduardo hizo de Rudolf Steiner, Henri Michaux y Virgilio.

Pero Eduardo López no ha sido nuestro único traductor. Liliana Herrera hizo una importante labor al traducir a Emil Cioran y varios de sus discípulos. En esa veta trabajan también Alfredo Abad y muy silenciosamente a poeta Olga Lucía Betancur. De igual forma, poca importancia se le ha dado a la labor de Fernando Hernández Vélez, a quien le debemos traducciones de los poemas y los ensayos de T.S. Elliot. Más recientemente, en 2019, el proyecto editorial pereirano Ataraxia publicó unas traducciones de Herman Melville, realizadas por el escritor pereirano César David Salazar. Y muy seguramente, la lista es más larga.
La aparición del libro de traducciones de Gustavo Acosta es motivo de celebración por partida doble. Primero, da cuenta de una actividad editorial que es del todo deseable que se mantenga y crezca en calidad y circulación. Segundo, amplía nuestros referentes literarios, pues a pesar de tratarse de un poeta de la primera mitad del siglo XX y una de las voces primordiales de la poesía norteamericana, William Carlos Williams es prácticamente desconocido entre nosotros.
Finalmente, en ese capítulo de la traducción en Pereira, es importante también reparar en el hecho de que numerosos escritores pereiranos han sido traducidos a otros idiomas. Luis Carlos González, Giovanny Gómez, Yorlady Ruiz, Mariana Ossa, Hugo Oquendo, por mencionar solo algunos, han sido traducidos a lenguas como el ruso, italiano, inglés y portugués. Pero sin duda, la lista debe ser más larga. Ojalá en el futuro, la investigación literaria ponga sus ojos en esta actividad.



