La constante variable de Colombia: La permisividad de la violencia

El pueblo está cansado de buscar políticas ajustadas a la realidad de las necesidades y justicia fuerte y retributiva e independiente. 

Laura Atehortúa

En Colombia, la violencia es permanente, se ha camuflado, se ha refinado, financiado y ha mutado gracias a la complicidad del Estado. 

Lo que comenzó como un conflicto armado en las periferias se ha trasladado a las ciudades camuflándose en las instituciones y en el discurso político. 

Hoy, el país libra dos guerras simultáneas contra la guerra rural y urbana pero sobre todo contra sí mismo y la institucionalización del delito. 

¿Qué tan permisivo ha sido el Estado colombiano para permitir que el conflicto se diversifique y continúe sin resolverse? Esta pregunta no solo desnuda la negligencia institucional, sino también la hipocresía de los partidos políticos, que han convertido la violencia en herramienta electoral. 

En Colombia nadie cede, nadie escucha, nadie recuerda, mientras tanto Colombia en todos sus niveles sigue pagando el precio de una guerra que no cesa, al contrario muta y evoluciona porque nunca ha sido enfrentada con honestidad o con un carácter real de la justicia, al contrario se les permitió legislar y llegar al poder. 

Cuando la justicia cede se vuelve real el principio de “lo que no se prohíbe se permite” y se vuelve persistente y constante, por esto mismo y por más aquello que la política promete como “el desarrollo qué necesita Colombia” se ha convertido en estancamiento. 

El desarrollo que busca transformar el paisaje ha convertido a Colombia en un paisaje cultural y turístico de la violencia, que ha culminado en la normalización del conflicto y la mediocridad de gobierno promovida por la decepción del pueblo que está cansado de buscar políticas ajustadas a la realidad de las necesidades y justicia fuerte y retributiva e independiente. 

El conflicto en Colombia se ha extendido y no por falta de soluciones, ha sido por exceso de conveniencia, ha sido capitalizada, los grupos armados han encontrado en esta permisividad una fuente de poder, de Legalidad y control sobre las riquezas y recursos de este país.

Cada intento de “paz” ha sido saboteado por quienes lucran la guerra o por quienes la utilizan como herramienta electoral o posicionamiento político o herramienta de gobernabilidad, lo cual es la excusa perfecta para quienes desean llegar al “poder” qué saben la conveniencia de no poner un alto a la guerra convirtiéndose en una variable constante.

Estudiante de Derecho – Universidad Libre

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN INFORMATIVO

Para estar bien informado, recibe en tu correo noticias e información relevante.

 
- Publicidad -

LO ÚLTIMO

- publicidad -