Una novela política imperdible, maravillosa, llena de giros insospechados y tristezas profundas.
Jahir Camilo Cedial Rincón/Ilustraciones Mariana Parra
El viejo Major, un cerdo ya anciano y cansado, ex ganador de concursos de belleza, tuvo un sueño, uno de libertad, justicia y rebelión en contra del hombre de la granja, el señor Jones. Contra el poder, la desigualdad y la zozobra, los animales de la granja se alzarán en contra de su amo en una búsqueda animalista por la justicia. La revolución de los animales, el afán desmedido por el poder y la afrenta constante por el castigo, son algunos de los conceptos clave en la “Rebelión de la granja”, novela política y social publicada por primera vez en 1945 por el escritor George Orwell y publicada por Panamericana Editorial en una edición muy especial.
La casa tenuemente iluminada, un cerdo que toma cerveza y juega a las cartas sentado en la mesa con sus ojos viendo al frente, son los elementos que conforman la portada que recibe al lector al acercarse a esta edición de la novela. Un cuadro que ya revela muchas incidencias narrativas de la obra, así como su tono: no se trata tanto de una fábula, sino de una metáfora constante acerca del poder, su alcance, su uso, su rebelión. Escrita en un lenguaje muy sencillo, la obra de Orwell permite que múltiples lectores se acerquen con formas de interpretación variopintas, de modo que la novela podrá ser leída por todo público en cualquier tiempo de la humanidad. “Rebelión en la granja” es una obra atemporal, no pierde su vigencia con la erosión del tiempo que tiende a invisibilizar u olvidar aquello que ya pasó.
De forma directa
En un contexto de censura y múltiples sensibilidades políticas, George Orwell escribe para 1945 una de las obras que critica de forma directa, como también metafórica, la revolución rusa como resultado de la transición zarista – socialista. Cuando el autor escribe de forma crítica sobre la historia de su momento, también lo hace para todos los contextos ya que el poder sobrevive al hombre y lo traspasa de formas inefables; la novela refleja una cierta naturaleza humana que, hemos visto en la historia, se repite. Acompañada de ilustraciones que recuerdan el silencio del Edward Hopper, la lectura de esta edición es parecida a ser espectador de una película que avanza rápidamente con un cierto tono de melancolía que solo se acrecienta con cada una de las páginas, como si el silencio nos hiciera partícipes del triste derrumbe de una idea. Un tono inmersivo que no permite al lector echar la vista hacia otra parte.
El viejo Major sembró el discurso de emancipación, la chispa inicial, la sombra de una duda que iría a permear a todos los animales de la granja para siempre. El cerdo hizo caer en cuenta sobre el valor de la fuerza del trabajo, cuya ganancia se la quedaría solo su amo de una manera injusta. Puesto que el hombre era el enemigo y el mayor culpable, todos sus comportamientos serán aborrecibles: dormir en camas, usar ropa, andar en dos patas, etc., consignas que los animales se repetían día a día hasta que llegó el momento que lo cambiaría todo. El señor Jones se había arruinado y se dio a la bebida, sus animales aprovecharon la oportunidad para sacarlo de la granja con todas sus cosas, momento en el cual se instauraría lo que el viejo Major siempre quiso: una sociedad basada en la fuerza de trabajo conjunto, donde todo se repartiría con igualdad.
Dos cerdos, Napoleón y Bola de Nieve, son los que tomarían el mandato al escribir, con una pésima ortografía por cierto, en una reja los siete mandamientos inalterables de la revolución que, de ser cambiados, solo significaría el regreso del malvado amo. Cada animal aportó el máximo de sus esfuerzos individuales para conseguir un objetivo de igualdad social, lo que se estaba logrando poco a poco. En la realización de esta idea, fueron los dos cerdos mencionados quienes tomaron el mando porque parecían tener mayor conocimiento sobre la revolución, se erigían a sí mismos como verdaderos líderes sociales, únicos interpretantes de las palabras del viejo Major. Un día, las vacas fueron ordeñadas al inicio de la jornada, Napoleón y Bola de Nieve mandaron a recoger el heno, tarea que le tomó casi todo el día a los animales, “al regresar, al final de la tarde, observaron que la leche había desaparecido” (énfasis añadido, Orwell, 1945, p. 36). ¡La leche! el fruto del trabajo de unos pocos, el objeto de una ganancia de la revolución había desaparecido en extrañas condiciones.
Corrompe
En mi lectura, esta escena revela una gran sugerencia, un punto que deja claras las intenciones de la novela: el significado real del poder que corrompe, utiliza y subyuga a su antojo. Lo que en un inicio era la idea soñada de Major: bellas consignas que reflejaban unión, justicia e igualdad, se convirtieron paulatinamente en fundamentos de la corrupción, en desviaciones a la norma para legitimar el poder, e iluminar sobre el hecho de que no toda idea de justicia es justa porque su desarrollo puede ser alterado por intenciones particulares. La represión de los perros, el discurso vacío en las ovejas, el incansable trabajo del caballo, la rápida transformación de los cerdos son, en definitiva, la pérdida de la calidad de la idea inicial. De este modo, la novela de George Orwell muestra que los infortunios sociales, la puesta de enemigos comunes, el miedo al pasado, el cambio en el discurso revolucionario y la pérdida del interés de emancipación son incidencias narrativas en los cerdos Napoleón y Bola de Nieve.
En la obra iniciamos en un punto donde claramente los animales se diferenciaban de su amo por su postura, su lugar de trabajo y sus expresiones, a uno donde “las criaturas miraban a los cerdos, luego a los humanos y nuevamente a los cerdos, pero era imposible distinguir unos de otros” (Orwell, 1945, p. 151).
Una novela política imperdible, maravillosa, llena de giros insospechados y tristezas profundas, de preocupación por las ideas revolucionarias, de sorpresa por cómo poco a poco esos mandamientos inalterables si que fueron alterados por el interés de unos pocos aunados al poder. Una obra atemporal que lleva implícita una idea de crítica histórica y social muy marcada y que, al referirse a animales en una granja apartada al estilo de una fábula, puede significar el transcurso de la historia en cuanto al poder y sus derivaciones que sobreviven a todos los hombres.



