Panamericana Editorial nos ofrece una edición de lujo para disfrutar de esta joya clásica de la literatura china.
Jefferson Echeverría
La guerra es un oficio tan cercano a nuestra realidad que, sin necesidad de atribuir a más conceptos arbitrarios, apenas escuchamos dicha palabra y nuestra mente de inmediato forma múltiples y variadas imágenes asociadas a conflictos entre potencias o individuos. Tanta ha sido su trascendencia que, desde tiempos inmemoriales, el ser humano, en su afán por justificar una especie de dominio sobre los demás, ha desarrollado un sinfín de estrategias bélicas que suele ir más allá de un simple acto de subsistencia. Más que un interés sensato por proteger su territorio, se destaca una obsesión revestida de poder y triunfo, muchas veces relegando la moral e ignorando toda condición humana. Siempre y cuando la consigna de victoria prevalezca tanto en quien lidera los intereses comunes como en las mentes entusiastas de la tropa, todo lo demás carece de significado.
En la guerra, la planeación de un ataque dirigido al enemigo, la actitud defensiva al momento de esperar una posible respuesta por parte del oponente, el tipo de armamento a utilizar durante una confrontación, entre otros rasgos, se considera una vasta y compleja estructura que parece reducirse únicamente a dos fines indiscutibles: el triunfo o la derrota. Nunca habrá lugar para términos medios. Si se logra la victoria, es por causa de una valiosa inteligencia militar; en cambio, cuando se afronta la derrota, es importante replantear el verdadero eje del fracaso. Entonces, situándonos en ese orden común, nos queda cuestionarnos lo siguiente: ¿Es acaso la guerra una simple lucha de fuerzas? ¿Cuáles son las verdaderas intenciones de someter a un oponente mediante el desarrollo de un conflicto? ¿Qué intereses se forjan a partir de una influencia superior que pretende liderar una estrategia en virtud de un bienestar común?
Todas estas incógnitas no dejan de ser meras impresiones generales que pretenden darle una validez a la guerra como fin racional. Sin embargo, dentro de todos los mecanismos que se han adaptado con el paso del tiempo a diversos antecedentes históricos, existe una obra clásica que, por el hecho de haberse escrito en el siglo IV a. C., no quiere decir que pierda vigencia en nuestros tiempos al momento de concebir la guerra como un valor marcial.
El arte de la guerra, cuyo autor, Sun Tzu, es el manual por excelencia que un auténtico guerrero debe adoptar si quiere triunfar en asuntos bélicos. En sus páginas, nos menciona, en esencia, que un guerrero por naturaleza, más allá de querer vencer por un motivo absurdo, debe, ante todo, mostrar un carácter sobrio, una inteligencia sutil, una suspicacia racional y, ante todo, una facultad humana que difiere de los militares ordinarios.
Estrategias
Compuesta de una brevedad sutil y una practicidad elocuente, El arte de la guerra se precia de enseñarles a todos los combatientes del mundo las diversas estrategias para lograr un éxito rotundo durante sus diversas facetas de conflicto. Es claro que, en principio, parece una idea descabellada el hecho de tomar como ejemplo un texto escrito hace muchos siglos; sin embargo, cuando nos damos a la tarea de profundizar, gracias a la sencillez con la que Sun Tzu trata de mencionar todos los pormenores esenciales basados en una verdadera estrategia, es inevitable reconocer la vigencia en sus páginas. Cada técnica pensada hasta en los más mínimos detalles nos permite comprender la genialidad del autor, no solamente afín a su época, sino también en una verdadera vivacidad que puede ser consecuente con diferentes épocas.
Ante tales consecuencias, muchos consideran esta obra como un aporte significativo para las civilizaciones en conjunto, principalmente cuando se apropia la verdadera virtud de sometimiento al vencido y la moderación en el triunfo sin entregarse al mal vicio de la tiranía.
Dicha sobriedad configura un completo equilibrio de decisiones que no siempre se involucra en los terrenos del conflicto; hay ámbitos adicionales que, muchas veces, por la obsesión de destruir al oponente, no se suelen contemplar con el mismo rigor con el que constantemente se acapara al momento de ejecutar una invasión, y es en esta parte donde muchas naciones tienden a fracasar pese a la obtención del triunfo.
Aprovechar
Estos aspectos comprenden también la perspectiva del espacio con el fin de aprovecharlo de la mejor manera, la mesura en la distribución de los bienes saqueados y la justicia debidamente dirigida en la tropa sin perder el orden ni la disciplina, pues representan una base primordial de progreso integral que inciden tanto en la inteligencia militar como en la misma visión de sociedad expresada a nivel colectivo. Es quizás por estas razones que Sun Tzu denomina la guerra como un arte sutil y natural. Pero ante dicho fenómeno tan común, no solamente esta obra de arte clásica pretende adaptarse a una perspectiva bélica, su trascendencia ha sido también adaptada a otros círculos de la sociedad como argumento de subsistencia y éxito.
Desde ámbitos empresariales, cuyas estrategias generalmente han sido promovidas en esa guerra no armada llamada competencia hasta conflictos internos, tan propios del ser humano, en cuyos dilemas se conjugan mayormente con las luchas cotidianas, muchas veces enfrentadas con osadía, asimiladas con perseverancia y vencidas con autocontrol para así sobreponernos a nuestros permanentes enfrentamientos contra la vida misma.



