La lectura y yo

Gabriel Ángel Ardila

Hay cielo, estrellas componentes del Olimpo en mis lecturas; pero también un sitio para ciertos títulos y autores que apenas merecen estar en el purgatorio. No había contemplado “Limbo”, pero podría haber algo también para eso.

Porque en esto de lecturas, habrá quienes aticen primero infiernos, condenándolo todo y en sus fronteras difícilmente alcanzarían a superar el “cerro tutelar” de su pueblo, que es la cúspide de sus propias (cortas) visiones.
De cualquier modo, hacer una lista de lecturas, es siempre una confesión pública de la ignorancia y del poco tiempo que habremos dedicado a esa pasión. ¿Qué interés puede tener mi lista de los cien primeros que haya leído, si hay tantos más a tu alcance? Intentémoslo en solo tres partes, y aquí va una:

No dudo de ninguna manera en confesar que abrí mi cielo con “El Principito” y podría seguir siendo el libro que más he disfrutado en todos los tiempos, de Antoine Saint-Exupéry aprendiendo a ver las cosas “con los ojos del corazón”. Curso que nunca terminaré.

Innegable, en nuestra cultura judeo-cristiana, el reino del Libro Mayor y los alucinantes alcances de Juan Apocalíptico o del leal evangelista; los otros 3, más algunos libros que retro alimentan con violencias más que con lecciones éticas, como fuera de esperarse. Y después preguntan por qué somos tan violentos.
Particularmente de este aspecto del olimpo, sigan la lista de mis diez primeros:
Antiguo Testamento, Apocalipsis, Juan, Marcos, Mateo y Lucas, los evangelistas y complementos de cierto andar con las luces de un apóstol en la tierra como faro con libros como Camino y una décima de salmos para no prolongar ese periplo. Tan cerca de los flechazos a la luna vino, como ya lo anoté, El Principito que recorrió muchas de mis nubes y desveló, para mis abismos, tantas sorpresas de lo que es posible hacer desde un texto.

¿Me creerían si confieso que por eso escribo? Pero primero supe que debía leer, para tener cómo y por qué hacerlo. Y así les contaré cómo sigue esta historia particular de mis lecturas en apenas tres partes, que quizá a alguien pueda interesar.

II
Tengo una galería no muy grande, pero tan amplia como puedo en mis cortos alcances, para poner desde el extremo derecho hasta que en mi mueblería quepa, los títulos de Gabito: el “Gabo Periodista”, Cien Años de Soledad, El Coronel no tiene quien le escriba; “Cuando era feliz e indocumentado”, los Funerales de la Mama Grande, El Otoño del Patriarca, Los Cuentos Peregrinos y, con algún debate quizá, Memorias de sus putas tristes…
Cervantes, Víctor Hugo, Borges, Dickens, Shakespeare, Rulfo, Faulkner, Joyce, Sábato, Vargas Llosa, Hemingway, Amado, Salom Becerra y todas esas lecturas de mentiritas del bachillerato con Homero, Jenofonte, Séneca, Montaigne, Calderón de la Barca, Rousseau y Garcilaso, Tolstoi, Rivera, Gallegos, Goethe, Shakespeare, Aristóteles y Platón, Fernando de Rojas, Galeano y Enrique Caballero que hojeamos sobre papel periódico de los rústicos “BolsilibrosBedout” para el informe de lectura. Buena parte de esos fueron regalos de mi primer mentor en lecturas Uriel Ospina Londoño, autor de “Medellín tiene historia de muchacha bonita”, de quien heredé también otros títulos.

Y he puesto ahí cerca algunos autores y libros afines en la experiencia periodística entre quienes cuentan con espacio Germán Castro Caicedo, Juan Gossaín, Oriana Fallaci, Héctor Mario Rodríguez, Juan Manuel López, Daniel Samper Pizano, Carlos Lleras en pluma del Bachiller Cleofás Pérez, Lucas Caballero “Klim”, y hasta cierto compilado de Jorge Emilio Sierra con “Protagonistas de la Economía Colombiana”; están ejercicios de mi amigo y mecenas Jaime Uribe Botero sobre periodismo o “La Agonía del Cuarto Poder”, Eugenio Gómez y Alfredo Ortega (nunca le leí nada a Arismendi, (Octavio) de quien aprendí de lo que le oía y de lo mucho que veía en sus vehemencias) Roberto Cadavid Misas (Argos) en especial su particular Cursillo de Mitología paisa, páginas heredadas de manos de la Cacica Vallenata Consuelo Araújo; Hernando Téllez historiador de la publicidad; y ciertos incendios voraces de universitario con McLuhan, la Fallaci, los profesores Martínez Albertos y Martín Vivaldi, Cavaricco, Javier D. Restrepo y poetas como Silva, Barba Jacob, Rilke, VJ Romero y David Mejía Velilla comentado por Jorge Rojas.

Y qué tal de los libros re leídos: aparte del ya comentado Principito, disfruté Erase una vez el libro de Carlos Bastidas y volvía sobre las pistas de una niña muy parecida a varias que conozco, de la mano de Víctor Hugo en los Miserables, o padecía peladuras como en carne propia de las cabalgaduras de Sancho cuando lo sabaneaban en una fonda y el Hidalgo, con Cervantes en edición de lujo hecha por las Academias.
¿Cuentan mis primeros cincuenta? Van dos y viene la última.

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